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José Gimeno Sacristán

Currículo y Democracia

Fragmentos de la conferencia dictada por el académico de la Universidad de Valencia, España, en la Casa Central de la Universidad de Chile, con motivo de la Primera Jornada de Curriculum y Comunidad Educativa, efectuada en 1994. Trasliteración: M. Angélica San Martín Espinoza.

El tema que me propusieron para desarrollar esta tarde, 'Currículo y Democracia', es un tema comprometido y conflictivo, porque se trata nada menos y nada más que de relacionar el mundo escolar con el mundo externo, en cuanto a su caracterización sociopolítica; hecho que implica rescatar un planteamiento sobre el papel que cumple la educación en un determinado contexto social, en una circunstancia histórica.

El currículo es algo muy complicado cuando se ven escritas 'cosas' sobre el mismo, pero es una 'cosa' bastante sencilla de entender por parte de los profesionales de la Educación; sobre todo, si uno circunscribe la palabra, simplemente, a la cultura que se proporciona en nuestras escuelas, en nuestros centros escolares.

Currículo y democracia son conceptos que merecen ser planteados en el ámbito educativo, y también, en el ámbito político. La escuela sigue teniendo una efectividad social cuando se plantea el propósito de preparar a ciudadanos conscientes, críticos, participativos, creativos, comprometidos y solidarios. Evidentemente, los objetivos y los contenidos de la escolaridad tienen que aceptar esos retos, pero al mismo tiempo no hay que eludir la discusión acerca de las prácticas educativas, porque los contenidos, e incluso, los objetivos, son relativamente obvios, evidentes, visibles, como diría Bernstein. Sin embargo, las formas de interacción son a veces bastantes invisibles, sutiles y, en muchas ocasiones, contradictorias con los propios contenidos, y los objetivos que se tratan de divulgar y desarrollar a través de los currículos escolares.

La escuela contribuirá a la democracia cuando sus contenidos y objetivos se ajusten a los valores de la democracia, pero sobre todo, cuando las prácticas pedagógicas se acomoden con las exigencias mínimas de una democracia.

Hablar de democracia, por otra parte, es hablar de una utopía; es hablar de un camino sin fin; es hablar de un proceso; es hablar de un progreso paulatino. Nunca una sociedad es suficientemente democrática, porque la democracia es un camino de búsqueda de la libertad, es una identificación de la cultura, la tolerancia y la cooperación.

Desde ese punto de vista, no se puede decir que haya un currículo para la democracia, sino que, hay formas de desarrollar el currículo para lograr que avance algo la democracia en circunstancias determinadas, sean éstas: sociales, políticas o culturales.

Cuando me refiero a las formas curriculares, es hablar cómo se diseñan los currículos en los sistemas educativos: es analizar cómo se desarrollan en las prácticas a través de los distintos agentes que cooperan para este efecto: agentes que son más o menos singulares, idiosincráticos para cada contexto político educativo de cada país; aun con la universalización de las políticas escolares, consecuencias de otra perspectiva de integración económica, cultural y científica que está ocurriendo en el mundo. No cabe duda que son bastante semejantes las políticas de esta naturaleza entre los países, o tienden, por lo menos, a ser bastante semejantes.

Una democracia tiene exigencias a la hora de captar, divulgar y discutir la información que se tiene sobre lo que ocurre en el sistema educativo, y en concreto, en el subsistema curricular inmerso en el sistema educativo. Es decir, como esquema formal de análisis cabe hablar de currículo y democracia en el diseño; cabe hablar de currículo en el desarrollo, y en el cómo se realiza en cada contexto; y cabe hablar de democracia en los procesos de evaluación.

Hablar de diseño del currículo, es hablar de moldeamiento previo a la acción pedagógica de la realidad educativa, y como decía, el ya clásico autor tan querido, al menos por mí, tan clarificador de muchas cosas, Philip Jackson, el diseño es la preconcepción de la práctica, el diseño es un embrión de la práctica, el diseño es también una obligación derivada para los que están en la práctica.

El diseño curricular está en manos de personajes, agencias, fuerzas, ideas políticas, ideologías que están fuera del control de los propios profesores. Es muy sospechoso el lenguaje que viene halagando los oídos de los profesionales de la educación, hablándoles de las virtudes que ellos están llamados a aportar al proceso educativo, precisamente, cuando se están observando procesos de control más lejanos a la práctica escolar y que, desde luego, escapan a las manos de los profesores.

Se dice, desde la teoría pedagógica crítica, desde la sociología profesional, que hay un creciente fenómeno de desprofesionalización docente, avalado por muchas razones: la composición sociológica e intelectual del profesorado, su composición de género y también por el análisis de la formación profesional y las condiciones laborales. Son estudios que están muy bien asentados en los países desarrollados, en los en vía de desarrollo y en cualquier contexto.

Es una realidad objetiva que los profesores están en proceso creciente de desprofesionalización. A mí no me gusta la palabra desprofesionalización , porque da la idea que están perdiendo algo que tenían (y yo creo que no se pierde algo que no se tiene); lo que sí pierden es la vigencia del lenguaje que dice que lo van a tener, y entonces estamos en un lenguaje que confunde, un lenguaje que oculta la realidad de los hechos.

En las prácticas de los centros escolares, está ocurriendo un fenómeno que consiste en términos generales, en que al profesorado se le escapa de las manos la posibilidad de intervenir sobre la práctica misma, porque otras fuerzas, otros agentes, otras tendencias están tomando los poderes de decisión de moldear el currículo. ¿Entonces, esto, es una democracia? ¿Dónde está el poder de decidir los objetivos, los contenidos y las formas de escolarización?.

Me quedo con la idea, de plantear la pertinencia del tema democracia y diseño curricular. El derecho a la igualdad en Educación, y en el diseño del currículo, lleva a proponer lo que yo sugiero como la propuesta de un currículo único para todos los ciudadanos y ciudadanas; un currículo único no se tiene por qué entender como monopolizador, impositor de algo; sino todo lo contrario: una apertura a todos, pero esa apertura igual para todos. Es decir, un currículo único que contemple la diversidad, para favorecer la diversificación, no partiendo de la desigualdad.

No olvidar el fuerte efecto, contraproducente, que ejercen los medios pedagógicos, a través de los cuales llega la cultura a las aulas, (por ejemplo libros de textos más usados). Me estoy refiriendo, y ya lo mencionaba en un principio, a las prácticas de evaluación que están centrando los objetivos posibles en virtud de una calidad de la enseñanza, con una serie de indicadores bastantes monolíticos, como obligación para que las propias prácticas de evaluación puedan realizarse.

Por tanto, el reto de un currículo democrático, tiene como deber inexorable el plantearse, en la medida que es capaz de reflejar el mundo interior de las aulas, la variedad cultural. Al hablar de variedad, no estoy hablando de elementos equivalentes, sino de elementos que son muy desiguales en la cultura. Entonces, cabe plantearse ¿en qué medida la escuela accede a la diversidad cultural?, porque eso sí es una obligación de la democracia.

Finalmente, el problema de democracia y currículo ha de plantearse, sí, también digo finalmente, en la ideología dominante. Más aún, debiera señalarse como primer elemento que se planteara en ese sentido.

La escuela para la democracia, el currículo para la democracia y el diseño curricular para la democracia han de plantearse como el garantizar una sociedad democrática, pluralista, porque el pluralismo es una condición inherente a la democracia. El reconocimiento, el respeto es inherente a la democracia. Ese es un camino para seguir profundizando. ¿Cómo se puede garantizar la acogida de las expresiones de las diferencias?. Es decir, favorecer un currículo integrador, aunque parezca que es algo incompatible. De la contradicción puede salir alguna chispa que ilumine el cómo proceder, porque las paradojas suelen ser algo excitante al pensamiento, provocando conflictos cognitivos. En último término, la gran interrogante se sintetiza en cómo favorecer la igualdad, en la democracia, cómo desarrollar mecanismos de compensación en la democracia, para que todos sean más iguales. La respuesta desde mi posición, se da a partir de un currículo común, que sea a su vez tan diversificado internamente que dé cabida a la expresión de las diferencias, no desigualadoras socialmente.

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