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EL SÍNDROME DE DOWN

 INTRODUCCION

 Mi objetivo al realizar el presente trabajo consiste en examinar la posibilidad de un enfoque interdisciplinario en el abordaje de personas afectadas con el síndrome de Down (mongolismo), a quienes por mucho tiempo se los relegó de cualquier intento por mejorar su calidad de vida aduciendo causas genéticas, y por lo tanto supuestamente inmodificables.

 Un enfoque interdisciplinario abriría entonces nuestro campo de posibilidades, porque la enfermedad podría ser abordada integralmente, y no sólo en sus aspectos hereditarios. Para ello, parto del supuesto de que el cerebro humano, más allá de sus posibles limitaciones genéticas, posee un potencial de plasticidad que puede ser explotado adecuadamente si se contemplan interdisciplinariamente otros factores y dimensiones del problema: psicológicos, sociales, culturales, etc.

 DESARROLLO DEL TRABAJO: ENFOQUE INTERDISCIPLINARIO DEL SINDROME DE DOWN

 Clásicamente, en psiquiatría se contemplan dos tipos diferentes de patologías donde aparece un déficit intelectual: las demencias y las oligofrenias, siendo éstas últimas las que incluyen el síndrome de Down.

 Mientras la demencia es un debilitamiento adquirido, progresivo y espontáneamente irreversible de todas las funciones intelectuales (atención, memoria, razonamiento, etc), la oligofrenia implica en cambio una detención del desarrolllo intelectual antes de que este se haya completado.. De aquí que sus causas deban situarse antes, durante o inmediatamente después del nacimiento (en los primeros meses de vida). Podemos darnos cuenta entonces de la diferencia: el demente fue inteligente y perdió esa capacidad, mientras el oligofrénico nunca fue inteligente, trayendo su déficit desde las tempranas épocas de su vida.

 Las causas del síndrome de Down son específicamente pre-natales, y más concretamente cromosómicas, pudiendo ser una consecuencia de la trisomía del par 21, o una traslocación de los pares 13 y 15. El primer caso se da cuando un óvulo con dos cromosomas 21 (anormal, pues debe tener sólo uno), se fecunda con un espermatozoide con un cromosoma 21 (normal), originándose un ser con tres cromosomas 21 (trisomía). El trastorno ocurre generalmente durante la meiosis, pero puede ocurrir que el huevo cigota resultante sea normal, y solamente cuando después se divide por mitosis aparezca la trisomía. En este último caso el síndrome es menos grave, hablándose de un mongolismo incompleto o en mosaico.

 El segundo caso ocurre por traslocación, es decir, cuando el intercambio de material genético, en vez de darse entre cromosomas homólogos (el 13 con el 13) se da entre no homólogos (el 13 con el 15), y suele ocurrir durante la meiosis del óvulo o del espermatozoide, de manera que aquí el problema puede provenir indistintamente del padre o de la madre del niño mongólico.

 El nombre de esta patología se debe a la peculiar característica facial, que lo asemeja a un hombre de raza mongólica, aunque también presenta otras características morfológicas en el resto del cuerpo. Tiene ojos rasgados, un repliegue de los párpados superiores, nariz en silla de montar, lengua grande, orejas deficientes, paladar ojival y cuello corto. Tiene también dedos cortos, piel laxa e hipotonía muscular.

 Según Ey, se trata de uno de los síndromes de retraso mental más frecuentes (alrededor de un caso cada 1000 nacimientos), y fue descrito originalmente por Langdon Down en 1866, dándole el nombre de 'idiocia mongólica'. Este nombre en realidad se presta a confusión, ya que muy pocos mongólicos son idiotas, siendo la mayoría mas bien imbéciles o aún débiles mentales ligeros y medianos (superficiales). Recordemos que, utilizando un criterio psicométrico,  estos cuadros se suelen tipificar así:

 Débil mental superficial: CI entre 65 y 80

Imbecilidad: CI entre 20 y 50

Idiocia: CI por debajo de 20.

 El DSM-III-R establece otra clasificación de los retrasos mentales, que aproximadamente es la siguiente, en orden de gravedad creciente: leve (50-70), moderado (35-50), grave (20-40) y profundo (menos de 20). Según dicha clasificación, el 60% de los casos de síndrome de Down constituyen retrasados mentales leves, moderados o graves, habiendo una proporción menor de retrasados mentales profundos.

 La talla del mongólico es pequeña. En cuanto a su identificación en los primeros meses de vida, la misma madre advierte, por comparación si ha tenido otros hijos normales, que su hijito no es como los demás. Es un poco apático, manifiesta poco su alegría, su hambre o su cólera. Su sonrisa se parece mas bien a una mueca, y no hace ningún esfuerzo por agarrar algún objeto que pueda llamarle la atención. Andando el tiempo, aparece un retraso para sentarse, caminar o hablar. El retraso en esta última función muchas veces esconde el retraso mental.

 Suele decirse que los mongólicos son dóciles y afectuosos, pero ello no es tan así. Numerosos casos manifiestan trastornos del comportamiento como inestabilidad, agresividad, oposición, negativismo, etc., lo cual es una dificultad suplementaria para su educación. Su pronóstico de vida es malo: la mortalidad es seis veces más elevada que en otros retrasados, sobretodo por la presencia de malformaciones cardíacas, también típicas en este síndrome.

 ¿Cómo encarar el problema del síndrome de Down como un problema interdisciplinario? Considero que la respuesta es la siguiente: un paciente mongólico debe ser abordado, tanto para comprender su patología como para efectuar algún tipo de prevención, tratamiento o rehabilitación, por un equipo de profesionales de diferentes disciplinas: un médico genetista, un psicopedagogo, un psicólogo clínico, un psicólogo institucional, un sociólogo y un asistente social. Antes de detallar más esta respuesta, quisiera destacar que la expresión 'rehabilitación' es inadecuada, porque un discapacitado como el mongólico, que arrastra su problema ya desde el nacimiento, nunca estuvo 'habilitado': nació enfermo. Abría entonces que decir 'habilitación'.

 El médico genetista no sólo se encarga de realizar el diagnóstico en base al análisis del mapa cromosómico del paciente y de sus características externas visibles (lo que se llama genotipo y fenotipo, respectivamente), sino que también, de la llamada prevención primaria del síndrome de Down, vale decir, evitar la aparición de casos de mongolismo. Pienso que esta prevención primaria podría realizarse en dos niveles: a) modificando el gen o grupo de genes de los cromosomas causantes del síndrome, opción que aún hoy está lejos de aplicarse porque la ingeniería genética no está lo suficientemente avanzada; b) realizando una campaña que desaconseje el embarazo en mujeres de mayor edad, ya que estadísticamente está comprobado que la probabilidad de tener un hijo con este síndrome aumenta proporcionalmente con la edad de la madre.

 Otros especialistas médicos tendrán a su cargo la posibilidad de operar malformaciones cardíacas en niños con Down, alargando sus expectativas de vida y permitiendo mayor posibilidad de desarrollo de sus capacidades.

 Un psicólogo clínico puede operar explorando las posibilidades de desarrollo mental del Down, especialmente en aquellos a quienes el mismo psicólogo, tras tomarle una prueba de inteligencia, comprobó un CI superior a 20 o 30. Las posibilidades de desarrollo mental se refieren por ejemplo a sus capacidades potenciales para leer y escribir, comunicarse, adquirir hábitos de higiene, pintar, desarrollar actividades imaginativas, realizar tareas sencillas, tener motivaciones por aprender y por tanto ampliar el espectro de sus actividades posibles, curiosidad, desarrollar su afectividad, etc. Es típico del mongólico su inmadurez afectiva, reflejada por ejemplo en una exagerada dependencia parental, y por tanto podría explorarse su posibilidad de mayor independencia con respecto a ellos, y su posibilidad de solucionar sus conflictos intrapsíquicos.

 En el síndrome de Down encontramos dificultades de aprendizaje, y desde este punto de vista aparece la tarea del psicopedagogo estimulando sus posibilidades. Un Down con CI entre 50 y 70 pertenece, según el DSM-III-R, a la categoría de 'educable', y por tanto puede desarrollar habilidades sociales y de comunicación durante el periodo prescolar, y tienen un deterioro mínimo de las áreas sensorio-motrices. Un Down con el CI entre 30 y 50, en cambio, pertenece según el mismo manual diagnóstico, a la categoría 'entrenable': pueden aprender habilidades sociales y laborales, aunque no puedan progresar más allá de segundo grado. Pueden aprender a viajar solos por lugares familiares, mantener conversaciones y aprender habilidades de comunicación en el periodo prescolar. Necesitan, no obstante, una supervisión permanente, aunque moderada.

 Los aportes de los psicólogos institucionales (inserción del mongólico en una institución: familia, escuela, colectividad), y de los sociólogos y asistentes sociales, resultan fundamentales para la habilitación del mongólico en el seno social, que tradicionalmente los rechaza, directa o solapadamente. Uno de los objetivos de la educación, indican las Lic. Capacce y Lego, es favorecer el desarrollo de una sana estructura de la personalidad, lo cual no puede llevarse a cabo plenamente en el marco de una sucesión de experiencias de marginación, ya que la autoconfiguración de su personalidad y su existencia se desarrollan y realizan en estrecha interacción con el entorno continente donde adquirirá experiencias familiares, educativas, sociales, laborales y culturales. La integración del retrasado mental favorece el proceso de socialización, permite la adquisición de conductas espontáneas y activas mediante la actuación de roles, y sobretodo estimula la elaboración de una autoimagen positiva llevando así a una mejor estructuración yoica. Ello desemboca a su vez en mejores posibilidades de adaptación.

Refiere la Lic. Greco que la integración de niños con discapacidad mental leve y moderada en escuelas comunes ha comenzado a implementarse con mayor frecuencia y naturalidad. Escuelas públicas y privadas aceptan este desafío que implica una nueva forma de intercambio y convivencia, que beneficia tanto a los niños retrasados como a los normales. Esta situación ha sido posible, en parte porque se ha disipado en general en tabú del 'retrasado mental' como depositario de fantasías siniestras o extrañas a lo humano, como un ser que debe ser ocultado y segregado.

 El hecho de que el niño con síndrome de Down cuente con un espacio abierto en la escuela común no implica que no necesite otros espacios de tipo terapéutico que le permitan elaborar a él mísmo sus dificultades. Por ello se hace necesario a veces también un tratamiento psicológico para él y sus padres, y un tratamiento psicopedagógico. En estos casos se hace patente la colaboración interdisciplinaria, donde varios profesionales de distinta competencia colaboran en un proyecto y una tarea en común.

 Un ejemplo de este último espacio es el Instituto de Nivelación Pedagógica, donde se educan niños con diversos tipos de discapacidad, agrupándoselos de acuerdo a su gravedad. Con los niños trabajan interdisciplinariamente psicólogos, psicopedagogos, musicoterapeutas, médicos, maestros, etc. Se trata de un instituto de Educación Especial al cual asistí durante la Pasantía. La única objeción que se me ocurre es que tal vez muchos de esos niños podrían concurrir a escuelas comunes, haciendo un tratamiento especial paralelo, lo cual facilitaría mucho su inserción en el medio social.

 Uno de los casos presentados durante la Pasantía es Juanchi, un joven de 22 años que padece el síndrome de Down. Había ingresado a la Institución a los 4 años, y, si bien nunca fue a una escuela común, está hoy aceptablemente integrado a su medio, en parte también debido a que su retraso no es tan importante. Juanchi recibió ofrecimientos de trabajo, como por ejemplo en Mc Donald's, pero no lo aceptó. Si no trabaja es porque su situación económica familiar se lo permite.

 Juanchi mantiene aún contacto con la institución, y actualmente hay un proyecto de un médico de la misma de escribir un libro donde está planeada la inclusión de un capítulo escrito por Juanchi, además de otros escritos por padres y otros profesionales. Otro proyecto incluye la posibilidad de que Juanchi de clases de computación a otros niños de la institución. Muchos otros chicos están trabajando en una fábrica de pastas. Esto es muy importante, porque los niños y adolescentes con Down pueden trabajar con otras personas normales, lo que considero una auténtica integración. De otro modo, sólo lograríamos una integración precaria, que sería integración a la escuela especial. De allí que pienso en la posibilidad de que los discapacitados mentales puedan trabajar 'con' niños normales en huertas, actividades prácticas, deportes, etc.

 Refiere al respecto López Melero, que los objetivos tradicionales de la Educación Especial iban destinados a una preparación con vistas a un comportamiento social controlado, con lo cual la educación especial se convertía así en un importante medio de selección de niños o niñas con un futuro distinto, caracterizado por una menor autonomía para guiar su propia vida y, por consiguiente, se tenía conciencia de que dependerían siempre de los adultos. Este determinismo sociológico se fundamentaba en que no se debía gastar mucho dinero en mejorar modelos educativos porque no iban a servir para nada. Se presuponía que que no se produciría ningún cambio cognitivo, ni afectivo, ni social. Además, si los niños no avanzaban en su desarrollo era porque ellos eran los únicos responsables de ello, y no el sistema social, con lo cual las culpas se proyectaban sobre esos seres, incapaces de ejercer una defensa eficaz.

 Esta afirmación del Prof. López Melero, con la cual estoy de acuerdo, equivale a decir que la Educación Especial se había convertido en una especie de profecía autocumplidora: en la medida en que no se esperara ningún resultado positivo de integración al medio, esta integración no se iba a dar, precismanete porque no se la buscaba.

 Creo que no se trata de considerar al niño con síndrome de Down como un ser normal, porque esto sería irse al otro extremo. Es un niño que, simplemente, necesita 'otro' tipo de ayuda (porque los niños considerados normales necesitan ayuda (y para eso requieren del medio familiar y escolar para socializarse y desarrollar sus capacidades).  

La integración de niños con síndrome de Down tiene, según entiendo yo, varios niveles. En primer lugar está la integración familiar, ya que puede ocurrir que algún padre o algún hermano lo considere como un objeto, un ser minusválido por el cual sólo debe sentirse compasión, el niño enfermo entonces sienta que no puede compartir actividades con ellos, aislándose cada vez más.

 Un segundo nivel de integración se realizaría, a partir de los 3 años, con niños normales de su misma edad, concurriendo a escuelas comunes, salvo que el retraso mental sea  profundo (idiocia). En este último caso, el niño necesitará de un entorno altamente estructurado, con ayuda y supervisión constante y una relación personalizada con su cuidadora. El desarrollo motor, la autonomía y las habilidades de comunicación pueden, no obstante, desarrollarse con entrenamiento adecuado. Actualmente la mayoría de estos niños viven o bien con sus familias, o viven en comunidades e instituciones donde el entorno es, como dije, muy estructurado.

 Un tercer nivel de integración incluye la posibilidad del niño de integrarse no ya solamente a la escuela, sino al medio social en general, como por ejemplo trabajando, como el caso de los niños que están en una fábrica de pastas, en el barrio de Villa Pueyrredón. En cualquiera de estos niveles de integración, integración no significa simplemente estar junto a personas normales, sino además establecer interacciones con estas, con beneficio mutuo, relaciones que pueden ser laborales, afectivas, etc.

 El orden de estos niveles de integración resulta importante. Como indica la Lic. Pantano, la persona que ha participado de un proceso de rehabilitación y cumplido con su objetivo, el de desarrollar al máximo posible sus capacidades, desde el punto de vista sociológico se ha puesto en condiciones de participar más 'integralmente' en la vida de la comunidad. Estas posibilidades de participación están definidas culturalmente y a veces su concreción no depende tanto de lo que el individuo está en condiciones de ofrecer, sino de las alternativas que la comunidad plantea para que aquellas puedan ser canalizadas.

 CONCLUSIONES

 Las personas con discapacidades han generado, a través del tiempo y de las diferentes culturas, actitudes que fueron evolucionando. Pienso que una de estas actitudes es la actitud interdisciplinaria, que implica una voluntad de preocupación por mejorar la calidad de vida del mongólico, y un mayor nivel de conocimiento y conciencia social: conocer y comprender las 'diferencias' en las capacidades de las personas es la base de su aceptación, mientras que el reconocimiento de la 'igualdad' de todos los seres humanos es la base de su integración.

 Bibliografía

 Ey H, Bernard P, y Brisset Ch., Tratado de Psiquiatría, Barcelona, Editorial Toray-Masson, 1978, Octava Edición.

American Psychiatric Association, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, Barcelona, Ed. Masson, 1992.

Capacce N, y Lego N, Integración del discapacitado. Una propuesta socio-educativa, Buenos Aires, Editorial Humanitas.

Greco Beatriz, El niño discapacitado mental en la escuela común, Limen, Revista de Actualización Docente de Editorial Kapelusz, agosto de 1994.

López Melero M, Diversidad y Cultura: calidad de vida para todos", Universidad de Málaga, Curso de Integración Escolar y Social de personas con necesidades educativas específicas.

Pantano Liliana, La discapacidad como problema social, Buenos Aires, Eudeba, 1987.

 Extraído de RedPsicología

 

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