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LA
ENSEÑANZA COMO PROCESO Pablo
Cazau Las
prácticas de la enseñanza cumplen un proceso que abarca tres fases
principales, correspondientes a otras tantas tareas específicas del
docente: la planificación, la ejecución y la evaluación de la enseñanza.
En cada una de estas tres fases deben considerarse al menos siete
dimensiones de la enseñanza: los objetivos, el encuadre espacio-temporal,
el sujeto que aprende, los contenidos, los recursos, las estrategias didácticas
y las estrategias de evaluación del aprendizaje. Ya
se trate de una maestra de preescolar o primaria, o de un profesor de la
secundaria o la universidad, todo docente realiza siempre, espontánea o
reflexivamente, las tareas de planificar, enseñar (ejecutar lo
planificado) y evaluar el proceso de enseñar. El resultado de este último
incidirá, a su vez, en su futura planificación, con lo cual el proceso
de enseñar tiene asegurada una realimentación permanente. El esquema
adjunto sintetiza todo el proceso de la enseñanza: la tarea del docente,
como dijimos, abarca las fases de planificar, ejecutar y evaluar el
proceso de enseñanza cumplido. En cada fase se habrán de considerar por
lo menos siete dimensiones de la enseñanza: los objetivos, el encuadre
espacio-temporal, el alumno, los contenidos, los recursos, las estrategias
didácticas y las estrategias de evaluación del aprendizaje. Examinemos
cada fase con mayor detenimiento. 1.
Planificación En
la planificación consideramos siete dimensiones básicas de la enseñanza:
los objetivos, el encuadre espacio temporal, los alumnos, los contenidos,
las estrategias didácticas y las estrategias de evaluación. Son,
precisamente, los siete puntos que suelen incluírse en un plan de
estudios cuando una cátedra entrega lo anualmente. Objetivos.-
Los objetivos de la enseñanza se fijan en el momento de la planificación
y antes que cualquier otra cosa, por cuanto los
contenidos y todo lo demás dependerán de ellos. Los objetivos pueden ser
generales y específicos. Con
respecto a los objetivos generales, en la planificación deberá fijarse
si el propósito de la enseñanza es formar trabajadores, profesionales,
ciudadanos o personas, o si deberán formarse sujetos repetidores (agentes
del statu quo) o sujetos transformadores (agentes de cambio). Estos
objetivos tan generales dependen de cuestiones políticas e ideológicas,
pero no está de más que el docente las conozca y las mantenga
concientizadas. Una
vez fijados los objetivos generales y en función de ellos, se fijarán
objetivos más específicos, tales como por ejemplo enseñar conceptos,
enseñar habilidades o destrezas y enseñar actitudes. En los planes de
estudios de asignaturas suelen encontrarse objetivos aún más concretos,
que tienen que ver con lo específico de las mismas. Por ejemplo:
desarrollar la capacidad de los alumnos para articular tales o cuales
conocimientos, conocer los principales enfoques teóricos sobre un tema,
desarrollar la capacidad de análisis crítico, dominar el lenguaje científico
de una disciplina determinada, etc. Encuadre
espacio-temporal.-
Esta planificación implica considerar dónde y cuándo se impartirá la
enseñanza. Los lugares pueden ser el aula, una plaza, un museo o el
espacio virtual que ofrece la informática, en el caso de la educación a
distancia. El encuadre espacial incluye también cuestiones como los
recursos físicos disponibles (retroproyectores, tizas, etc.), la
distribución de los pupitres (por ejemplo en círculo), la ubicación del
pizarrón, la iluminación, etc., mientras que el encuadre temporal los
horarios de recreos, los turnos, la duración del año académico, etc. En
general, los docentes tienen mayor libertad para elegir tiempos que
lugares. Sujetos
del aprendizaje.-
Aunque tengamos los mismos objetivos, las mismas aulas y los mismos
tiempos, no será lo mismo enseñar a niños que a adolescentes, adultos o
ancianos, a retrasados que a superdotados, a secundarios que a
universitarios, etc., y la planificación de la enseñanza debería tener
en cuenta estos perfiles. A modo de ejemplo, se han desarrollado algunas
investigaciones que parecen demostrar que la enseñanza se optimiza si se
tienen en cuenta las dominancias cerebrales de los alumnos, de manera tal
que, por ejemplo, no es lo mismo enseñar a un cortical derecho que a un límbico
izquierdo (3): ciertas estrategias didácticas pueden ser más efectivas
con unos que con otros. La Programación Neurolingüística (PNL) es otra
línea teórica que, a la hora de enseñar, tiene también en cuenta
diferencias individuales. Contenidos.-
Una vez fijados los objetivos, el encuadre ET y el perfil del alumno, la
planificación puede continuar especificando los contenidos que se enseñarán
(4). En los planes de estudios, por ejemplo, los contenidos suelen figurar
también bajo los títulos "Programa analítico" y
"Bibliografía". Genéricamente,
los contenidos pueden ser conceptuales, procedimentales y actitudinales.
Los contenidos conceptuales enseñan un saber, y por lo tanto afectan
nuestro conocimiento (por ejemplo, enseñar el concepto de número primo);
los contenidos procedimentales enseñan un hacer, y por tanto afectarán
nuestras destrezas y habilidades (por ejemplo, enseñar a sumar); los
contenidos actitudinales enseñan actitudes, es decir, formas de pensar,
sentir y actuar ante situaciones determinadas, y por lo tanto afectarán
nuestra personalidad (por ejemplo, enseñar a venerar un prócer, enseñar
a solidarizarse con un discapacitado, enseñar a amar el saber y, en
general, enseñar valores). Aunque
un docente se proponga explícitamente enseñar solamente contenidos
conceptuales o procedimientales, implícitamente enseña también
contenidos actitudinales, lo que suele formar parte del currículum
oculto. Ello se debe, en parte, a que el alumno puede identificarse con el
profesor y tomar como propias ciertas actitudes de los docentes que éste
no se había propuesto enseñar explícitamente. Por ejemplo, un alumno
puede aprender a ser exigente con ciertas personas porque su docente se lo
está enseñando inadvertidamente con sus mismas actitudes. Recursos.-
Los recursos pueden ser materiales o humanos. En función de las
posibilidades materiales existentes se fijan qué recursos materiales se
utilizarán: pizarrón, retroproyector, videos, pupitres, tizas de
colores, e incluso el aula misma como espacio físico (dimensiones,
iluminación, sonorización) etc. Los recursos humanos somos nosotros
mismos más todas aquellas
personas que eventualmente podrán acompañarnos en la tarea docente. En
el caso de una cátedra, profesores adjuntos, jefes de TP, docentes
auxiliares, e incluso alumnos a los que podamos asignar tareas pedagógicas. Estrategias
didácticas.-
En función de los objetivos se fijan contenidos, y en función de éstos
se fijarán las estrategias para enseñar. Un poco arbitrariamente,
existen dos grandes tipos de estrategias didácticas: aquellas que
consisten en algo que hace el profesor (por ejemplo dar una clase
expositiva, mostrar un video, etc.), y aquellas otras en que el profesor
hace hacer algo a los alumnos (por ejemplo discusiones grupales, monografías,
etc.). La
selección de las estrategias didácticas no es nunca arbitraria. Autores
como N. Mercer (2), por ejemplo, sostienen que las estrategias de enseñanza
están pautadas en parte por determinaciones socioculturales (por ejemplo
ciertas culturas consagran ciertas técnicas y no otras, basadas a su vez
en los modelos comunicacionales propios de esa cultura), y en parte por
los contenidos que se intentan enseñar (por ejemplo, para enseñar
historia o crítica del arte resulta apropiada la técnica de pasar
diapositivas para que los alumnos den su opinión sobre lo que ven o para
que docente presente ejemplos). Estrategias
de evaluación del aprendizaje.-
La planificación debe incluír, finalmente, qué estrategias de evaluación
del aprendizaje serán utilizadas, por cuanto su instrumentación le
permiten al docente controlar si lo que enseñó fue efectivamente
aprendido. Existen diferentes criterios para clasificar las estrategias de
evaluación del aprendizaje, de los cuales mencionaremos dos, a título
ilustrativo. a)
Hay estrategias que evalúan solamente o principalmente los procesos, y
otras que atienden a los resultados del aprendizaje. Cuando una maestra
intenta evaluar si un niño aprendió a sumar y se fija simplemente si el
resultado es correcto, no está evaluando el proceso cognitivo que hizo el
niño para sumar. Inclusive, corre el riesgo de evaluar un resultado
fortuito o un resultado 'macheteado', aunque con esto no estamos
desvalorizando la estrategia de evaluación por resultados, que podría
ser útil en otras situaciones. Los exámenes tipo multiple-choice son
ejemplos típicos de estrategias de evaluación del aprendizaje por los
resultados que muchos docentes juzgan relevantes. b)
La evaluación del aprendizaje puede ser discontinua o continua. En la
evaluación discontinua, el docente evalúa al alumno solamente cuando éste
es examinado de acuerdo a las pautas formales de la cátedra o la
institución, como por ejemplo, solamente cuando rinde los exámenes
parciales, el examen final o cuando entrega algún trabajo. En estos
casos, las instancias de evaluación no van más allá de las instancias
de acreditación, es decir, de las instancias que deciden
institucionalmente si el alumno aprobó o no la materia. La
evaluación continua es más amplia, porque el alumno es evaluado con
mayor frecuencia, y hasta incluso clase por clase y de una manera muchas
veces tan informal que el mismo alumno puede no percatarse de su empleo.
Cuando el docente pregunta en clase y juzga la respuesta de un alumno ya
lo está evaluando, aunque no reciba una "nota". También
lo evalúa cuando aprecia las intervenciones o las no intervenciones del
alumno en la clase. En general, las evaluaciones continuas permiten seguir
el proceso de aprendizaje, mientras que las evaluaciones discontinuas
tienden a centrarse más en los resultados. Interesa destacar, por último,
que una estrategia de evaluación puede ser al mismo tiempo una estrategia
de enseñanza. Por ejemplo, en un examen final se evalúa el aprendizaje
del alumno, pero también puede ocurrir que éste aprenda en ese momento
un montón de cosas sobre las cuales no reflexionó durante la cursación.
Algunos docentes, incluso, consideran imprescindible el examen final
porque allí el alumno tiene la ocasión de hacer un "cierre"
conceptual de la materia, lo que también implica aprendizaje, como bien
lo han enfatizado ciertas teorías del aprendizaje como la Gestalt. Existen
aún otros criterios para clasificar la evaluación del aprendizaje, como
por ejemplo aquel que distingue entre heteroevaluación (el alumno es
evaluado por el docente) y autoevaluación (el alumno se evalúa a sí mísmo). Para una información más detallada del proceso de planificación, puede consultarse (1). 2.
Ejecución La
ejecución no es otra cosa que llevar a la práctica lo planificado, aún
cuando esto último no se cumpla tal cual. Mientras la planificación
(primera fase) y la evaluación de la enseñanza (tercera fase) pueden
llevarse a cabo en cualquier lugar, el espacio físico de la ejecución es
típicamente el aula, razón por la cual es la única fase del proceso de
enseñanza que queda expuesto en forma tangible frente al alumno. De
hecho, muchas veces éste no suele pensar demasiado en el hecho de que el
docente, además de enseñar, planifica lo que enseñará y evalúa el
proceso de enseñar: al contrario, tiende a pensar -al igual que muchas
instituciones educativas a la hora de calcular remuneraciones- que todo el
trabajo del docente se realiza únicamente en el aula. Esta
última cuestión es importante en la medida en que en algunas
instituciones educativas se pide la opinión de los alumnos sobre los
docentes, y por tanto la información que reciben las autoridades
concierne sólo a la ejecución. La planificación llega por otra vía, a
saber, cuando el docente entrega un plan de estudios y un cronograma de su
asignatura, mientras que la evaluación de la enseñanza generalmente es
la misma institución quien lo hace, y no suele pedir al docente su propia
autoevaluación. 3.
Evaluación de la enseñanza En
la tercera y última fase, el docente evalúa la eficacia de la enseñanza
que impartió. Por ejemplo: ¿se cumplieron los objetivos originales? ¿se
alcanzaron a enseñar en tiempo y forma los contenidos previstos en los
lugares pensados? ¿se emplearon los recursos
materiales y humanos, las
estrategias didácticas y las estrategias de evaluación que se
planificaron? ¿Se enseñó de acuerdo al perfil de los alumnos? ¿Se
incluyeron objetivos, encuadre, contenidos o estrategias que no estaban
previstas en la planificación? Los resultados de la evaluación de la
enseñanza se realimentan con la planificación: por ejemplo, el docente
planificará su enseñanza de otra manera si juzga que no cumplió con sus
expectativas. Nótese
entonces la diferencia de la evaluación de la enseñanza con la evaluación
del aprendizaje: la primera apunta a evaluar al docente, mientras que la
segunda a evaluar al alumno. Un
último interrogante: ¿una evaluación exitosa del aprendizaje, garantiza
una evaluación exitosa de la enseñanza? En otras palabras, el hecho de
que el alumno haya aprendido, ¿ello asegura que hemos enseñado bien?
Nuestra respuesta es no, y de aquí la necesidad de evaluar, además del
aprendizaje, el proceso de enseñanza. En
efecto, el alumno aprende muchas cosas que no le enseñamos o que no nos
proponemos enseñarle explícitamente, por lo que el proceso de enseñanza
no es lo único que determina el aprendizaje del alumno. La evaluación de
la enseñanza adquiere, en todo caso, especial importancia cuando hemos
constatado que el alumno no ha aprendido de acuerdo a nuestras
expectativas. Pablo
Cazau Lic en Psicología y Prof de Enseñanza Media y Superior en Psicología Buenos
Aires, Mayo 2000 Referencias
bibliográficas (1)
Cazau P., "Experiencias en planificación didáctica", Revista
Observador N° 32, Enero / Abril 1999, Buenos Aires, página 83. (2)
Mercer Neil, (1995), "La construcción guiada del conocimiento"
(El habla de profesores y alumnos), Paidós, Barcelona, 1997, pág. 52-53. (3)
Véase por ejemplo Chalvin Marie Joseph, "Los dos cerebros en el
aula" (Conocer la dominancia cerebral para mejorar la educación),
TEA, Madrid, 1995. (4)
También pueden especificarse primero los contenidos y luego el perfil del
alumno. El orden propuesto para el abordaje de las distintas dimensiones
de la enseñanza dependerá de cada planificador. Tres
fases y siete dimensiones de la enseñanza Extraído
de RedPsicología
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