Una experiencia personal
Soy
una Docente de Escuela Primaria que quiere contar su experiencia
personal, para fundamentar ampliamente el uso de la Informática
en el ámbito educativo, como un recurso didáctico aplicable en
todos los aspectos del Currículum, y que -a medida que se lo
utiliza- permite al Docente fijarse nuevas metas, puesto que es
estimulado constantemente por el interés de sus alumnos que
siempre exigen "un poco más". Es así como el Docente
se transforma en un creativo e investigador constante de la
Informática Educativa.
Hace
16 años que trabajo como Maestra de Grado de Escuela Primaria;
6 años que me recibí de Analista de Sistemas de Computación y
un año que obtuve un Post-título de Capacitación Pedagógica
para Profesionales de Informática. Sin embargo, la experiencia
que he tenido entre el año pasado -que ejercí como Profesora
de Informática en un Colegio privado local- y la del presente año
me han servido lo suficiente como para descubrir lo antes
mencionado.
La
experiencia personal que quiero contar es la del presente año,
puesto que todavía sigo experimentando con mis alumnos y aún
no termino de sorprenderme del poder que tiene esta herramienta
en el aspecto educativo.
Un grupo muy especial
Mi
contacto con este grupo fue casual: comenzó el año pasado
cuando me ofrecieron un reemplazo de Profesora de Informática
en otra escuela en donde se superponían los turnos. Por
consiguiente, tuve que cambiar mi turno para tomar dicho
reemplazo, puesto que me interesaba ampliamente la propuesta.
A
pesar de los años que ya llevaba en la docencia, este cambio de
turno me resultó sumamente indignante por el grupo con el que
me encontré. Muchas veces había trabajado con grados
carenciados y problemáticos, pero como éste ¡nunca!
Era
un grado de 11 alumnos nada más, pero en realidad eran 11
problemas acumulados en un grado.
Estaban
"a la deriva" en la escuela, puesto que la docente de
turno, ante su situación de impotencia, atinaba a la
"promoción automática"; es así como estos chicos,
de diversas edades, se encontraban en un 3º Año de E.G.B.1,
sin conocer ni una letra ni un número.
La
escuela en donde trabajo tiene entre 4 y 5 secciones de grados
por cada Año; por lo tanto, tiene 34 secciones de grados en
total. Estos chicos eran alumnos repetidores, que habían
deambulado por otros grados antes de caer en este grupo que los
"contenía" dentro de la escuela.
Eran
chicos con diversas patologías, que ya habían sido analizados
por un Gabinete Psicopedagógico, quienes por diversas razones
no habían sido derivados a la Escuela Especial ubicada en la
misma manzana de la escuela. Todos tenían una edad mental
inferior a la real, problemas de conducta de toda índole, malos
hábitos, algunos con lesiones cerebrales leves y
todos tenían un nivel socio-económico-cultural muy bajo.
Es
difícil describir el grado de impotencia que se siente ante un
grupo así, que además era una "isla" dentro de la
escuela, olvidado por los directivos; el "chivo
expiatorio" de todos los destrozos y culpas; ignorados o
"falsamente queridos" por muchas colegas. No cuestiono
a nadie por esta actitud. El Docente también es un ser humano y
es débil en estas situaciones. Solamente trato de expresar lo
que se siente cuando uno se encuentra ante algo para lo que no
está preparado. Yo soy Maestra de Escuela Primaria Común, en
donde nuestros alumnos deberían estar dentro de determinados
parámetros para los que fuimos preparadas. Sin embargo, me veía
en la obligación de pisar un terreno que no era el mío, sino
el de una Maestra Especial, puesto que mi grupo era "Muy
Especial". Debía asumir un rol que nunca hubiera querido
tener, puesto que no tenía alternativa si quería obtener algún
logro y no sentirme tan terriblemente impotente.
Compensaba
este sentimiento con mi trabajo en la otra escuela, puesto que
-como una paradoja- allí todo me iba "de maravillas",
lograba todo lo que no podía con mi grupo y experimentaba algo
realmente apasionante para mí: ser Docente de Informática. Esa
otra experiencia fue lo que me sirvió para completar mi trabajo
de Seminario que estaba haciendo para obtener el Post-título de
Capacitación Pedagógica para Profesionales de Informática.
Los resultados que obtuve fueron óptimos y fomentaron en mí el
interés por la investigación de todo lo que fuera Informática
Educativa.
No
obstante, nunca abandoné mi trabajo con mi grupo de la escuela
común. Después de observar toda la situación, fui buscando
las formas posibles de acercame a ellos para ser aceptada,
aprendí a quererlos (es muy difícil establecer los límites
entre "afecto" y "lástima"), descubrí que
eran muy afectivos internamente, pero que les costaba
expresarlo, puesto que siempre estaban a la defensiva ante los
reproches. También descubrí que, aunque muy lentamente, también
aprendían. Comencé a trabajar con ellos a partir de
"cero", brindándoles los cuatro elementos que más
necesitaban: SEGURIDAD - AUTOESTIMA - AFECTO - ORDEN. Ellos
también se fueron acostumbrando a mí y, muy pronto, me
trasformé en líder del grupo. Mi trabajo se basó más en el
aspecto psicológico que en el pedagógico. En este último
aspecto, mis clases grupales eran casi obsoletas, puesto que su
atención dispersa y problemas de comunicación no les permitía
concentrarse ni retener los conceptos. Por lo tanto, mi mayor
aliada era la enseñanza personalizada, ya que también el nivel
de aprendizaje de cada uno era distinto.
Nuevas
expectativas de trabajo
Fue
así como, al finalizar el año, solamente yo sabía que había
logrado cosas y me sentía satisfecha por ello. Pero había
visto que aún podía lograr más y el tiempo no me alcanzaba
puesto que los progresos se producían de una manera demasiado
lenta. Entonces, fue así como pedí a las autoridades de la
escuela continuar con el grupo un año más. Estaba segura de
que este año obtendría resultados más observables.
No me equivoqué en este sentido. Los alumnos continuaban
avanzando, pero de una manera tan lenta que ya era como si todo
se hubiera vuelto rutinario y me aburría de tanto esperar para
ver algún logro significativo. Además, este año ya no tenía
el estímulo de la compensación con el cargo de Profesora de
Informática que había tenido el año anterior. Fue entonces
cuando comencé a conectarme a través de Internet con gente
relacionada con la Informática Educativa. Por la misma vía
conseguí bajar muchos programas educativos freeware que podían
adaptarse a las características de mis alumnos. El caso es que,
a mediados de este año (ya se había anunciado), la escuela
adquirió cuatro equipos de computación multimedia y se armó
una pequeña Sala de Computación. Mientras tanto, yo esperaba
que se habilitara la Sala para cargar mis programas y probarlos
con mis alumnos. El caso es que no había presupuesto para un
Docente de Informática, entonces se propuso que las maestras
con conocimientos de computación podían llevar a sus alumnos
para trabajar con las computadoras. En esta escuela, a pesar de
la cantidad de docentes que hay, existe cierto recelo en cuanto
al uso de este recurso y se cuestiona su utilidad. En resumen:
no había ninguna maestra que se atreviera a llevar a su grupo,
había una flamante Sala de Computación equipada con
computadoras multimedia, había un grupo reducido de alumnos con
mucha curiosidad por el tema, y una maestra con conocimientos,
material, ideas y proyectos para trabajar con ellos, y
autorización de los directivos para usar los equipos. Por lo
tanto, disponía de todo lo necesario para emprender una nueva
experiencia. Un año atrás esto era totalmente imposible, pero
ahora, tenía todo a mi disposición.
Una experiencia indescriptible
Comencé
trabajando con actividades estimulativas para ejercitar el uso
del mouse, la memoria, la lógica y el uso del teclado.
Totalmente opuesto a lo que me había imaginado, observé con qué
rapidez lograron habilidad en estos cuatro aspectos. Además, me
sorprendió mucho cómo lograban concentrarse durante una hora y
media en las actividades propuestas, siendo que su atención
dispersa no les permitía concentrarse más que algunos minutos
en cada tema desarrollado en el aula. En estas ocasiones fueron
cuando -por única vez- escuché la famosa frase "no
salgamos al recreo seño". También me sorprendía como
iban desarrollando hábitos de orden y solidaridad entre ellos,
cosa poco común a pesar de las propuestas anteriores. Las
computadoras parecían tener un efecto hipnótico y pedagógico
que yo nunca había conseguido.
Llegado
el momento en que ya existía una relación familiar entre
alumnos-computadoras, fue que me propuse trabajar con las áreas:
Matemática, Lengua, Ciencias y Música con programas
educativos. Estos programas también les interesaban y podía
observar como de clase en clase ellos mismos trataban de
superarse y mejorar el uso de los mismos. Pero lo que más me
sorprendía era la velocidad con la que resolvían operaciones
matemáticas, por ejemplo, sin agotarse ni renegar de ellas como
hacían siempre en el aula; o tener en cuenta hasta el mínimo
detalle en la escritura de las palabras, siendo que esto jamás
lo tenían en cuenta en sus cuadernos. Los programas de Música
también me sirvieron para que aprendieran a escuchar y poder
reconocer sonidos e instrumentos musicales; incluso logré que
consiguieran reproducir algunos compases de canciones simples,
que requerían de mucha habilidad en el manejo del mouse y la
memoria. Nunca se negaron a ninguna actividad propuesta y
siempre perseveraron en su conclusión. De mi parte, jamás les
propuse actividades que pudieran resultarles frustrantes. Traté
de graduarles las dificultades a medida de sus capacidades. No
obstante, los logros fueron muy significativos para mí.
Poco a poco fue creciendo su autoestima y se abrieron a sus
compañeros de los demás grados para comentar sus nuevas
experiencias, que los colocaba en un plano superior en cuanto a
ellos, puesto que eran los únicos en la escuela que tenían
este privilegio. Conseguí así su socialización en la escuela
que tanto me había costado el año anterior. Este aspecto también
se lo debo a la Informática.
¿Y ahora?
Continúo
trabajando con programas educativos de las áreas, pero es tanta
su curiosidad y su interés por saber "un poco más",
que desde hace un tiempo comencé a trabajar con técnicas para
el uso del graficador y el procesador de textos, además de
incluirles términos técnicos simples y el uso de hardware,
como disquetes, CDs, impresora, escáner, etc. La técnica les
cuesta un poco todavía, pero insisten en ella y van obteniendo
logros: algunos de ellos se animan a usar los términos técnicos
que repito a cada tanto para que se familiaricen con ellos; en
cuanto al uso del hardware, solamente miran y escuchan mis
explicaciones con mucha atención y curiosidad, pero aún nadie
se ha atrevido a intentarlo.
Muchas
veces les había hecho tarjetas de felicitaciones con el
programa Instant-Artist, y desde hace un tiempo se interesaban
por saber cómo las hacía. Entonces, hace poco aproveché una
oportunidad en que unas madres de otros chicos les habían hecho
un favor, para hacerlos confeccionar tarjetas de agradecimiento
y conocer así el manejo del software. Fue mucho el entusiasmo
que demostraron y lograron hacer unas tarjetas hermosísimas,
con ayuda, pero respetando su elección y creatividad. Fue
emocionante ver el momento en que hicieron entrega de las
tarjetas a estas señoras: en sus rostros se notaba el orgullo
que sentían por su obra y también el gesto de sorpresa y
gratitud de parte de las señoras. Logré así una apertura
hacia la comunidad educativa, puesto que se sienten capaces de
generar atención de parte de las demás personas.
Así
como estas cosas, estaría largas horas contando anécdotas con
respecto a todo lo logrado con esta herramienta. Cada vez que
los veo me doy cuenta de que he logrado muchísimo más en estos
últimos tres meses que en un año y medio de lucha y
perseverancia en las actividades áulicas comunes. Creo que, de
no haber experimentado esto, jamás me hubiera sentido tan
satisfecha con los logros alcanzados con este grupo tan
especial.
Por
eso es que me interesa mucho contar esta experiencia, para que
muchos Docentes que se encuentren en situaciones similares a las
mías intenten implementar esta metodología y así poder
experimentar personalmente lo que expreso en el título de mi
relato: INFORMÁTICA: UN RECURSO DIDÁCTICO SIN LÍMITES.
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