UN CAPÍTULO
PENDIENTE: EL MÉTODO
EN EL DEBATE DIDÁCTICO CONTEMPORÁNEO
Tomado de:
Edelstein,Gloria; W. De Camilloni, Alicia y otros. "Corrientes Didácticas
Contemporáneas". México: Paidós, 1996. Pág 75-90.
Abordar el problema de lo
metodológico en la construcción de la didáctica resulta un desafío
importante, sobre todo cuando se plantea en el marco de un seminario sobre
"Corrientes didácticas contemporáneas". La magnitud de este
desafío tiene que ver con la ausencia de debate sobre el tema en las últimas
décadas, en el campo de la didáctica, lo que significó una limitación
en la elaboración de la perspectiva que presentaré.
A modo de introducción
quisiera plantear algunas cuestiones que orienten la comprensión de
ciertas opciones en relación con este trabajo.
Mi aceptación a
hacerme cargo del desarrollo del tema "Lo metodológico" en el
citado seminario, más allá de las complicaciones e implicaciones, tiene
que ver con que se trata de una problemática de interés personal en la
que trabajo desde hace tiempo en la docencia, y que hoy es además objeto
de la investigación que realizo.
En el título hablo
de método, mientras que en el programa del Seminario se hace referencia a
"lo metodológico". Esta diferencia daría cuenta, aunque
parcialmente, de la polisemia de la palabra método, cuestión que recorre
la investigación aludida. Al respecto, me interesa avanzar en la
comprensión de algunas razones de las fusiones, diseminaciones y/o
sustituciones que se hacen patentes en los usos más frecuentes de dicha
expresión.
Por otra parte en
tanto no había tomado estado público mi posición a ya casi 20 años del
trabajo realizado con Azucena Rodríguez (Edelstein y Rodríguez, 1974) me
resultó necesario académica, afectiva y éticamente retomar dicho artículo
y en todo caso precisar, desde una reconstrucción crítica, lo que hoy
considero valioso, consciente de lo que era factible para nosotras decir
en Córdoba, Argentina, en el momento de su publicación.
Por último, es de
mi interés hacer explícitos mis actuales puntos de vista respecto de la
problemática y los interrogantes en los que continúo trabajando.
Dada esta situación
–marca ineludible- procuraré exponer el proceso recorrido para el
tratamiento del tema, tomando como punto de partida el texto mencionado,
que se elabora en la década del 70 y se constituye en la base de
desarrollos de otros colegas, desde donde me reencuentro con el propio
discurso en una mirada diferente, incorporando –en consecuencia- nuevos
elementos.
Las ideas esbozadas
en este caso tienen, pues, como referente, además de la interpelación a
las propias, las de autores a los que iré remitiendo a partir de la
coincidencia con sus planteos, y el importante proceso de intercambio
generado con colegas con quienes comparto mi actividad en la cátedra
universitaria.
¿Por qué comenzar
por nuestro trabajo?
Básicamente porque
en didáctica la cuestión del método o de lo metodológico se abandona o
se disuelve en otras conceptualizaciones en la década del 80. Si bien
estos años son fecundos en producciones que implican un significativo aggiornamento
de viejas categorías de la didáctica (los objetivos, los contenidos,
el currículum, la evaluación etcétera) y la incorporación de otras
nuevas (la transposición didáctica, el currículum oculto, la cultura
académica, el discurso en el aula, la negociación de significados, etcétera),
prácticamente no hay trabajos que incluyan la cuestión del método como
variable, dimensión o categoría sujeta a revisión. Esta cuestión queda
subsumida, en todo caso, en conceptulizaciones afines, sin la necesaria
explicitación de las relaciones implicadas. Abandono, disolución, olvido
que se reitera en distintos períodos y al que haré referencia.
En este sentido,
llama significativamente la atención que en la primera mitad de siglo hay
permanentes referencias al papel que desempeña lo metodológico en la
actividad pedagógica. En general se habla de "métodos", en
plural, aludiendo a construcciones elaboradas sobre la base de
experiencias educativas concretas, sin explayarse demasiado en desarrollos
discursivos de orden teórico.
También llama la
atención la multiplicidad de experiencias y, sobre todo, que sean
nominadas como métodos. Me refiero, entre otros, a los métodos
Montessori, Decroly, de proyectos (Kilpatrick), el método de trabajo
libre en grupos (Cousinet) y los métodos Freinet y Winnetka, ligado al
Plan Dalton (Washburne).
Estas experiencias
dan cuenta de una propuesta pedagógica que va mucho más allá de los
procesos interactivos en el aula, en tanto implican verdaderos proyectos
institucionales en el sentido en que hoy los entendemos. Se difunden en
tratamientos particularmente descriptivos que llegan hasta mediados de la
década del 60. A partir de allí se produce una interrupción
significativa en relación con el tema, indicativa de la necesidad de una
tarea de investigación de la que es deudora la didáctica.
Por ello inicio el
desarrollo del tema con la reconstrucción crítica de los trabajos
producidos en los 70. Desde ese lugar, la intención es delinear la posición
asumida actualmente, y –dado su carácter provisional- mencionar algunos
interrogantes desde los cuales entiendo que se abren posibles cursos de
avance en el estudio del tema.
Una primera
respuesta al silenciamiento al que hacía referencia se encuentra en estos
trabajos, cuando aluden al momento histórico en que se produce, que
coincide con la irrupción de la corriente que ha tomado para sí el
nombre de Tecnología Educativa y desde cuya propuesta pedagógica se
genera un fuerte impacto en las derivaciones didácticas que por esos años
sostienen las reformas educativas. Al priorizar una visión
instrumentalista, justificada desde el supuesto de la cientificidad, la
Tecnología Educativa invade diferentes ámbitos de teorización,
cancelando de algún modo el debate en relación con temas sustantivos
ligados a la teoría de la enseñanza. En el caso del método/metodología,
se traduce en un corrimiento por el que la atención se centra en las técnicas,
los procedimientos, los recursos y las habilidades en ellos implicadas.
Discurso tecnocrático
que encuentra eco y demanda en diversos sectores ligados al quehacer
educativo, incluso en el caso del docente, que pareciera de este modo
encontrar la respuesta necesaria a los problemas concretos de su práctica.
Esta vertiente
tecnicista incide tanto desde las primeras manifestaciones del conductismo
como a partir de otras más avanzadas, principalmente Skinner, Gagné,
Pophan y Baker, con fuertes implicancias en el campo didáctico.
En los momentos de
auge de esta corriente, si bien algunos autores señalan que la
consecuencia en didáctica fue "sacralizar el método", desde mi
perspectiva se podría inferir que en todo caso se obvió una reflexión
sustantiva en torno a él, y que fue objeto de un tratamiento parcial, que
deformó su interpretación y, por lo tanto, su utilización. En relación
con este planteo, considero de interés retomar lo desarrollado en el
trabajo con A. Rodríguez como los aportes de A. Díaz Barriga en Didáctica
y currículum.
Es destacable que la
tesis que se sostuvo durante mucho tiempo fue la de la universalidad del método,
entendido básicamente como una serie de pasos rígidos, secuenciados;
reglas fijas; sumatoria de técnicas y procedimientos válidos para
resolver cualquier problema, en cualquier situación o contexto. Serie de
algoritmos preespecificados que permitan dar respuesta a una amplia gama
de situaciones.
Se trata, según señala
A. Díaz Barriga, del mito del orden natural, orden único para enseñar y
aprender, relacionado por cierto con una concepción de ciencia, de
verdad, que niega el conjunto de relaciones que inciden en los procesos de
conocimiento. La idea de orden único lleva a priorizar la prescripción,
desde la que se intenta regular la actividad docente.
De ahí proviene una
visión simplificada de lo metodológico en didáctica, como un modelo de
instrucción basado en técnicas que predefinen pasos organizados rigurosa
y linealmente para lograr diseños que permitan obtener productos óptimos
y válidos en diferentes contextos.
Sintéticamente: el
centro es la instrucción; el soporte, la técnica; el efecto buscado, la
efectividad en los resultados.
Lo subyacente sería
la búsqueda de un orden como criterio de enseñanza y por lo tanto
universalizador en lo metodológico. Encontrar o seguir el modelo como
correlato de esta obsesión por el orden impide reconocer la creatividad
necesaria en relación con esta cuestión.
El docente es
imaginado como un ingeniero conductual del que se requiere dominio del
modelo más que de la disciplina o campo de conocimiento en torno del que
trabaja, y del cual es mediador central de los procesos de apropiación
por parte del alumno (Díaz Barriga, 1985).
En esta visión
retrospectiva, entiendo que es destacable entonces, como aporte
significativo de nuestro trabajo, el señalamiento no sólo de que la
cuestión del método fue confinada al olvido sino la explicitación de
las razones de ello. Según las ideas desarrolladas, ese olvido es fruto
de la posición hegemónica que ocupan en el campo de la didáctica los
principios de la Tecnología Educativa. Recupero también el haber
profundizado sobre una idea fuerza como "la sustentación de que
abordar el aspecto metodológico sólo adquiere sentido cuando es tratado
primeramente como un problema de conocimiento". Desarrollo que marca
en nuestro trabajo una clara línea divisoria respecto a los abordajes del
tema desde la perspectiva tecnocrática.
En realidad,
coincidiendo con A. Díaz Barriga, podríamos decir que "(...) no hay
alternativa metodológica que pueda omitir el tratamiento de la
especificidad del contenido. Sólo desde el contenido y una posición
interrogativa ante él es posible superar la postura instrumentalista en
relación al método".
Con A. Rodríguez al
indagar acerca de la generalidad o particularidad del método, nos referíamos
a este en un sentido general, aludiendo al movimiento que recorre el
pensamiento frente a toda forma de conocimiento o de acción. El planteo
en su expresión discursiva quizá desdibujó el énfasis que poníamos en
la relación contenido-método. En realidad lo que nos interesaba destacar
al hablar de un método general tanto en la ciencia como el la didáctica
es el papel de las adscripciones teóricas en su imbricación total con
las opciones metodológicas.
Por esto señalábamos
también que el método "está condicionado en gran medida por la
naturaleza de los fenómenos y las leyes que los rigen, lo que hace que
cada campo de la ciencia o de la práctica elabore sus métodos
particulares. Es decir que el método está determinado por el contenido
mismo de la realidad indagada. Dependerá entonces de las formas
particulares de desarrollo que asume esa realidad concreta a investigar.
Los métodos no son simples operaciones externas, procedimientos formales
que se agregan mecánicamente y desde afuera a aquello que es objeto de
indagación" (Edelstein y Rodríguez, 1974).
Nada más alejado
del planteo de la Tecnología Educativa, que en el campo didáctico
ocasiona una suerte de mitificación del método.
Se llega a imaginar
que los cambios en el enseñar pasan por lo metodológico sin un
cuestionamiento de los contenidos, lo que genera una falacia, al decir de
E. Remedi, "(...) pensar que es posible continuidad en los contenidos
y ruptura en lo metodológico" (Remedi, 1985).
Ahora bien, así
como no hay alternativa metodológica que pueda obviar el tratamiento del
contenido, es evidente que hay otra cuestión de ineludible consideración:
la problemática del sujeto que aprende. El reconocimiento de estas dos
variables como determinantes en toda definición metodológica clarificaría
la imposibilidad de un modelo único, generalizable, permitiendo además
acuñar en relación con lo metodológico una nueva categoría en el campo
de la didáctica: la de "construcción metodológica" que es la
que hoy adopto tentativamente como base en la consideración de este tema
(Furlán, 1989).
¿Por qué plantear
lo metodológico como una construcción?
Se podrían destacar
algunas cuestiones que fundamentan este supuesto:
Coincidiendo con A.
Díaz Barriga, el método implica "una articulación entre el
conocimiento como producción objetiva (lo epistemológico objetivo) y el
conocimiento como problema de aprendizaje (lo epistemológico
subjetivo)".
Definir lo metodológico
implica el acercamiento a un objeto que se rige por una lógica particular
en su construcción. A ello hay que responder en primera instancia.
Penetrar en esa lógica para luego, en un segundo momento, atender al
problema de cómo abordar el objeto en su lógica particular a partir de
las peculiaridades del sujeto que aprende. Esto es plantearse las vías
que permitan "deconstruir ciertas estructuras producidas para ser
apropiadas, construidas o reconstruidas por el sujeto de aprendizaje"
(Díaz Barriga, 1985).
La construcción
metodológica, así significada, no es absoluta sino relativa. Se conforma
a partir de la estructura conceptual (sintáctica y semántica) de la
disciplina y la estructura cognitiva de los sujetos en situación de
apropiarse de ella. Construcción por lo tanto, de carácter singular, que
se genera en relación con un objeto de estudio particular y con sujetos
particulares. Como expresión de su carácter singular cobra relevancia,
asimismo, reconocer que la construcción metodológica se conforma en el
marco de situaciones o ámbitos también particulares. Es decir, se
construye casuísticamente en relación con el contexto (áulico,
institucional, social y cultural).
Retomando desde una
lectura diferente cierto supuestos planteados en el trabajo con A. Rodríguez,
quizá cabría señalar que en la superación de la postura
instrumental-tecnicista, a la que aludí anteriormente (que entendía al método
como mera suma de técnicas y procedimientos), es significativo tener en
cuenta que la adopción de una perspectiva metodológica en la enseñanza
proyecta un estilo singular de formación. Estilo que deviene de las
adscripciones teóricas que adopta el docente en relación con cuestiones
sustantivas vinculadas al enseñar y el aprender. Así concebida, la
metodología desde la cual un docente se posiciona como enseñante está
en gran parte imbricada con las perspectivas que él adopta en la indagación
y la organización de su campo de conocimiento y, por lo tanto, de las
disciplinas que lo conforman. Perspectiva que pone en juego principios y
procedimientos de orden teórico y derivados de la práctica. Estilo que,
en consecuencia, en su complejo entramado expresa también su trayectoria
(de vida, académica, de trabajo), aun cuando pueda no ser objetivada, en
tanto se juega en la práctica.
En relación con
esta cuestión, G. Avanzini (1985) se refiere a un tercer elemento o parámetro
determinante en lo relativo al método junto a la disciplina y el alumno,
en su peculiaridades, que es el tema de las finalidades. Ello implica la
adopción de una perspectiva axiológica, una posición en relación con
la ciencia, la cultura y la sociedad. Yo hablaría en este caso de
intencionalidades –intentado reafirmar la diferenciación de una ética
utilitarista, de la eficiencia basada en el pragmatismo- que por cierto
inciden también en las formas de apropiación cuya interiorización se
propone.
Las técnicas y los
procedimientos, en la visión que sostengo, se constituyen, en
consecuencia, en instrumentos válidos, formas operativas articuladas en
una propuesta global signada por un estilo de formación, que integra a
modo de enfoque, perspectivas de corte filosófico-ideológico, ético y
estético, científico y pedagógico.
Aquí recupero
nuevamente el aporte que hacíamos en el trabajo con A. Rodríguez. Estos
elementos constituyen, según lo expuesto:
componentes
operacionales del método, reconociendo incluso que en tanto éste no es
observable, sólo se puede inferir a través de la utilización que de
dichos componentes se hace (...) Las técnicas, los procedimientos y
recursos aislados no actúan como indicadores que den cuenta de los
supuestos metodológicos; éstos sólo se pueden develar a partir de (...)
a) la determinación de criterios para combinarlos; b) la relación que a
través de una metodología se da entre ellos y otros elementos de una
situación de enseñanza (objetivos, contenidos, formas y criterios de
evaluación, entre otros) (...)
En este sentido,
cabría señalar -coincidiendo con J. Gimeno Sacristán, a pesar del
reducido espacio que le destina al tema- que el método "(...) no es
un elemento didáctico más, expresa una síntesis de opciones".
(Gimeno Sacristán, 1986.)
Opciones relativas a
la estructuración de los contenidos disciplinares, de las actividades, de
los materiales, a la organización de las interacciones ente los sujetos;
a la sistematización didáctica misma.
Idea que, en suma,
sostiene en contraposición a toda perspectiva tecnicista, que el método
no remite sólo al momento de la interacción en el aula: participa en las
instancias de previsión, actuación y valoración crítica, de lo cual
puede inferirse su papel decisivo a la hora de generar una propuesta de
enseñanza. En todo caso, lo que cabría señalar, es que en tanto está
constitutivamente ligado a la práctica, el método siempre se juega en
relación con el aula, actuada o imaginada.
Este planteo otorga
al docente una dimensión diferente. Si en la concepción instrumentalista
quedaba signado por la posición de ejecutor de las prescripciones
elaboradas por otros. Si, al decir de E. Remedi sólo "le cabía ser
mediador entre la fundamentación y la instrumentación. Si a partir de
los aportes de los psicólogos y especialistas en la disciplina sólo le
correspondía traducir a actividades la normativa establecida...", en
la perspectiva que esbozo, el docente deja de ser actor que se mueve en
escenarios prefigurados para devenir en "sujeto que, reconociendo su
propio hacer, recorre la problemática de la fundamentación y realiza una
construcción metodológica propia" (Remedi, 1985).
Hasta aquí, el
recorrido que permite acuñar hoy la expresión como categoría:
construcción metodológica.
Retomando las ideas
centrales expuestas, interesa focalizar en la hipótesis del método como
tópico confinado no ingenuamente al olvido.
En este sentido,
quizá cabe agregar que, desde una mirada más actual, no sería
pertinente limitar el intento explicativo de este olvido a la preeminencia
de encuadres tecnicistas.
Según señalamos en
un trabajo realizado con E. Litwin:
(...) la justificada
preocupación por los contenidos, marca definitoria de las propuestas
curriculares, lleva en muchos casos a olvidar que la forma es también
contenido y que las vías o modos propuestos para la circulación o
construcción del conocimiento permiten ciertos desarrollos y no otros. Lo
metodológico operando como uno de los factores decisivos en el pasaje del
currículum prescripto al currículum real se constituye, en general, en
"zonas de incertidumbre" que abren "intersticios" a
las propuestas innovadoras (...) (Edelstein-Litwin, 1993) razón por la
que correspondería abordarla como ineludible dimensión de análisis en
el campo de la didáctica.
Si bien coincido en
que la preocupación por los contenidos era central, ante el tratamiento
de que fueron objeto en particular a partir de los procesos autoritarios,
entiendo necesario dimensionar adecuadamente el impacto de las propuestas
metodológicas, sobre todo en el marco de una enseñanza para la comprensión.
Dialécticamente se
podría invertir el planteo de E. Remedi sobre esta relación, señalando
que no habría ruptura en los contenidos sobre la base de la continuidad
en lo metodológico.
A modo de síntesis,
interesa entonces enfatizar que hoy no es dable pensar en opciones metodológicas
válidas para diferentes campos de conocimiento ni en la homogeneidad en
el interior de cada uno de ellos. Reconocer estas peculiaridades significa
asumir una postura frente al problema que adquiere su concreción en la
construcción metodológica.
Implica reconocer el
docente como sujeto que asume la tarea de elaborar una propuesta de enseñanza
en la cual la construcción metodológica deviene fruto de un acto
singularmente creativo de articulación entre la lógica disciplinar, las
posibilidades de apropiación de ésta por parte de los sujetos y las
situaciones y los contextos particulares que constituyen los ámbitos
donde ambas lógicas se entrecruzan. La adopción por el docente de una
perspectiva axiológica, ideológica (en el sentido de visiones de mundo),
incide en las formas de vinculación con el conocimiento cuya
interiorización se propone y, por lo tanto, también tiene su expresión
en la construcción metodológica.
Aun desde el lugar
prioritario que le asigno en toda configuración didáctica, y a los fines
de relativizar lo que pudiera constituirse en límite de la idea fuerza
que procuro fundamentar como propuesta, me parece valioso ingresar en este
texto algo que Roland Barthes dice con respecto a la relación método-lenguaje
en el trabajo investigativo.
(...) El peligro del
método (de una fijación en el método) es éste; el trabajo de
investigación debe responder a dos demandas: la primera es una demanda de
responsabilidad; es necesario que el trabajo acreciente la lucidez, logre
desenmascarar las implicancias de un procedimiento, las coartadas de un
lenguaje, en suma constituye una crítica (recordemos una vez más que crítica
quiere decir: poner en crisis); aquí el método es inevitable,
irreemplazable, no por sus "resultados", sino precisamente –o
al contrario- porque cumple el más alto grado de conciencia de un
lenguaje que no se olvida a sí mismo; pero la segunda demanda es de otro
orden; es la de la escritura, espacio de dispersión del deseo en donde se
deja de lado la Ley; es necesario, entonces en cierto momento volverse
contra el método, o al menos tratarlo sin privilegio fundador, como una
de las voces del plural; como una visión o, en síntesis, como un espectáculo
intercalado en el texto: el texto, que es indudablemente el único
resultado "verdadero" de toda investigación (...) (Barthes,
1974).
Con el recaudo que
significa parafrasear a Barthes sin trastrocar el sentido que en la obra
de referencia le asigna al método, quisiera recuperar las resonancias de
sus palabras con las que me reencuentro al trabajar este tema, consciente
de las distancias pero también de las proximidades entre investigación y
enseñanza en tanto prácticas discursivas. En el intento de asumir como
nueva categoría la construcción metodológica, la búsqueda respecto del
método en el campo de la enseñanza sería, al mismo tiempo que avanzar
en "el más alto grado de conciencia" desde la singularidad del
estilo en cada docente, abrir "un espacio de dispersión del deseo,
que deje de lado la Ley, integrando las voces del plural". Doble
necesidad que adquiere particular relieve dado el encuentro que el enseñar
implica con el conocimiento, y entre sujetos, mediatizados por el
lenguaje. Quizás entonces, de lo que se trata -resignificando el aporte
de este autor y haciéndome cargo de ello- es de destacar el valor del método
"sin tratarlo con privilegio fundador".
El desafío de poner
por escrito estas ideas me hizo topar paradójicamente con una nueva
ausencia-olvido en relación con el tema, en este caso reconocida en mi
propio planteo. En él, no hago mención del concepto de estrategia. No
aclaro la relación entre estrategia/s y construcción metodológica.
¿Por qué me
resulta significativo hacer explícito este silencio en mi propio
desarrollo discursivo? Porque al buscar las razones de aquel, advierto
que, aun incorporando en ocasiones el término "estrategia", no
lo hago a partir de profundizar en su abordaje conceptual sobre todo por
las implicancias y relaciones con el tema del método que me preocupa y
ocupa desde tanto tiempo. Y en esta búsqueda de razones encuentro una
nueva relación con el desarrollo histórico en el campo de la didáctica.
Advierto, al enfrentarme a esta problemática, que a partir de los 80 la
expresión estrategia/s viene a reemplazar en programas y textos los capítulos
que tradicionalmente se ocupaban de la problemática del método.
Al respecto, y en un
esbozo de posibles abordajes del tema, quisiera poner a consideración
algunas cuestiones que estoy investigando, a modo de interrogantes-hipótesis,
según enunciara el inicio, que den cuenta más que de un cierre de una
interrupción.
Esto requiere sin
duda vincular la indagación a distintos aportes disciplinarios y enfoques
teóricos.
Un interrogante
articularía el problema del encuentro del campo pedagógico con otros
campos disciplinarios y la Didáctica como disciplina sustantiva en su
interior. En este sentido, se podría desde un lugar señalar que,
mientras el campo pedagógico se desarrolla ligado a la filosofía, se
advertirían claras referencias al tema del método y a lo metodológico
desde lo didáctico. Cuando este campo se separa de la filosofía y se
liga en cambio más estrechamente a la psicología y a la sociología,
aparecerían las referencias a estrategias. Desde otro lugar, podría
sugerirse una diferente asignación de sentido a esta relación entre
campos: ¿tendría que ver con posiciones hegemónicas en el interior de
ellos y que inciden en lo pedagógico y por ende en lo didáctico?
¿La preeminencia de
uno u otro concepto se relaciona con el nexo necesario de aportes
conceptuales provenientes de campos que alimentan los desarrollos teóricos
de otro, en este caso el de la didáctica, o es el resultado de
superposiciones en los abordajes sin las derivaciones específicas
pertinentes?
El peso que aún
siguen teniendo sobre la didáctica los aportes teóricos de la psicología,
que actualmente trabajan con énfasis el concepto de estrategias de
aprendizaje, ¿no sería un ejemplo de una rápida incorporación del
concepto de estrategia pero entendido casi isomórficamente a la enseñanza?
¿No confirma esto el hecho de que desde diversos autores que tratan el
tema se designe del mismo modo a ambos tipos de estrategias?
¿Tiene esto que ver
con la polisemia del término "método" o se trata de
sustituciones, como en el caso de renombrados didactas que para referirse
a este tema aluden a expresiones diversas como "tareas",
"formatos" y sólo tangencialmente al método?
Podría pensarse en
otras hipótesis-interrogantes más arriesgados: ¿es que el concepto de método
liga más a los universales, y desde allí quizás a la perspectiva de la
modernidad, mientras que "estrategia", en tanto implica la
multiplicidad, lo plural, la diversidad, se vincula más al pensamiento
postmoderno?
¿Es que las
estrategias se buscan ante la supuesta pérdida del "camino",
"orden" que supone el método? ¿O tiene que ver con que los métodos
que hemos manejado ya no nos sirven, por lo que recurrimos a estrategias,
que implican una búsqueda más flexible?
¿Se opta por las
estrategias a causa de su movilidad, su capacidad de cambio y, por lo
tanto, de adecuación a las problemáticas del mundo y de la ciencia? En
tal caso, ¿podrían las estrategias resolver propuestas de más largo
alcance o serían útiles sólo para resolver situaciones concretas?
¿Será que ya no es
posible hablar del método, sin el plural, y que en todo caso es por ello
que la resolución demanda la generación de nuevas categorías como de la
"construcción metodológica", más inclusivas y que integren
estrategias y métodos?
La línea general de
indagación que emana de este conjunto de interrogantes reconoce una
fuerte impronta de reconstrucción de pistas en la historia. Tal vez se
podría pensar en una búsqueda genealógica.
Mi propósito no fue
en modo alguno hacer un tratamiento acerca de la problemática del método
para sugerir una dirección que oriente las búsquedas que se puedan
realizar, sino solamente compartir de qué manera he orientado y
constituyo en perspectiva mis propias búsquedas.
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