El
maestro
La técnica Freinet y su significación como escuela activa
Algunos
conceptos importantes
Leer,
escribir, contar, enseñar, ¿y aprender? He aquí la palabra: aprender.
La ciencia,
desde sus orígenes como conocimiento que se comprueba en la realidad,
sigue en sus avances buscando soluciones adecuadas a los problemas de
cada momento. La humanidad, en su marcha permanente, también desde los
orígenes de la sociedad, continúa en la búsqueda de soluciones
concretas.
Enseñar.
Cuando un muchacho de edad apropiada llega a un taller de carpintería,
por ejemplo, empieza a recoger virutas. De esta manera comienza su
aprendizaje del oficio de carpintero. Lo mismo sucede cuando el hijo del
campesino acompaña a su padre en las labores del campo, o cuando un niño
principia a barrer el suelo en una modesta peluquería; y también, con
asombro alucinante, si tiene la posibilidad de entrar a una fábrica; va
a aprender. Aprende el oficio o no lo aprende, pero nunca habla si le
enseñan o no lo enseñan.
Cuando se
presenta a la escuela a la edad señalada, también va a aprender. Pero
antes, sus padres quieren que le enseñen; y el niño adelanta o no
adelanta: así razonan los mayores.
La
conversación habitual entre los padres cuando se refieren a los
progresos del hijo, o al estancamiento angustioso, suele ser de esta
manera: al niño se le enseña bien, o no se le enseña; el niño
aprende, o no aprende.
Pero también
la Naturaleza enseña, porque muestra. Enseña la vida, porque es dinámica.
Y enseñan de tal manera que, en rigor de verdad, no otra cosa es enseñar.
De la vida y de la Naturaleza se aprende.
El ser
humano, como producto de la Naturaleza y de la vida, en el campo de
labor, en la fábrica o en el taller, en la oficina y en sus ocupaciones
diarias, primero observa, ensaya, tantea, actúa... y aprende.
Pero
aprender no es el efecto inmediato, ni remoto siquiera muchas veces, de
enseñar, a pesar de que, como se dice corrientemente, cada día que
pasa se aprende una cosa nueva.
Únicamente
la escuela, lugar deliberado intencionalmente para aprender se
transforma en protagonista de enseñar. Obligación de aprender como
consecuencia inmediata y efectiva de enseñar. Obligación para el enseñado.
Y obligación más imperiosa todavía para el que enseña.
La letra con
sangre entra, era el lema de la escolástica. Expresión que dibuja el
costo del esfuerzo para el alumno que se siente obligado a sufrir
imposiciones, con tareas de pesadez y monotonía abrumadoras, en extremo
fatigantes. Aprender por obligación señalada con rigor y bajo métodos
autoritarios.
Enseñar
deleitando es el contrapeso que gráficamente expresa el modo diferente
de concebir la actividad escolar. Su propósito es lograr que se aprenda
de un modo placentero. El placer que se encuentra al superar las
dificultades, al vencer las resistencias, al encontrar satisfacción íntima
en la tarea.
De ahí se
pasa fácilmente a enseñar jugando. Al extremo que no faltaría quien
pudiera establecer la igualdad entre enseñar y jugar. Pero no; enseñar
no es jugar; aprender no es jugar; jugando sólo se aprende a jugar;
jugar y aprender son dos actividades diferentes, sus objetivos no son
los mismos: enseñar equivale a transmitir conocimientos sobre algo muy
concreto, jugar es una actividad necesaria para el desarrollo normal de
la personalidad y para mantener el equilibrio emocional. Los niños
deben jugar.
Pero los niños
deben aprender a trabajar, ya desde las primeras edades, en el ciclo
preescolar, aunque no distingan bien la significación de estos dos
conceptos. Cuando existe un propósito concreto en la actividad que se
realiza: pintar un árbol, dibujar una casa, modelar un objeto,
construir un juguete, contar un cuento, describir un paisaje, etc., no sólo
se trata de una ocupación placentera, como en el juego, sino de obtener
los mismos resultados que se expresan en la labor realizada: esto es
trabajo.
El juego
educa: el trabajo también educa, además, forma hábitos y permite la
manifestación de aptitudes. Se educa en la actividad.
La educación
consiste en el conjunto de influencias que se ejercen en la mente del
educando. El aprendizaje consiste en la formación de hábitos, de
habilidades, de destrezas, para asimilar ideas y para realizar tareas.
Educa la
familia, la casa, la calle, el cine, la radio, la televisión; educa la
escuela; educan las instituciones sociales. Al mismo tiempo, se aprende
en todos los momentos en que actúan sobre los sentidos las influencias
exteriores. Se trata de indagar sobre la calidad de tales influencias.
En esto es muy importante que existan objetivos comunes entre la
familia, la escuela y la sociedad, para que las influencias que recibe
el educando tengan un signo positivo, creador, que permitan el
florecimiento de las potencialidades humanas con el objeto de que el
individuo se pueda manifestar de un modo espontáneo y natural. Se trata
de proporcionar los medios para que el educando actúe libremente, sin
temores, sin sujeción a los esquemas inalterables, pero siempre con
arreglo a propósitos definidos, en los que él mismo pueda intervenir,
bajo la orientación del maestro.
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El
maestro
El maestro
es el factor más importante en la escuela. Es cierto que los elementos
que ofrece la industria, los medios didácticos modernos, aparatos,
libros de gran calidad, diapositivas, filmes, equipos para laboratorios,
etc., favorecen en gran medida la tarea de enseñar y aprender.
Aspiramos a una escuela en la que se pueda disponer de medios técnicos
en abundancia, pero lo decisivo para alcanzar resultados satisfactorios
siempre son la actividad del maestro, su capacidad para comprender a los
niños, su sentido de responsabilidad y su cultura y preparación. Por
ello es importante la preparación de los maestros en las nuevas técnicas
escolares.
Rechazamos
la idea de que el maestro nace: no sabemos en virtud de qué elementos
genéticos especiales que le inducen a ejercer esta profesión. No, el
maestro se hace; el maestro es capaz de prepararse bien y actuar de un
modo eficiente con los niños. Todo depende de la actitud que adopte
ante su tarea.
Es
evidente que el educador debe tener, en primer lugar, una actitud de
entrega apasionada a su labor, que se sienta estimulado continuamente
para comprender a los niños y a los padres de sus alumnos; al medio en
que vive y a la sociedad a la que pertenece. La identificación personal
con el trabajo es muy importante, ya que de nada le serviría al maestro
una buena preparación cultural y pedagógica si se encontrara a
disgusto con los niños o aceptara la profesión de enseñar como una
pesada obligación. El maestro debe sentirse feliz en su actividad
profesional.
En segundo
lugar, sus conocimientos generales deben ser lo suficientemente amplios
y sólidos para asegurar la respuesta adecuada a una situación, a un
problema y las múltiples circunstancias en que se desenvuelve. De ahí
que no es suficiente el dominio de los programas en el plano
estrictamente académico. Necesita asimilar especialmente los elementos
que determinan el desarrollo social, en sus aspectos más generales,
claro está como también aquéllos que está más directamente
relacionados con el ser humano individual: psicología, filosofía,
sociología.
En tercer
lugar, son fundamentales los conocimientos pedagógicos y las
experiencias de los educadores que han promovido los nuevos modos de
enfocar la actividad escolar.
Todo esto es
fácil cuando existe un verdadero espíritu de superación continuada.
Freinet señala
que es posible alcanzar una sólida preparación en el proceso mismo del
trabajo, “cuando los educadores se inicien, con prudencia, pero
seriamente, en el camino de la modernización”.1
Está claro
que no se pueden poner en práctica las técnicas modernas de enseñanza
sin la dotación indispensable de elementos materiales. Es evidente que
“no se pueden fabricar cacerolas sin las herramientas necesarias para
ello”. 2 Pero, conjuntamente con los medios materiales, hacen falta la
disposición de ánimo, el interés del propio maestro y el alma del
educador.
La
experiencia demuestra que un educador entregado firmemente a su tarea
puede alcanzar señalados éxitos, incluso en la adquisición de los
medios materiales indispensables para su trabajo —a veces con
abundancia—, si moviliza a su alrededor la buena voluntad de los
alumnos y de los padres de los alumnos. Hay muchos recursos disponibles
que nadie utiliza. Y siempre se encuentra el espíritu generoso capaz de
brindar una colaboración efectiva.
Con
sencillez y naturalidad, con verdadera devoción y con interés
por la tarea de renovación pedagógica es posible encontrar todos los
elementos necesarios que garanticen la modernización de la escuela.
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La técnica
Freinet y su significación como escuela activa
Dejaremos
que sea el propio educador francés quien nos ofrezca una información
precisa.
La pedagogía Freinet se sitúa, a partir de ahora, bajo el lema de
escuela moderna.
¿Por qué escuela moderna y no escuela nueva o de métodos activos,
para emplear las expresiones que se han hecho corrientes cuando se
quiere indicar una enseñanza que se titula progresista y que, en
cualquier caso, intenta superar un cierto número de errores e
insuficiencias de la escuela que llamamos tradicional? ¿Es que, en
nuestro caso, se trata de singularizarnos respecto a las otras
iniciativas, poniendo una etiqueta especial a nuestros productos?
Decimos escuela moderna y no escuela nueva, porque insistimos
mucho menos en el aspecto novedad que en el de adaptación a las
necesidades de nuestro siglo. Una técnica de la escuela tradicional
puede integrarse perfectamente en nuestras concepciones si permite y
facilita las modalidades de trabajo que nosotoros preconizamos. De
hecho, la escuela nueva, cuya aportación en el transcurso de la primera
mitad de siglo no podemos, a pesar de todo, ignorar, se ha quedado en la
teoría; apunta hacia un reconsideración de los principios.
Nosotros somos educadores que en nuestra misma clase intentamos poner en
práctica las ideas y los sueños de los teóricos, debiendo asegurar la
permanencia de nuestras funciones a la vez que nos aplicamos a hacerlas
más eficientes. Tenemos que crear el porvenir en el seno del presente y
del pasado, lo cual no es tarea que precise, en modo alguno, un
espectacular llamado a la novedad; lo que se necesita es prudencia, método,
eficiencia y un gran sentido humano.
Decimos escuela moderna y no métodos activos, porque esta expresión,
nacida a principios de siglo, podría dar a entender que el esfuerzo de
renovación provendrá de la introducción en nuestras escuelas de una
actividad manual, de trabajo o juegos, que será como una reacción al
excesivo intelectualismo de la escuela tradicional.
No pensamos
que la actividad, por ella misma, sea el elemento primordial de una
pedagogía válida. Anteponemos la concentración del trabajador, a
menudo silenciosa, en su tarea inteligente; una permanente actividad del
espíritu, que es como el antídoto de la pasividad tradicional.
Sé
positivamente que ciertos pedagogos dan a la palabra actividad el mismo
sentido profundo que nosotros aplicamos. Mas para evitar los
malentendidos, empleamos un término que dice exactamente lo que quiere
decir: escuela moderna.3
Debe quedar
bien claro —y Freinet se refiere precisamente a esto—, que no basta
para que la escuela se pueda considerar activa que en ella se vea al niño
ocupado, más o menos ordenadamente, en la realización de las tareas
que han sido preparadas por sus maestros. Tampoco es determinante que se
realicen muchos trabajos manuales o que se impregnen las clases de
movimiento, que puede ser indisciplinado y sin ninguna coherencia. Nada
más distante de la escuela activa que el criterio, casi siempre
distorsionado, de que en ella “los niños hacen lo que les da la
gana”, convirtiéndose en pequeños monstruos. A veces se ha
pretendido fundamentar la actividad casi exclusivamente en motivos
ocasionales e irregulares: que un niño lleva a la escuela un conejo y
ese día lo dedicaremos a hablar de los animales domésticos; si otro
lleva una cajita con hormigas atenderemos entonces a los himenópteros.
Concebir la escuela de ese modo tiene muchos peligros, entre ellos la
desorganización de las actividades y la superficialidad en el estudio.
Lo que es muy distinto cuando el objeto que se lleva a la escuela es un
elemento de la tarea de investigación que el alumno está realizando o
de la cual tiene que dar cuenta.
La escuela
activa significa que el niño actúa como agente y sujeto principal del
trabajo escolar de un modo responsable y eficaz, que realiza su vida armónicamente,
con libertad, pero en función de sus necesidades vitales y en un
ambiente adecuado en el que surgen motivaciones atrayentes, donde su
interés individual se halla perfectamente integrado al interés de los
demás en virtud de la cooperación y ayuda mutua de alumnos y maestros.
*
Texto extraído del libro: Patricio Redondo y la técnica Freinet Prólogo,
selección y notas de Ramón Costa Jou. sep setentas 123, México, 1974.
pp.40-50.
1 Celestin
Freinet, Modernizar la escuela, Edit. Laia, Barcelona, España, 1972, p.
36.
2 Ibid.
p.42.
3 Célestin
Freinet, Modernizar la escuela, Op. cit., Edit. Laia, Barcelona, España,
1972, p.36.