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EXPERIENCIAS EN PLANIFICACION DIDACTICA

Pablo Cazau

La planificación didáctica es un proceso mental mediante el cual el docente organiza un contenido de manera tal que pueda ser enseñado - según su propio criterio- de la forma más eficaz posible. La presente nota narra las experiencias en planificación didáctica de un docente con 26 años de experiencia.

No soy un experto en teoría de la planificación didáctica, aunque he planificado cursos y clases durante largo tiempo. Es más, cuando me enteré que existía algo llamado planificación didáctica, descubrí que era algo que yo venía haciendo desde siempre, sólo que no lo llamaba 'planificar' sino 'preparar una clase' (o 'armar el programa', en el caso de un curso).

Como se ve, se puede planificar una simple clase, se puede planificar un curso, una asignatura, una carrera y hasta se puede planificar todo un proyecto educativo. En la presente nota me voy a circunscribir a la planificación áulica, es decir, a la organización de los contenidos a enseñar en el restringido ámbito espacio temporal de una clase o de una conferencia de duración predeterminada.

1. La planificación es un proceso mental.- Planificar significa trazar un plan acerca de algo que se hará. En nuestro caso, se trata de trazar un plan sobre qué enseñaremos y cómo lo enseñaremos.

Inevitablemente, se trata de un proceso mental, que puede llevarse a cabo en nuestra oficina, en el colectivo, mientras cocinamos o cuando estamos acostados listos para dormir. Es un proceso mental porque consiste en pensar en la clase de mañana, y en qué diremos y cómo lo diremos. Por ejemplo, mañana debo hablar de la metapsicología freudiana, y entonces me pongo a pensar: "Bueno, podría empezar hablándoles de los tres principios metapsicológicos... mmm, pero no, esto puede ser muy teórico. Mejor empiezo con el ejemplo del tipo que tiene hambre y no encuentra comida en la heladera, y después les digo los principios metapsicológicos y cómo aparecen en ese ejemplo... Después podría pedirles que busquen ellos otro ejemplo". Todo este diálogo interno es un proceso mental donde yo estoy planificando qué diré y cómo lo diré. Cuando hago una planificación, incluyo por lo menos dos cosas: primero, qué contenidos voy a enseñar, y segundo, cómo los enseñaré. Esto último incluye a su vez dos tipos de actividades: las actividades que realizaré yo como docente, y las actividades que deberán realizar los alumnos.

Las actividades que yo realizo sirven para enseñar mejor los contenidos, y las que realizan los alumnos, para que los aprendan mejor. Las actividades del docente, llamadas también estrategias metodológicas (1) incluyen, por ejemplo, exponer oralmente un tema, mostrar un video, hacer un esquema en el pizarrón, etc., mientras que las actividades previstas para los alumnos son por ejemplo las discusiones grupales, las ejercitaciones prácticas, etc.

2. Lo planificado puede o no registrarse por escrito, aunque es mejor hacerlo.- Pensar en tantas cosas al mismo tiempo me obliga muchas veces a escribirlas, para organizarlas mejor y tenerlas presente en la memoria. Como señala Harf, "este proceso mental puede ser representado a través de un diseño capaz de informarnos a nosotros mismos y también a los otros sobre los alcances del plan o del proyecto trazado" (1). En el esquema adjunto presento un ejemplo de planificación hecha por escrito, que comentaré hacia el final de esta nota.

Desde ya, a veces no escribo lo que planifiqué mentalmente, sea porque mentalmente pude organizarlo bien, sea porque la clase que debo dar la dí tantas veces que ya me la sé de memoria, sea porque directamente no me queda tiempo. En este último caso, es común que vaya completando la planificación de la clase a medida que la dicto, aunque en realidad lo más correcto sería planificar primero y dictar la clase después.

Una vez me ocurrió de no tener tiempo para planificar una conferencia. Una noche me avisaron por teléfono si podía dar una charla sobre inteligencia emocional en una empresa al día siguiente al mediodía, me arriesgué y les dije que sí. Desde ya, el tema ya lo conocía pero nunca lo había planificado, o, para usar una terminología de Chevallard (2), nunca lo había traspuesto, vale decir, nunca lo había transformado para enseñarlo.

Finalmente, la planificación fue solamente mental pues no tuve tiempo de escribirla, y lo hice en el colectivo mientras viajaba hacia la empresa. La charla no salió como yo hubiera querido, pero pude hacer un papel decoroso y hacer quedar bien a quienes me contrataron.

Si uno registra por escrito su planificación, las cosas van mejor. Otro tanto ocurre en el alumno: aprender es un proceso mental, pero si toma agunos apuntes, tanto mejor. Un registro de planificación no es un transcripción textual de todo lo que diré o haré, sino un resumen, donde generalmente incluyo los siguientes elementos (ver por ejemplo esquema): a) La fecha de la clase; b) El título de la clase, es decir, el tema que desarrollaré; c) La secuencia de contenidos y actividades, si es posible en forma numerada. Siempre trato de identificar y diferenciar cuál será mi apertura, cómo será el desarrollo de la clase, y cómo haré el cierre.

3. Lo planificado nunca se cumple en la realidad.- Lo cual no habla de una planificación fallida sino, mas bien, de una planificación exitosa. Harf (1), por ejemplo, concibe la planificación como una sucesión de borradores, en tanto diseños constantemente reestructurados y reorganizados para adecuarlos a la realidad siempre cambiante del aula o los alumnos.

En principio, una planificación no termina nunca. Por ejemplo, una simple pregunta de un alumno en el medio de la clase puede obligarme a cambiar o reorientar lo que había planificado para esa misma clase o para próximas clases. Hay preguntas que tienen una alta calidad, y ellas siempre nos informan sobre lo que los alumnos no saben, pero también sobre lo que saben sobre el tema.

Como consecuencia de todo ello, no es raro que al final de la clase me vea obligado a agregar, suprimir o reordenar cosas en el registro escrito de la planificación original. En el ejemplo que presento al final (ver esquema), he consignado una pregunta de un alumno que me ha parecido fundamental, y que me obligó en clases subsiguientes a incluír la diferencia entre observación y medición.

Otras veces, las ideas que agrego son ideas que se me han ocurrido durante la clase o después de ella, lo que permite enriquecer lo planificado para futuras exposiciones. En ocasiones, por fiaca, ni siquiera las escribo, confiando en que podré recordarlas en el momento oportuno, lo que desafortunadamente sucede sólo algunas veces

4. La planificación no sirve para una sola clase y después se tira.- En principio, hago una planificación para una determinada clase, y además suelo registrarla por escrito en no más de una hoja oficio.

Durante la clase, algunas veces tengo esa hoja frente a mí a modo de machete, y otras veces no. Conozco colegas docentes que nunca usan machetes, o otros que siempre lo usan. Algunos llegan incluso a leer el machete durante toda la clase sin levantar la vista, con lo que corren el riesgo de seguir hablando cuando ya los alumnos se fueron o se quedaron dormidos.

Pero más allá de estas utilidades momentáneas del registro de planificación, igualmente siempre lo conservo por tres motivos principales: a) me servirá para una nueva clase sobre el mismo tema; b) me servirá para recordar qué temas expliqué y qué temas no expliqué en las clases, cuestiones que debo tener presentes a la hora de confeccionar preguntas de exámenes parciales o finales; y c) me servirá como consulta para encontrar recursos didácticos para otros temas. Al respecto, hay ciertas metáforas lo suficientemente fecundas como para ser utilizadas en la enseñanza de cosas muy diferentes entre sí.

5. La planificación puede fallar.- La planificación didáctica tampoco escapa a las leyes de Murphy, y para muestra basta el siguiente ejemplo. En una oportunidad, había planificado cuidadosamente un tema que debía enseñar en una asignatura del nivel terciario. Todo contento, al día siguiente empecé la clase y... en la mitad de la misma ya había dicho todo lo que había planificado. Mi mente comenzó a pensar rápidamente que haría los restantes 40 minutos, y finalmente tomé dos determinaciones: primero ordené un recreo de quince minutos, a lo que los alumnos accedieron gustosos, y segundo, aproveché los quince minutos para pensar qué haría. Finalmente, les dí una actividad de discusión grupal sobre lo que habíamos hablado, aunque creo que los alumnos se dieron cuenta de lo que me había pasado. Este error, que data de mis primeros años como docente, fue fructífero: nunca más lo volví a cometer.

6. Un buen docente es un buen planificador, pero un buen planificador no es necesariamente un buen docente.- Entre otras cosas, un buen docente enseña según un cierto orden u organización, y para ello tuvo obligatoriamente que haber organizado el material, es decir, tuvo que haberlo planificado.

A la inversa, he conocido gente que sabía planificar una carrera, una asignatura, un curso y hasta una clase, pero no sabían dar la clase. Por comparación, se me ocurre pensar en los ingenieros que pueden proyectar una construcción, pero que no saben -ni tampoco tienen por qué saberlo- clavar un clavo o poner un ladrillo.

7. Se puede planificar y estudiar al mismo tiempo.- Cuando no conozco el tema que debo desarrollar, antes de hacer la planificación o a veces al mismo tiempo, estudio el tema en cuestión. En ocasiones, en un rapto de audacia, lo estudio y lo planifico a medida que lo expongo ante los alumnos, pensando en aquello de que el docente enseña lo que necesita aprender. En estas ocasiones, a veces me va bien y otras veces me va mal.

8. La planificación puede ser controlada.- No hay que olvidar que la planificación didáctica cumple su objetivo cuando el alumno aprende, por lo que la forma de controlarla es a través de la evaluación continua de este aprendizaje. Si algo va mal, si los alumnos no aprenden, deberá revisarse, entre otras cosas, lo planificado.

Hay muchas formas de evaluar, siendo una de ellas el análisis de los apuntes que los alumnos tomaron en clase, que constituyen uno de los resultados materiales de la planificación. De hecho, a veces se los pido con este fin, pero también para recordarme qué temas les expliqué cuando en su momento no tomé la precaución de registrar por escrito la planificación de la clase.

Otras veces les sugiero que graben la clase y me entreguen la desgrabación. A cambio, yo les devuelvo esta desgrabación corregida y eventualmente ampliada (esto es para mí una forma de controlar lo planificado), como para que pueda servirles como material de estudio.

Un ejemplo de planificación.- El esquema adjunto es la transcripción de la planificación escrita de una clase dictada en la cátedra de Investigación Psicopedagógica I de la Licenciatura de Psicopedagogía (Universidad de Belgrano). No sé si es la mejor forma de exponer por escrito lo planificado, pero es la forma en que habitualmente lo hago.

Ejemplo de transcripción escrita de la planificación de una clase

Clase del 17/6/98

Tema: Instrumentos de recolección de datos en investigaciones exploratorias

1) Cuando fue la última vez que recolectaron datos?

Estilos: obsesivo, histérico, técnica del esclavo, técnica onírica, etc. Esto lo llevan luego al consultorio.

 

2) Primer instrumento: investigación bibliográfica

Explicación niveles de análisis: del libro al sufijo.

Títulos: lectura de un texto sin título. 3 preguntas finales.

Búsqueda bibliográfica: tesoro con pistas (tipo recreo).

 

3) Segundo instrumento: la observación

                                                                                                               Lámina del bosque (ver sin mirar)

                                               Interferencias subjetivas

                                                                                                               Enigma del chofer (oír sin escuchar)

Nunca es objetiva

                                                                                                               Lámina del pájaro

                                               Influencia del marco teórico

                                                                                                               Experimento escotoma

 

4) Próxima: recolección de datos en investigaciones descriptivas (cuestionario, entrevista, test). Lean cap. 8-9-10 de Selltiz

 

Pregunta de alumno: diferencia entre instrumento de recolección y de medición.

 

Este ejemplo en particular tiene como característica que contiene relativamente pocos contenidos informativos y mayor cantidad de actividades o experiencias prácticas, lo que hice para poder motivar más a los alumnos, habida cuenta de la aridez del tema. Si hubiese incluído mayor contenido informativo, probablemente el registro de la planificación hubiese ocupado media carilla más para explicitarlos.

Luego de haber leído el registro del esquema adjunto, el lector habrá entendido poco, porque se trata de un registro que usé para mí, no para otros. Para aclarar algunos puntos del mismo, valgan las siguientes consideraciones.

En esta planificación he pensado como apertura una pregunta a toda la clase acerca de cuál fue la última vez que recolectaron datos, como para que puedan rápidamente ubicar esta operación con algo de la vida cotidiana. Por mi experiencia, hay mucha variedad de respuestas, pero ninguna es la correcta, porque la última vez que recolectaron datos es en esta misma clase, al tomar apuntes.

Les cuento luego que hay varias formas de tomar apuntes de lo que dice el profesor: el estilo obsesivo que transcribe todo, hasta los más pequeños detalles, la técnica del esclavo, consistente en dejar que otro tome apuntes y luego uno le saca fotocopia, etc. Les muestro que son todas técnicas o modalidades de recolectar datos que incluso vienen arrastrando desde la secundaria, y no por ello son las más eficaces. Algunos, incluso, transladarán las mismas modalidades luego, ya recibidos, cuando deban registrar lo que les dice un paciente, en el caso de los estudiantes de psicología. Les propongo luego discutir cuál sería la forma correcta de tomar apuntes, para que empiecen a vislumbrar cómo se recolecta información en el curso de una investigación exploratoria.

Luego, paso a explicar dos instrumentos importantes de recogida de datos: la investigación bibliográfica y la observación. Luego de una breve definición teórica de cada una, pasamos a hacer actividades que son al mismo tiempo motivantes, y eficaces en cuanto a su potencialidad para generar aprendizaje. En el registro de la planificación, he anotado las diferentes actividades que desarrollaré yo y que desarrollarán los alumnos. El cierre de la clase, finalmente, se refiere casi siempre a un anuncio del tema de la próxima clase, y alguna indicación de lectura bibliográfica. Concluído el dictado de clase, agrego al registro de lo planificado todo aquello que dije en ella y no registré originalmente, agrego los aportes de los alumnos (por ejemplo, sus preguntas), y finalmente tacho aquello que no quise o no tuve tiempo de explicar.

Pablo Cazau Lic en Psicología y Prof de Enseñanza Media y Superior en Psicología

Buenos Aires, Enero 1999

(1) Harf Ruth, "Poniendo la planificación sobre el tapete", artículo sin mención de fecha y editorial, que forma parte de la bibliografía de la cátedra de "Didáctica Especial y Prácticas de la Enseñanza" (Profesorado de Nivel Medio y Superior en Psicología, Facultad de Psicología, Universdad de Buenos Aires, 1998).

(2) Chevallard Yves, "La transposición didáctica" (del saber sabio al saber enseñado), Aique, Bs. As., 1997.

Extraído de RedPsicología

 

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