El
espacio y la función que las instituciones poseen en la existencia
humana, es de gran presencia; mas allá de la actividad que desempeñen.
Todo
sujeto tiende a incluirse en algún tipo de estructura social, sea
dual, grupal o institucional.
Desde
una relación de pareja, una agrupación como la familia; hasta
instituciones de mas envergadura como las educativas, artísticas,
laborales, sanitarias, etc.
Si
bien todo sujeto que se incluye en este tipo de relación entra en una
dialéctica con la insignia de la institución y sus pares, a través
del mecanismo de identificación explicitado por Freud, falta definir
porque esta identificación se establece y que tipo de
identificaciones entran en juego, qué persiguen los sujetos que se
arropan con las insignias institucionales o porque el discurso
institucional tiene una presencia tan marcada en la existencia humana.
El
sujeto actúa según sus parámetros psíquicos individuales, a través
de los cuales puede establecer un vínculo conflictivo, de sintonía o
de obsecuencia en su relación con la estructura institucional.
Todas
estas características del sujeto con la institución, referidas a su
causa, están vinculadas a la posición que el sujeto forjo ante
aquellos que han ocupado un lugar preeminente para el (en psicoanálisis,
el lugar del Otro, lugar donde se constituye el sujeto, estructura del
lenguaje).
De
aquí encontramos que el sujeto se aviene a la insignia de la
institución, siguiendo sus lineamientos conceptuales, sean estos de
orden, de esfuerzo, morales, de conducta, políticos, críticos, etc..
Los
preceptos de una institución tienen una presencia dominante sobre el
sujeto, pues ellos conforman un sistema escenificado, proyectado de la
estructura de lenguaje en la que se conforma un sujeto. Tal es así
que la institución como sistema es una construcción del sujeto.
La
institución es una escena, escena de una escena, o escenas
superpuestas, según sea el caso; donde el sujeto desarrolla sus
propias construcciones psíquicas. La institución es instituida por
el sujeto y no cumple un lugar de instituyente para este.
El
papel mas importante de una institución, aparte de constituirse como
escena, es el lugar de poder que ocupa para el sujeto, lugar donde el
sujeto viene a jugar la modalidad de relación que ha establecido con
este Otro (lugar del poder).
busqueda
en el marco institucional
¿Pero,
cual es la razón que moviliza a un sujeto para acercarse a una
institución?, y no me refiero a la búsqueda de un beneficio,
bienestar, gratificación, escapar al desamparo o el vínculo con el
semejante, pues tomar en cuenta estos conceptos como causa resulta una
forma muy simple de explicar una situación más compleja.
La
estructura del lenguaje(lugar del Otro por excelencia), determina para
el sujeto posiciones con sus consecuentes acciones; entendiendo que la
inhibición o la angustia son modalidades de acción del sujeto
respecto al poder de este Otro.
En
este sentido el psicoanálisis nos aporta un amplio desarrollo
respecto al sujeto y la forma de constituirse y alojarse en el
lenguaje, en su inicio existencial.
La
primer alienación e inclusión donde se constituye todo ser humano es
el lenguaje como estructura (en general representado y sostenida por
las figuras paternas), este lugar de poder por excelencia es donde el
sujeto, por decirlo de alguna forma, adviene a un ser, el cual estará
en esta perspectiva dedicado a escenificar una y otra vez esta relación.
En
el encuentro con una estructura institucional todo sujeto pone en
juego su propia estructura subjetiva, lo cual no solo determina su
posición allí, sino también el tipo de institución elegida.
A
los efectos de este escrito podríamos rescatar algunos nombres
comunes para la presencia de este Otro, donde se constituye el sujeto,
y que luego aparecen proyectadas en el funcionamiento institucional.
Me
refiero, a la función del Amo y del Saber; pero teniendo en cuenta
que en el campo donde estamos, estas figuras están referidas a
discursos estructurados, y que los sujetos según sea el caso se
ubican de distintas formas en estas estructura, según su constitución
psíquica previa.
Todo
sujeto que se inscribe en un lugar de este discurso o estructura
institucional, previamente tiene una posición ya tomada respecto a la
falta o la castración de este amo y este saber. Podemos mencionar
algunas cuestiones que entran en juego al incluirse un sujeto en una
organización humana.
Un
sujeto se presenta con una demanda en la institución, adjudicándole
al saber institucional la posibilidad de satisfacer esta demanda.
Teniendo en cuenta que la demanda en el campo del lenguaje es la
figura a través de la cual se establece el vinculo del sujeto y el
Otro.
Se
objetiviza, se corporiza en la figura de los eventuales representantes
de la institución el poder satisfacer dicha demanda.
Por
el hecho de adjudicársele a una institución este lugar de saber o de
amo respecto a esta demanda, el sujeto le adjudica a la institución
un lugar de poder.
El
sujeto que se inserta en la estructura institucional puede
identificarse con el lugar dominante, o su inverso.
El
arribo de un sujeto en la institución esta referida a encontrar en
ella un vacío una falta que cubrir, ya que es allí donde se inserta.
Mas
allá de los objetivos inmediatos (religiosos, políticos, artísticos,
educativos, etc.), siempre esta pulsando el tema de la falta, sea esta
de parte del sujeto o de parte de la estructura institucional donde se
inserta el sujeto.
El
tema de la muerte en su impronta mas real, o la búsqueda de un objeto
(en su perspectiva del ser o tener) que permita metaforizar a esta.
Esta temática de la muerte tan desarrollada por el psicoanálisis
como la castración o la falta en la estructura subjetiva; falta que
el sujeto aprende a conocer inicialmente en esta figura del Otro,
mencionada anteriormente, la cual va a jugar un papel tan determinante
en los avatares de su existencia.
Los
objetivos inmediatos de una institución ( religiosos, económicos,
políticos, educativos, moral, prohibitiva, etc.) son construcciones
escenificadas de una estructura simbólica que intenta domesticar y
elaborar un real que no cesa de hacerse presente en la existencia
humana.
Hay
otra cuestión importante en esta complejidad y es la presencia del
objeto; presencia material que muchas veces se la quiere explicar
fuera de la estructura del lenguaje.
Como
en el caso del dinero (objeto predominante socialmente), este resulta
ser un efecto metafórico de otro objeto; aquel a través del cual el
sujeto intenta evitar la castración de aquel Otro a través de quién
se constituyo, objeto que a su vez marca su propia castración.
Objeto
que en el psicoanálisis se lo ha tematizado de muchas formas, en
Freud como aquel objeto perdido del deseo, pero también como aquel
que causa el deseo humano; teniendo en cuenta que este objeto debe ser
abordado como ausencia, como falta, y que a través de la lógica de
su ausencia (y su búsqueda), en el campo en que estamos se constituye
la realidad institucional mas visible.
La
ausencia de este objeto actúa como motor en la construcción de las
estructuras institucionales, pues tanto su ausencia como su fugaz
presencia son la mas fiel demostración de la falta.
Todo
objeto visible en la existencia humana, remite a una estructura, a una
lógica del lenguaje que lo produce. Es en el objeto (en su presencia
de causa o en su expresión mas manifiesta) donde cae todo el peso y
la dialéctica de la falta en el ser humano, de allí que el psicoanálisis
le halla ofrecido un concepto tan brillante como el de deseo, aunque
sea para nombrar su ausencia.
Tal
es así que el discurso del amo y del saber arman una estructura para
acorralar, domesticar o circunscribir esta ausencia, dejando al
descubierto sus constantes tropiezos, al perseguir una quimera.
La
Institución puede presentar una doble faz:
1.
en un sentido intenta aparecer como un sistema absoluto y sin falta
(el Otro como no castrado u Omnipotencia del poder institucional),
siendo el sujeto convocado con el fin de trabajar para sostener este
poder de amo. Allí el sujeto es definido como objeto de la feroz
voracidad institucional.
2.
La institución puede mostrarse no tan omnipotente, medida suficiente
para que el sujeto pueda realizar un despliegue de sus propias
preguntas y respuestas; para que esto se produzca algo de la falta
(castración) debe estar presente, tanto de parte de la institución
como de parte del sujeto. Por Ej. En una institución de salud mental
donde un sujeto llega con un malestar; si este es obturado con un
saber profesional nada del sujeto y sus posiciones podrán
desplegarse. En este sentido el psicoanálisis es resistido, ya que el
mismo apunta a que la falta se produzca y se sostenga, único medio
para que el sujeto haga aparecer su propia verdad y no la de un saber
ya instituido.
El saber el amo y el
poder institucional
La cuestión del objeto
como causa (en su aspecto mas real y radicalmente perdido), y la
metaforización que hace el sujeto de el (intento de captar el objeto
real en el plano simbólico e imaginario), nos permite también pensar
la dialéctica del ser y del tener, cuestiones que ordenan
funcionamientos institucionales.
Debido a que el sujeto
intenta encontrar en estos objetos metaforizados (por Ej. dinero) el
objeto real de su falta, es que muchas veces, sujetos e instituciones
se aferran a el con un ahínco desmedido.
Esta acumulación que se
hace en la funcionalidad institucional o existencias individuales
dentro de la institución, lleva a la ilusión de pensar, que poseer
determinado objeto, o ser admirado por su posesión, da poder para
desafiar la mortalidad o la castración.
Cuanto mas se objetiviza
la existencia en la fijación o acumulación de un objeto, mas se
aliena el sujeto de su verdad, que es la falta estructural que nada la
puede completar, siendo esta falta precisamente la que constituye el
motor de su existir.
Tal es así que la
angustia resulta ser una señal cruda de esta posición del sujeto
ante su falta, y ante la cual coloca la imagen como un intento fallido
de obturación.
Otra vía muy importante
en el desarrollo humano respecto a la dialéctica del ser y la falta
es abordada a través de la idealización, horizonte al que el sujeto
adscribe como forma de pretender subsanar la falta antes mencionada.
Así mismo, la negación,
el temor, la rivalidad, una actitud defensiva, una creencia de
persecución, etc, son posiciones en las que el sujeto se va
decantando en su intento de negar la castración de un Otro (que
conforma la suya), y a través de las cuales se van armando
realidades, a veces con la conformación de instituciones y en otras
oportunidades adscribiendo a organizaciones sociales que poseen dicho
perfil.
Por lo planteado, no hay
objeto alguno que pueda suplir esta falta estructural, que promueve la
acción humana en pos de un encuentro que nunca se logrará. Respecto
a la función del amo o del saber institucional, no necesariamente están
representadas por una persona de carne y hueso, ya que como expone
Freud en Psicología de las Masas el amo puede ser una idea, y en
ultima instancia quien eventualmente represente como líder a dicha
institución, sostendrá como dirigente la promoción irrefutable de
dicho sistema de ideas.
La fe y la creencia
rayana con la certeza en este conjunto de ideas, es una característica
de estas instituciones amo. Respecto a las instituciones organizadas
como discursos de amo (iglesia, ejercito, otras instituciones sin
importar su actividad), el sujeto tiene una posición menos plástica
que en las instituciones que se sostienen en el saber, ya que su lugar
es de una obsecuencia menos cuestionadora.
Los preceptos que
emergen de dicha estructura institucional suelen ser dominantes y rígidos.
Si bien la función del
amo y del saber esta presente en toda institución una de ellas suele
ser dominante respecto a la otra.
En lo referente a la
articulación del poder, este da al sujeto la suposición de poseer el
objeto de la falta; es decir que las cuestiones del ser y del tener en
la identificación con el lugar del amo, o la detentación del saber,
le dan al sujeto la fantasía de resolver esta falta estructural.
las instituciones de
salud mental
El saber respecto al
sujeto y su malestar, esta muy lejos en la mayoría de los casos, de
resolverse.
Se parte de un lugar erróneo
por parte del saber institucional o profesional, que para el caso es
el mismo.
Se expropia al sujeto
del saber de su propio malestar, adjudicándosele un camino formateado
previamente.
Las llamadas
enfermedades mentales son la manifestación de las posiciones del
sujeto, allí donde este nada quiere saber de la castración, y donde
más se empeña el sujeto en presentificar la completud mas se
"enferma". El discurso institucional hace de la enfermedad
una entidad de saber y poder donde el sujeto finaliza como objeto.
En reiteradas
instituciones de salud mental el paciente es colocado en el lugar de
objeto para que no aparezca la ignorancia (la falta) del profesional o
institución, que para el caso es lo mismo. El agravamiento del
paciente en su malestar (agudo-crónico), suele mostrar la castración
de la institución, la cual reacciona, a través de internaciones mas
represivas o planes psicofarmacológicos mas severos, planteándose un
espiral ascendente.
Hay un saber instituido
en la mayoría de las patologías llamadas graves, como pueden ser la
psicosis, las adicciones, la depresión, la anorexia, la bulimia,
etc..
Las instituciones que
mayor peso tienen en el tratamiento de estas psicopatologías,
trabajan a través de la internación, la psicofarmacología y el
intento de modificar y condicionar conductas.
Normalmente no se
conocen estudios estadísticos rigurosos que permitan conocer quienes
ingresan, cuales egresan, que cantidad, en que condiciones egresan,
que porvenir social tienen, etc..
En otros casos hay
instituciones que centran su operatividad colocando en el centro de su
atención la cuestión económica. Por ello es importante definir cual
es la ética que persigue una institución de salud mental, si el
dinero, una recuperación transitoria, un acondicionamiento de
conductas desviadas, amoldamiento a un modelo de salud, cumplir con
una imagen de prestación ante la demanda, etc.
Bajo la rubrica de la
enfermedad mental se desarrolla un saber psicoterapéutico, donde se
divide infinitamente al sujeto en dialécticas sociales que arman
escenas de psicología, psiquiatría, terapéuticas familiares, terapéuticas
de parejas, terapéuticas grupales, etc.; cuando el sujeto y su
malestar solo necesita alguien que lo escuche en su particularidad y
le permita descifrar su posición respecto a su falta estructural.
Hay una disonancia entre
el autónomo saber institucional y la verdad que aqueja al sujeto.
Se plantea como salida
inmediata una clínica del tener o del ser y no una clínica de la
falta. De esta forma se desconoce que el trabajo de la psicopatología
requiere de caso por caso, no siendo posible el ahorro de la
masificación grupal.