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Rodulfo
La
subjetivación y los jugares
¿En qué proceso de
subjetivación interviene el jugar?
El único criterio para decir que algo pertenece al terreno de lo lúdico
es que haya circulación libidinal, que haya deseo, el juego tiene como
objeto la búsqueda de significantes del sujeto armando superficies de
relativa continuidad. El efecto de entubamiento es fundamental en la
construcción del cuerpo como una superficie continua que se diferencia
del otro y se pone de manifiesto en infinitos juegos de inclusión. La
tarea originaria del bebé cuando viene al mundo es tratar de encontrar
significantes que lo representen, porque no lo encuentra todo hecho, el
bebé va haciéndose un cuerpo que nada tiene que ver con el anatómico
que ya posee, porque desde el punto de vista simbólico no es suyo. Esto
lo hace transformando las demandas que vienen del entorno, (significantes
del superyó), en material de juego: agujereando, extrayendo, aceptando,
dejando caer, en una representación de él mismo y no solo del que lo
ordena, en una forma de buscar su lugar.
Otra función subjetiva del jugar, que se da luego de una relativa
continuidad del cuerpo como superficie, es la operación simbólica dada
en los juegos de escondite, donde el sujeto disfruta de la desaparición
visual del otro por tener su representación mental construida. "El
niño cobra noción de este flamante y extraño poder que va
independizando su consistencia de la presencia concreta del otro
primordial". El jugar va a contestar entonces a preguntas como:
· ¿Cómo puede existir algo en calidad de ausente?
· ¿Cómo puede tener estatuto de existencia algo que no se otorga como
visible?
· ¿Cómo se puede ir a buscar algo que no está?
Diferencias entre el jugar, el aprender y el trabajar.
El jugar está ligado por el autor Rudolfo, no como en las psicologías
evolutivas en sentido de una actividad preparatoria para la vida adulta
(actividad puramente adaptativa), sino como eje de la producción
subjetiva y relacionado con el proceso primario, teniendo un carácter
secreto homólogo al del sueño y estando exclusivamente ligado al
principio del placer.
El aprender, en cambio, está dado como un plus logrado por añadidura
cuando lo perverso y lo delirante se transforma a través de una circulación
del deseo en lúdico, ayudando este aprendizaje a convertir al sujeto en
adulto. Cuando el aprendizaje (o sea el desarrollo del proceso secundario)
queda atrapado en el régimen de una actividad sólo adaptativa comandada
por el superyó al servicio del deseo del otro, cuando la actividad
escolar por ejemplo no se ve intrincada por el jugar, el niño no podrá
tener buenas notas.
El trabajo como categoría simbólica central de la actividad adulta tiene
una primacía de procesos secundarios en el diseño de los proyectos
anticipatorios, cuenta con una paga convenida, y necesita que una cantidad
importante de deseo que se manifiesta en la actividad del jugar pase al
trabajo, poniéndose en un circuito comunicable más amplio y con otras
reglas, ya que "allí donde calla el deseo, donde se acaba el jugar,
el sujeto está perdido".
Diferencias y similitudes entre los jugares de los niños y los
adolescentes.
Hay un cambio radical en los materiales que se utilizan a lo largo de los
momentos de subjetivación, por ejemplo en el bebé que jugaba con las
partes de su propio cuerpo y las del otro, hasta cuando juega con muñecos
u otros objetos, dibujos o modelado. En la adolescencia también se
construyen superficies, cambian los modos de hacerlo.
En cuanto a la primera función del jugar en cuanto a la especularidad, en
la metamorfosis de la pubertad, la imagen que retorna no ayuda a construir
superficie sino que desarticula más, intensifica la desarmonía, el
espejo devuelve una imagen de un ser grande desconocido.
En cambio nuevas bandas se fabrican en relación con nuevas
personificaciones o encarnaciones del yo ideal o al grupo de pertenencia,
estas nuevas imágenes apuntan a restablecer cierta continuidad perdida,
por eso la relación del grupo con el adolescente no puede entenderse como
algo interno - externo, sino como un espacio de inclusiones recíprocas.
También se retoman en prácticas que pretenden dar cuerpo o restablecer
aquella antigua superficie, la masturbación, buscando reunificarse en el
placer genital como eje para reunir la dispersión. Otro intento de reunir
la dispersión de la superficie puede darse en períodos de suciedad que
al adulto le cuesta tolerar, o el uso continuo de ropas que se vuelven
uniformes, comportamientos típicos del niño buscando restituir la
superficie rota.
El for - da entendido como operación constituyente experimenta un
replanteo a nivel del par familiar - extra familiar, para el adolescente
se trata de desaparecer de todas las categorías familiares que
organizaban su vida en lo simbólico, sus núcleos de identidad, de
reconocimiento habitual. El significado de jugar a las escondidas, pasando
por tantas modas, ropas, fachas se constituirían en equivalentes de
juegos de aparición, desaparición.
Condiciones del trabajar.
Una de las tareas decisivas del adolescente es la metamorfosis de lo
esencial del jugar infantil en trabajar adulto. La clave de esta mutación
donde jugar implica trabajar reside en que el deseo inconsciente migre de
un campo al otro e invista subterráneamente al trabajo tal como lo venía
haciendo con el juego. Lograr que el trabajo cualquiera que se a pueda
investirse como juego va a ser fundamental para terminar con la dicotomía
jugar - trabajar que hace estragos en la vida del adulto.
Diferencias de la concepción de juego en Piaget, teorías del aprendizaje
y el psicoanálisis.
· El fenómeno lúdico fue concebido por las psicologías del tipo
evolutivo como la de Piaget como una actividad del tipo preparatoria para
la vida adulta, actividad meramente adaptativa. El juego se distingue en
tres modos: juego ejercicio, juego simbólico y juego reglado.
· El juego en las teorías del aprendizaje es considerado como un
desgaste superfluo de energía, una reproducción de ciertas funciones
realizadas por nuestros antepasados como un estímulo, mantenimiento y
fijación de funciones recientemente adquiridas y desarrolla al mismo
tiempo la purificación de tendencia antisociales.
· El juego para el psicoanálisis es la actividad por excelencia
generadora de placer que va a permitir construir la subjetividad del niño,
determinándose como un sujeto distinto de los demás, construyendo una
superficie continua en su cuerpo, permitiendo la construcción de
significaciones que le van a servir toda su vida.
ü Funciones del pasear, el jugar, la risa, la alegría.
El salir de paseo para los niños es un deseo, una exigencia más o menos
vital, que forma parte mucho más del mundo de los deseos que de los
deberes se espera del paseo una liberación de los deseos, uno se va a
pasear fuera casi de una situación que tal vez lo afixiaba.
En el paseo el que pasea encauza su deseo y trata de articularlo a su vida
concreta permitiendo algún tipo de descubrimiento. No es una diversión
ni un pasatiempo y no debe ser considerado así por el educador, ni mucho
menos.
En el humorizar la educación por ejemplo, se logra fisurar el
aburrimiento instalado entre el educador y el educando dejando un espacio
para que el otro se ubique allí, al humorizar el que trabaja en educación
sabe que mueve en el otro una algo que conoce y provoca una cantidad de
disparos internos que movilizan cosas, así como se puede educar a otro,
pero no enseñarlo, divertirse como aprender es algo que se hace con otro,
no a otro.
Divertirse es diferenciarse, es hacerse diferente, es humorizar, es
asemejarse en la diferencia, se aburre quien no consigue divertirse, quien
se ha dejado robar la posibilidad de elegir , quien ha entregado al otro
la decisión de que es lo que debe pensar.
Cómo puede incluir estas funciones en la escuela y por qué cree que es
necesario hacerlo.
Aprender supone construir conocimientos, significar desde el saber la
información. Enseñar no es entonces una ciencia, menos aún una técnica.
Enseñar es posibilitar espacios de significación, promover preguntas y
posibilitar identificaciones, investir al otro de carácter pensante.
El papel del maestro es entonces abrir un espacio donde se pueda aprender
y jugar. Para que esto sea posible y no una tarea más la maestra, el
maestro necesitará autorizarse a reencontrar su personal espacio de
aprender, jugar y humorizar. El profesor construye y posee conocimientos,
pero su función no es transmitir información, sino propiciar
herramientas y un espacio adecuado donde la construcción del conocimiento
sea posible, a través de juegos, paseos y humor que quiebren con el
aburrimiento que es modalidad propia de la escuela.
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