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CONSTRUCTIVISMO: UN
LARGO Y DIFICULTOSO CAMINO DESDE LA INVESTIGACIÓN AL AULA DE CLASE Araceli
de Tezanos* A
MODO DE INTRODUCCIÓN Los
argumentos que presento a continuación están marcados por mi propio
camino que se inicia en mi formación como maestra, atraviesan el mundo de
la investigación y llega a
mi trabajo como consultor de un programa nacional cuyo propósito general
es promover el cambio educativo en Chile, particularmente en lo
relacionado con promover la transformación en las prácticas pedagógicas de los
docentes del nivel medio del
sistema. Es en este ámbito donde la temática del constructivismo se hace
presente, y fundamentalmente, la denominada pedagogía
constructivista, como una alternativa posible para dicha transformación.
En este contexto, la pregunta que surge es cómo se produce el traspaso de
los hallazgos y aportes de la investigación a la sala de clase. Este
interrogante me ha acompañado en las diferentes instancias de mi carrera.
Por lo tanto, la estructura de esta reflexión se articula sobre las
siguientes temáticas: 1.
Aquellas
referidas al mundo de la investigación en horizontes disciplinarios cuya
intencionalidad está en generar explicaciones, hipótesis e
interpretaciones sobre procesos de aprendizaje, en consecuencia,
vinculados a la sala de clase y a la labor docente, particularmente
centrada en la relación entre epistemología y psicología, traída de la
mano por la argumentación constructivista. 2.
Las que
interrogan a la praxis pedagógica de los maestros y a la construcción de
saber pedagógico y de cómo en estos dos ámbitos se inscriben o llegan
los resultados alcanzados en el mundo de la
investigación sobre el aprendizaje. CONSIDERACIONES
SOBRE EL CONSTRUCTIVISMO COMO CAMPO INVESTIGATIVO Y EPISTEMOLÓGICO Este
aparte del documento es breve, en tanto algunas consideraciones sobre el
constructivismo ya fueron publicadas (Tezanos, 1996). Sin embargo, me
interesa relevar, en esta ocasión, el hecho que el constructivismo emerge
a partir de la interpelación crítica que se realiza desde el mundo de la
investigación y, respondiendo a las tradiciones instaladas en la
comunidad científica, a los planteamientos teóricos de los estudios
piagetianos y a una suerte de re-descubrimiento de los trabajos de
Vigotsky. En algunos otros casos, se incluyen
elementos referidos a los procesos interactivos y a la constitución
de significados recogidos tanto de aparatos disciplinarios sociológicos
(Berger y Luckman, Shutz) como antropológicos (Geertz). Sin embargo,
estos dos últimos no me parece pertinente considerarlos en el contexto de
mis argumentos, en tanto están ausentes en los argumentos acerca de la
transformación de las prácticas pedagógicas que, en general, recurre a
los hallazgos del campo de la psicología en concordancia con la tradición
instalada desde principios del Siglo XX, a través de la propuesta de la
Escuela Activa[1].
. Y en relación con el primero, y fundamentalmente en lo que respecta a
las disputas entre piagetianos y vigotskyanos, considero que el artículo
de Werstch y Cole (1993) zanja la discusión cuando se afirma que «no
dudamos mucho acerca de que hay mucho que aprender todavía tanto de
Piaget como de Vigotsky y en muchos casos las fortalezas de un teórico
complementan las debilidades del otro». Desde
la delimitación autoimpuesta a mis argumentos para este documento, lo
fundamental de los teóricos e investigadores enmarcados en el
constructivismo, radica en las conceptualizaciones producidas, a partir de
un cambio de eje temático e interpretativo, en el campo de la investigación
psicológica, que transcurre del aprender al conocer[2].
. Sin
duda, apelar al conocer y al conocimiento como un concepto que explica e
interpreta las relaciones entre un sujeto, bio-socialmente constituido y
un objeto tanto en su carácter natural como en aquel que es producto del
trabajo humano, pone sobre la mesa un tema sustantivo tal como es el de
las relaciones entre epistemología y psicología. Relaciones que, a mi
juicio, trascienden aquellas conversaciones denotadas por los enfoques
investigativos y las discursividades epistemológicas que los sustentan, a
través de los cuales los campos disciplinarios, en este caso la psicología,
construyen sus aparatos conceptuales. Por
otra parte, como el lenguaje siempre permite mantener una cierta condición
lúdica en la argumentación, desde la literalidad puedo decir que este
horizonte cognitivo de la psicología es compartido por la epistemología,
en tanto trabajan casi sobre la misma estructura de conceptos de base. Sin
embargo, no sólo es la literalidad, ya que las interrogantes a las que
apela Piaget, en las conclusiones de los estudios sobre la construcción
de la realidad y la causalidad física, remiten a esta misma problemática.[3] Desde mi punto de
vista, considero que el constructivismo instala la necesidad de clarificar
de qué sujeto y de qué objeto estamos hablando y desde dónde se connota
su significado, en una línea apenas demarcada y brumosa en los discursos
que separa a las formas enunciativas epistemológicas de aquellas psicológicas.
Puesto que así como el constructivismo psicológico es heredero más o
menos directo de los estudios piagetianos, no me sorprende que comience a
surgir un constructivismo epistemológico. Considero, entonces,
que a modo de la ya antigua y tradicional vigilancia epistemológica
bachelardiana, tratemos de mantener diferenciados el horizonte de la
psicología y la epistemología, para que los diálogos entre ambos campos
disciplinarios sean cada vez más fructíferos. Y es en estas distinciones donde intento inscribir mis
argumentos[4]
SOBRE
LA PSICOLOGÍA COMO BASE EMPÍRICA DE LA EPISTEMOLOGÍA Si bien
es cierto que la pregunta inicial de los padres fundadores (Piaget y
Vigotsky) surge en el
horizonte de la epistemología[5],
cuando se interroga por los
procesos y por cómo un sujeto pasa de una forma de conocimiento simple a
una compleja, en gran medida los trabajos de ambos y de sus continuadores
se centran en la búsqueda de respuestas acerca del conocer
en el campo de la psicología, sin desconocer por ello el esfuerzo
realizado por los piagetianos en el otro horizonte, denominado epistemología genética.
Quizás un producto no esperado de estos esfuerzos son aquellos que van
dirigidos a desplegar un conjunto de conceptualizaciones bajo el rótulo
de epistemología constructivista. Esta
relación interroga por las delimitaciones de los dos campos
disciplinarios que se entrejen aquí. Considero que la epistemología
tiene esencialmente una condición especulativa,
propia de la reflexión filosófica, producto de la tradición en
la cual se inscribe su proceso de producción y constitución de
significados conceptuales. Sin duda frente a esta proposición, los
epistemólogos genéticos argumentan que las descripciones y
conceptualizaciones, que en
el campo de la psicología produjeron y producen Piaget, sus colegas y
discípulos, son consideradas la base empírica desde la cual se elevan
las argumentaciones epistemológicas[6]
Esto implicaría que este sujeto del cual se analizan y describen
el desarrollo de las diferentes nociones que articulan y dan sentido a sus
estructuras cognitivas, habitante histórico del mundo socio-cultural y
natural, portador de una herencia en sus cromosomas, se va transformando a
través de la especulación en un sujeto epistemológico, abstracto, fuera
del espacio y el tiempo[7]..
Esto se hace posible, en tanto los piagetianos consideran que «la
psicología empírica [¡no empirista!] puede ofrecer verificaciones científicas
de problemas epistemológicos que la reflexión filosófica no permite «(Vuyk,
1985, 53). El interrogante que surge es cuál es la validez de esta
afirmación para la generalidad de los
oficiantes de la epistemología, es decir, aquellos que se instalan en
matrices teóricas diferentes a la corriente genética.
Es decir, si los procesos de verificación o de implicación que se
inscriben en las discursividades epistemológicas necesitan
y deben ser contrastados o fundados empíricamente.
Y aunque la respuesta a esta interrogante trasciende de por sí los
l{imites de mis argumentaciones, me inclino a considerar que es relevante
tomar una posición. La mía considera que los aparatos conceptuales
epistemológicos no están determinantemente fundados en su
posibilidad de constratación empirica. Asumir sin cuestionamiento la
propuesta de la epistemología genética, a mi juicio, está en la base de
la ausencia de distitnciones, la cual confunde y oscurece la relación
entre Psicología y Epistemología, pues puede excluir otros modos de
aproximación a la indagación sobre el conocer. DE
LAS DISTINCIONES Y POSIBLES SIMILITUDES DEL SUJETO PSICOLÓGICO
Y EL SUJETO EPISTÉMICO
La
psicología genética, entendida
como base empírica de la epistemología genética,
parte de un estudio rigurosamente descriptivo del sujeto psicológico
al que Inhelder define
como «el niño,
quien en su progresivo descubrimiento de medios, lo que hace es
resolver problemas que están indisociablemente ligados a contenidos
concretos y específicos» (Inhelder, 1978, 100).
Es decir, se habla de
un sujeto (individuo) biológicamente constituido, un ser orgánico capaz
de autoreplicarse estructurado sistémicamente, quien desarrolla procesos
de adaptación al medio natural y socio-cultural. Un sujeto que conoce la
realidad en la cual está inmerso y que lo rodea a través de un número ilimitado de procedimientos y
mecanismos particulares. Estos procedimientos se caracterizan por estar
inscritos en el tiempo y en el espacio y manifestarse en conductas empíricas
que es posible observar
y describir. A
diferencia de este sujeto psicológico, el sujeto epistémico
se define como aquel
cuyas estructuras son comunes en el mismo nivel evolutivo, sea quien sea
el sujeto (le sujet quelconque)
(Piaget, 1968, 58-81). Este sujeto epistémico ha perdido su inscripción
en el espacio y en el tiempo, y aunque mantiene su condición de ser un
sujeto-en-desarrollo los procedimientos y mecanismos se transforman en
estructuras y en los elementos que las articulan, equilibran y
des-equilibran. Parecería, entonces, que este sujeto epistémico asume un
carácter eminentemente explicativo del anterior. Si se acepta la condición
explicativa mencionada, el
sujeto epistémico piagetiano[8]
no es identificable al sujeto epistemológico. En consecuencia, los
despliegues conceptuales de la epistemología genética se constituyen en
el nivel teórico-interpretativo del nivel descriptivo
de la propia psicología
genética,[9] aunque este nivel teórico
no esté articulado sobre relaciones causales ni recurra a un instrumental
estadístico sofisticado. ¿OBJETO
FÍSICO, SOCIAL Y/O EPISTEMOLÓGICO? Los
despliegues conceptuales de la psicología cognitiva, en cuya matriz se
nutre el constructivismo, están centrados, como ya lo anuncié
anteriormente, en el conocer y en la posibilidad y los modos que asume el
proceso de conocimiento. En consecuencia, su preocupación sustantiva se
encuentra en la posibilidad de construir explicaciones sobre el sujeto y
su relación con el objeto. Sin
embargo, en la literatura de referencia
en el campo de la psicología cognitiva, así como también de las
llamadas, genéricamente, ciencias
cognitivas, se hace dificultoso encontrar delimitaciones claras sobre
el concepto de objeto. Quizás,
lo más cercano en este terreno a
una aproximación de significado de objeto se encuentra cuando Piaget
enuncia que se entiende por mundo externo, «el mundo como es visto por la
ciencia» (1951, 38). Y
la ciencia considera en el mundo externo no sólo los objetos físicos,
sino también aquellos sociales, al ampliar la comprensión y la extensión
de su significado. Estaríamos,
en consecuencia, frente a una idea de objeto construido a partir de las
explicaciones que el ser humano se ha dado sobre la realidad física y
social y, por qué no, también encarando a un objeto
que se hace tal desde sus formas de nominación. Sin embargo,
insisto que ni la psicología genética, ni sus herederos
constructivistas, manifiestan una preocupación por dar cuenta
y explicar el significado que le asignan a
este elemento de la relación
donde se inscribe el conocer y el proceso de conocimiento. En
tanto, el énfasis de sus estudios está centrado en el sujeto que conoce.[10] En
cambio, en el horizonte de la epistemología, ha habido una preocupación
por desplegar los modos en que se constituye el objeto. El ejemplo más
cercano es el de la dialéctica hegeliana.[11]
Y esto nos permite y hablar acerca de un objeto epistemológico
constituido y desplegado desde la reflexión filosófica, cuya construcción
se inicia en el algo, atraviesa la cosa y finaliza en el objeto, cuando es
posible develar las relaciones entre esencia y apariencia que le dan
concreción (Hegel, 1968). Por último,
y con relación al propósito de este documento, me parece necesario una
aclaración. El
constructivismo aporta un conjunto, más o menos extenso, de conceptos
emergidos fundamentalmente de la investigación psicológica, a la enseñanza.
Son recibidos en tanto permiten re-direccionar su intencionalidad primaria
del aprendizaje, a la producción de conocimiento. Y de cómo se insertan
en ella, lo discuto más adelante. Por otra parte, desde el horizonte disciplinario, la enseñanza
es el foco de indagación y conceptualización de la didáctica.
En este contexto, el campo temático del conocer y el conocimiento
se inscribe prácticamente en los orígenes de dicha disciplina, lo que ha
llevado a un fructífero diálogo entre epistemología y didáctica,
manteniendo vigiladas las demarcaciones pertinentes en tanto campos disciplinarios diferentes.
UN
ACORDE MODULATORIO[12] Los argumentos desplegados
hasta aquí están enmarcados en el mundo disciplinario (psicología y
epistemología). Me introduciré a
continuación en el universo de los
saberes. Es, por ello, que me parece imprescindible la siguiente
aclaración: el saber se constituye desde la cotidianeidad y la
especificidad de un quehacer profesional. Es decir, es un proceso de
transformación en el locus que
interpela a las estrategias y las lógicas implicadas en una acción
orientada a fines. La investigación no interviene, se acota en el dar
cuenta, en el explicar, en el interpretar las relaciones que dan
significado y sentido a un objeto (en este caso, las relaciones sociales
que se articulan en diferentes ámbitos del accionar humano). Sus
resultados se constituyen en estructuras conceptuales que articulan una
diversidad de formaciones disciplinarias. En ellos se entroncan sus
preguntas, sus registros y a ellos se devuelven ampliando y profundizando
los horizontes disciplinarios. En resumen, el saber implica conocer para
transformar, cambiar; investigar implica conocer para explicar e
interpretar. Y es desde esta diferencia esencial (que no formal) que se
abre el espacio de un diálogo que provee a la posibilidad de comprensión
de los procesos de formación profesional, de aquellos oficios que se
relacionan directamente con la cotidianeidad de las personas. Sin embargo,
para que este diálogo alcance algún grado de concreción es necesario
reconocer estas distinciones. Evitar este reconocimiento llevaría, a
mi parecer, a un
proceso de subsunción de la disciplina por la profesión, o del oficio,
por alguna disciplina específica. El
saber al cual voy a hacer referencia y del cual voy a hablar a continuación,
es el saber pedagógico. Ese que se origina, se produce y se inscribe en
el enseñar; es decir, en la praxis social de los maestros. ALGUNAS
CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL SABER PEDAGÓGICO Esta es
una expresión ligada a los trabajos de Foucault,[13]
que emerge en la discusión contemporánea como un concepto clave para dar
cuenta de aquello que está fuera de los modos de operar de lo científico,
sin que esto implique una condición de inferioridad o superioridad con
respecto de aquello, sino que establece distinciones fructíferas y
clarificadoras en las argumentaciones, fundamentalmente aquellas ligadas a
la constitución de la idea de profesión. Sin
embargo, la idea de saber encuentra su origen más lejano en los
enunciados aristotélicos que inician las argumentaciones acerca de la
metafísica. Allí se establecen algunas diferenciaciones que son
relevantes para una mayor claridad y comprensión del significado que
adquiere el saber y fundamentalmente la conexión posible con la idea de
arte, de artesanía, vinculada al origen de las profesiones. Aristóteles
elabora una distinción fundacional, estableciendo una relación entre
experiencia y téchne.[14]
Afirma que aunque la experiencia parece semejarse
a la techné, ambas difieren sin embargo en muchos aspectos: 1. En primer
lugar, porque la téchne surge de la experiencia, siendo ésta mediadora
de aquella. 2. En segundo lugar, porque la experiencia nace de muchos
recuerdos acumulados, y en cambio la téchne nace cuando, a partir de un
conjunto de nociones empíricas, se logra formular un juicio unitario y
universal
(1986, 980b 27-28). Esta
última distinción se aclara aún más, cuando Aristóteles sostiene que con relación
a la acción, la experiencia es a menudo más eficaz que la téchne debido
al contacto asiduo y directo en que el empírico está con los casos
particulares [...] Con todo, la téchne es superior, porque su
conocimiento no sólo lo es del hecho, es decir "del qué" algo
sea así como es, sino de la causa, del porqué (1986, 981a 12 y 981a-24). Y
una última diferencia que permite comprender en toda su dimensión y
amplitud la idea que subyace a la téchne
indica que otro signo de
la diferencia entre ambas, como de la superioridad de la téchne respecto
a la experiencia, es la posibilidad que tiene aquella de ser enseñada,
justamente por la posibilidad de poder remontarse a la causa (1986, 981b 7).[15] La argumentación aristotélica sobre la téchne
se encuentra en la base de la delimitación y la significación de la idea
de oficio, de arte (en el sentido de la artesanía), de aquello que
entronca a una diversidad de profesiones actuales con las
corporaciones medioevales originarias. La recuperación de este
significado de téchne es relevante para la discusión contemporánea sobre la
profesionalización de los maestros. Desde aquí, es posible trasladar el eje desde la tecnificación a la producción de saber,
proceso que marca la existencia de un oficio, de una profesión. La no
existencia de producción de saber pone en jaque la existencia de una
profesión. Por otra parte, la comprensión de la téchne
aristotélica como un arte, reclama de la condición artesanal de las
profesiones, en cuanto a que los aprendizajes, para su ejercicio, están
enraizados en las causas del hacer, que le dan un carácter universal.[16] Más aún, recuperar la
condición de artesanal de las profesión de enseñar, reclama de un
oficio ejercido en la creatividad, puesto que, como es bien reconocido,
cada objeto producido por un artesano será a la vez semejante y diferente
a otro que surja de las manos del mismo artesano. En consecuencia, la idea
del artesanado rechaza la repetición mecánica de conocimientos y haceres
en la práctica de cualquier profesión. Una actualización en la
contemporaneidad de la idea de téchne
aristotélica se encuentra en los enunciados foucaultianos acerca del
saber. La puesta en acto de la idea surge desde la recuperación de la
idea de práctica como el punto de partida de los procesos constructivos
del saber. Una práctica que es dicha y desde la cual es posible hablar de
un oficio. En este caso, del oficio de enseñar.[17]
La idea de saber, mirada desde las argumentaciones de
Foucault, se articula desde la significación de un conjunto de categorías:
"formaciones discursivas", "discurso",
"enunciado", "prácticas discursivas" (Foucault,
1980). Sin embargo, estas denominaciones están sólo aparentemente, desde
la forma, vinculados a un posible análisis de expresiones verbales. Es
decir, que no están significadas desde la lingüística. Puesto que lo
fundamental aquí no es lo que se dice ni por quién se dice[18] (como sujeto particular o
colectivo), sino cómo es dicho en la posibilidad de su existencia. Es así
como las "prácticas discursivas" - significación sustantiva
para la comprensión de la idea de saber -
es definida como «un conjunto de reglas anónimas, históricas,
siempre determinadas en el tiempo y el espacio que han definido una época
dada» (Foucault, 1980, 198). En este contexto, se puede afirmar la
emergencia del saber en la práctica, pero trascendiendo el mero
"hacer cosas", la experiencia vivida. El saber «es el espacio
en el que el sujeto puede tomar posición para hablar
de los objetos de que trata en su discurso» (Foucault, 1980, 306).
Es decir, el saber que constituye a la profesión de enseñar
es el conjunto de las funciones de mirada, de interrogación, de
registro, de decisión que acontece en su praxis cotidiana.
El saber también es «el campo de coordinación y subordinación
en que los conceptos se definen, se aplican y transforman»
(Foucault,1980, 306-307). Por lo tanto, la praxis de la enseñanza
interpela a los conceptos definidos en su significación al interior de
los aparatos teórico-disciplinarios
y apela a la experiencia vivida reflexionada, constituyendo nuevas
significaciones y articulaciones conceptuales que dan sentido y
especificidad al saber. LA
EMERGENCIA DE LOS CONCEPTOS CONSTRUCTIVISTAS EN EL OFICIO DE ENSEÑAR Los resultados de la investigación
psicológica han tenido, históricamente, una gran influencia en las
proposiciones acerca de la enseñanza, fundamentalmente con la aparición
de las propuestas de la Escuela Activa, donde a partir de una recuperación
del discurso rousseauniano que rescata el valor de la infancia, la
psicología emerge con gran fuerza para dar cuenta y explicar el
desarrollo y las posibilidades del niño.[19]
Por lo tanto, la introducción de los conceptos que ha producido la
indagación sobre el sujeto que conoce y el conocimiento por parte de los
constructivistas en la sala de clase, aparece como un corolario casi
“natural” de la historia del oficio de enseñar. En un
primer momento, me interesa recordar
los aportes que se reconocen como nuevas
direcciones en la enseñanza señaladas
por el constructivismo, fundadas en sus dos principios básicos: uno
que sostiene que el que aprende conoce activamente, y el segundo, más
radical, que llegar a conocer es un proceso de adaptación basado en y
constantemente modificado por la experiencia del
que aprende (Glasersfeld, 1984). A partir de estas proposiciones,
se sugiere considerar, para enseñar constructivistamente,
los siguiente elementos.[20]
·
El activar
las estructuras previas de los alumnos. En consecuencia, el maestro debe
conocer estas estructuras, puesto que ellas son la base con la cual la
nueva información será contrastada. ·
El
adquirir conocimiento implica comenzar por el todo para llegar a las
partes, una vez que el todo inicial sea comprendido. ·
La
comprensión del conocimiento implica procesos de exploración y examen de
todos los matices del nuevo conocimiento. Los alumnos necesitan compartir
las estructuras emergentes con otros que puedan criticarlas y, en
consecuencia, ayudar al que está aprendiendo a refinar sus propias
estructuras. ·
El uso del
conocimiento a través de una auténtica resolución de problemas. ·
El
reflexionar sobre el conocimiento para poder descontextualizarlo y poder
así comprenderlo en profundidad y aplicarlo dentro y fuera de la escuela. Al leer con cierta rigurosidad
estas sugerencias, tengo una gran dificultad para encontrar al oficiante
de la enseñanza. Más
complejo aún se me hace el poder pensar cómo, desde estas sugerencias,
el maestro podría producir y construir saber pedagógico. Y a pesar de
esta duda, si logra hacerse
cargo de la producción de su propio saber, qué podrá decir de éste que
trascienda el cómo conocen y/o aprenden sus alumnos. Es decir, no dará
cuenta del oficio, sino, más bien, de los efectos que éste pueda tener
sobre otros. Lo que quiero decir claramente, es que el constructivismo
implica la re-afirmación y continuidad de la tradición de la Escuela
Activa y, en consecuencia, el camino de la desaparición del saber pedagógico,
en tanto el eje de éste no está en cuánto y cómo aprende un alumno,
sino en cuáles son las metódicas, los pasos, el camino que recorre un
maestro cuando enseña. Como
una forma de ejemplificar mi argumento, voy a mostrar los patrones de enseñanza
recogidos a través de video-grabaciones de clases en el Third
International Mathematics and Science Study (TIMSS), en relación con
modalidades de trabajo de maestros
japoneses, norteamericanos y alemanes, quienes enseñan en el grado 8.
Fuente: Third International Mathematics and Science Study, Videotape Classroom
Study, UCLA, 1996. Al analizar estos patrones, pasos o
metódicas de una clase de matemáticas a la luz de las sugerencias o
elementos a tener para enseñar constructivistamente, me surgen algunos
comentarios e interrogantes. Los comentarios son bastante obvios en cuanto
a que ninguno de los dos patrones responde a cabalidad a lo que podría
denominarse una pedagogía constructivista. En el correspondiente a los
maestros alemanes y norteamericano, no hay ningún rastro, ni siquiera
subyacentemente, que permita decir que hay reconocimiento de estructuras
previas o adquisición del conocimiento como un todo, ni reflexión. En el
caso de los maestros japoneses se visualiza un proceso de construcción
propia a través de «la lucha de los alumnos con el problema» y
«la presentación de diversos métodos de solución». Sin
embargo, el maestro es el que plantea una situación compleja para que
desde allí surja el problema, es decir, es una formulación externa. Además,
el maestro sintetiza o resume la diversidad de soluciones, lo que podría
estar implicando que puede indicar una o más correctas.
En cuanto a los rendimientos de sus
alumnos, la diferencia radica en que Japón aparece en el tercer lugar en
cuanto a resultados obtenidos en las pruebas aplicadas en el estudio y
Alemania y Estados Unidos quedan como en la mitad de la tabla del ranking de países. Pienso,
sin embargo, que este ranking
tampoco me dice mucho en relación ni a lo que aprenden los alumnos y
mucho menos en cuanto a la constitución del oficio de enseñar. Lo único que me está diciendo es que los maestros japoneses
centran su enseñanza
en los procesos de comprensión, es decir, enseñan a pensar. Quizás, lo
que esté detrás del maestro japonés sea el constructivismo, pero tiende
a considerar que más bien al ejercicio de su oficio subyacen visiones del
mundo enraizadas en la
tradición budista. El ejemplo lo traigo a colación para sostener que más
allá de los avances científicos de las diferentes disciplinas, algunos
de cuyos conceptos se hacen presentes en el
oficio de enseñar, en tanto expresión del saber pedagógico, éste
último aparece permeado y constituido en la tradición que configura y
contiene la praxis social de los maestros, en el contexto socio-político-cultural
en que se ejerce el oficio de
enseñar y en el proceso riguroso que exige la escritura a la luz de las
contribuciones que distintos aparatos disciplinarios puedan hacer a la
reflexión crítica y objetivada de dicha praxis. CONCLUSIONES
PRELIMINARIES La
relación entre el constructivismo psicológico y/o epistemológico con el
proceso de constitución de saber
pedagógico mediado por la escritura reflexiva de los maestros de su
propia práctica no escapa a la ya larga y compleja historia
donde disciplinas y saber disputan el rol que juegan en la
arquitectura del oficio de enseñar. Puesto que cuando, la tradición en
el oficio es débil, poco
reconocida en el necesario distanciamiento, las conceptualizaciones
generadas en los aparatos teórico-disciplinarios se introducen rápidamente
en forma acrítica y sólo llegan a conformar el universo vocabular de los
maestros, sacralizando las formas del quehacer , exilando la
posibilidad de la reflexión crítica. En los casos que el contexto
socio-político-cultural inhibe el diálogo abierto y racional,
tanto por razones históricas como coyunturales, descalificando
el conflicto como espacio de aprendizaje y crecimiento,
desconociendo el hecho que el acceso y la posibilidad de apropiación del
conocimiento son un derecho,
los maestros se enfrentan con dificultades para transformarse en
productores de saber pedagógico Por el contrario, cuando los
maestros tienen el espacio de libertad
y autonomía intelectual necesaria, fundada en una formación
profesional rigurosa y
profunda, la producción de saber pedagógico emerge como una tarea
natural del oficio de enseñar. Y es en la
escritura de su praxis donde alguno de los conceptos de los
aparatos disciplinarios, apropiados rigurosamente, son sometidos a un
proceso de re-significación que permiten el ordenamiento y la transmisión
del saber pedagógico, entendido como aquel que da sentido e identidad a
la profesión docente. Esto
implica reconocer la realidad concreta del saber pedagógico,
de su lugar de emergencia y de
los modos como se constituye y valida su construcción. Por último,
la ausencia de claridad sobre el saber pedagógico trae como
consecuencia un proceso de subsunción del oficio de enseñar a las
estructuras conceptuales de los aparatos teóricos, considerando que la
introducción de nuevas palabras puede ser aceptada como una forma de
resolver las crisis diversas de la escuela, los maestros y los sistemas
educativos. REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS
ARISTÓTELES
(1986). Metafísica. Buenos
Aires: Editorial Sudamericana. COLE, M. y
WERSTCH, J. V. (1983). Beyond the
individual-social antimony in discussions of Piatet and Vigotsky FOUCAULT,
M. (1980). La arqueología del
saber. México: Siglo XXI Editores. GLASERESFELD,
E. von (1984). An introduction to
radical constructivism. In : P. Watzlawick (ed). The
invented reality. London: W. W. Naughton, Co. HEGEL, G. F. (1968).
Fenomenología
del Espíritu. Prólogo e introducción. México:
Fondo de Cultura Económica. INHELDER, B. (1978). De
l’approche structurale à la approche procédurale; introduction à l’étude
des strategies. En : Acta
XXIème Congrès Interrnational de Psychologie. Paris: P.U.F. PIAGET, J.
(1951). The child’s conception of
Physcial Causality. London: Routledge and Kegan Paul. __________ (1968). Le
structuralisme. Paris: P.U.F. VUYK,
R. (1985). Panorámica y crítica de la epistemología
genética de Piaget (1965-1980). Madrid: Alianza Editorial. ZAHORIK,
J. A. (1995). Constructivist Teaching, Phi Delta Kappa Educational
Foundation. Indiana: Bloomington. Pp. 14-22. *
En el
momento en que se escribió la primera versión de este documento que
fue presentado en el Seminario Internacional sobre Pedagogías
Constructivistas, llevado a cabo en Manizales (1997), la autora
trabajaba como Consultor del Programa
de Mejoramiento de la Calidad y la Equidad de la Educación (MECE),
Ministerio de Educación, Chile.
A partir de 1998 reside
en Francia. Esta es una versión revisada de dicha presentación.
[1]
Para
profundizar sobre esta afirmación ver De Paepe (1998) [2]
El
conocer como objeto de indagación ha ido recorriendo un largo camino,
que en los últimos veinte años recibe aportes fundamentales de los
avances desde el nuevo dominio de la neurobiología.
Es importante hacer notar que en la tradición psicofisiológica
rusa, que se podría decir es el ancestro de los estudios biológicos, las explicaciones siempre hicieron referencia al pensamiento,
al pensar y no al conocer, en el campo de la indagación sobre los
procesos cerebrales. . [3]
Para la versión completa de estos argumentos, ver Piaget, The child’s conception of Physical causality (1951, 238-239). [4]
Considero
que la clarificación sobre el horizonte y el contenido sustantivo de
ambas disciplinas es fundamental, pues en lecturas posteriores a la
escritura de este documento he
detectado que el uso del término epistemología en la comunidad científica
sajona construye su significado en una perspectiva completamente
diferentes de aquella producida en el contexto alemán, del cual me
siento heredera. Es por ello que me atrevo a hipotetizar lo siguiente:
los psicólogos sajones constructivistas apelan al uso de la palabra epistemología
para nombrar procesos psicológicos, aquellos donde ellos consideran
que está presente el conocer como acción o actividad del sujeto,
entendido como un individuo de la especie humana. Este empleo del término
epistemología pareciera encontrar su
explicación
en el hecho que para ellos es la Filosofía de la Ciencia fundada por
la Escuela de Viena, la que explica e interpreta el conocimiento desde
la mirada filosófica.
[5]
Es relevante para aclarar esta
afirmación una lectura de la Presentación, desarrollada por Rolando
García y Emilia Ferreiro, a la versión castellana de la obra de
Piaget INTRODUCCION A LA EPISTEMOLOGIA GENETICA (Paidós 1975), [6]:
La afirmación de García y Ferreiro (1975:13) en la presentación
antes mencionada “La originalidad de Piaget va a consistir en
introducir la verificación experimental dentro mismo de la epitemología
como una método más”, confirma la aseveración. [7]: Este proceso se funda en tre métodos complmentarios que utiliza la epistemología genética: el análisis formalizante, el análisis psicogenético y el método histórico-crítico. La relación entre estos tres métodos y las dificultades que ellos presentan han sido argumentados y discutidos en numerosos artículos y libros. Sin embargo, una referencia sustantiva es Piaget, J. NATURALEZA Y METODOS DE LA EPISTEMOLOGIA GENETICA [8]
Es relevante aclarar que, generalmente, en las traducciones al
castellano el sujeto epistémico se traduce como sujeto epistemològico. [9] Esto coincide
con el propio desarrollo histórico de los estudios piagetianos y la
condición a posteriori de
la construcción epistemológica. [10]
Quiero dejar en claro que esta afirmación no es un cuestionamiento,
sino una constatación que permite establecer las distinciones que me
he propuesto. [11]
A este respecto ver Hegel, Fenomenología
del Espíritu (1968). [12]
Esta modulación hace referencia a aquellos famosos acordes que
introducen el último movimiento del Concierto Nº 5, Opus 73, llamado
del Emperador, de Ludwig van Beethoven. [17]
Lo que se expone a continuaciòn es deudor de mis largos aprendizajes
con mi amiga y colega Olga Lucía Zuluaga. [19]
El cambio de mirada sobre la relación pedagógica, focalizándola en
el alumno, es el producto natural de este
llamado de las conceptualizaciones psicológicas. Sin dejar de
reconocer el avance que significan los aporte de esta corriente pedagógica,
se hace necesario también visualizar las consecuencias que sigue
teniendo en las formas como se mira el oficio de enseñar.
En tanto, para los pedagogos de la Escuela Activa la relación
fundamental se establece entre el alumno y las materias de estudio,
donde el maestro facilita, orienta y paulatinamente deja de enseñar,
perdiéndose así en nombre de un cambio necesario e imprescindible,
el oficio de maestro. Esto trae aparejado un ya largo intervalo en la
producción de saber pedagógico. Esto no implica dejar de reconocer
los esfuerzos que se vienen realizando en diversos terrenos para
recuperarlo. Para
ampliar sobre este tema ver: Dewey, J. The School and the
Society, Cap. IVThe University of Chicago Press, 1956: 95-115 [20]
Los aportes que se señalan a continuación están recogidos de
Zahorik, Constructivist
Teaching, Phi Delta Kappa Educational Foundation (1995). Gracias Araceli por enviar este trabajo al Sitio de Ciencias de la Educación |
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