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El Sitio de Ciencias de la Educación |
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EL
MAESTRO: entre la urdimbre y la trama Araceli
de Tezanos[1 1. EL
POR QUE DE UNA METAFORA En
la tradición constituída en la investigación social y educativa se ha
recurrido y se recurre a expresiones metafóricas para hablar, describir,
intrerpretar los fenómenos que se estudian. Así se escucha sobre las fuerzas
sociales, sobre la dinámica social, sobre los movimientos sociales, sobre el
tejido social. En este contexto,
recurro a una metáfora en este intento de hablar del ser maestro. La metáfora
me permite profundizar y ampliar algunas ideas que ya he presentado en otras
ocasiones y fundamentalmente aquella que hace del maestro un productor de
saber; es decir, un profesional de un gremio, entroncado en las tradiciones
medioevales de la artesanía. Por otra parte, el recurrir a una metáfora me
evita tener que seguir clarificando de forma permanente el significado de los
conceptos y nociones que empleo en el despliegue de mis argumentos. Estos
conceptos - enseñar, aprender, conocer, conocimiento, oficio, alumnos y
tantos otros - son los recurrentes en todos los trabajos y artículos sobre
este tema. Sin embargo, cada autor, cada colega, los inscribe desde su
particular perspectiva teórico-epistemológica ya sea en su propio quehacer
como en la lectura del otro. Estas son las razones que me llevan a apelar a
una metáfora para discurrir sobre el maestro y el sentido de su oficio, desde
la imagen de un tejedor acuclillado frente a un telar artesanal enterrado en
el suelo, en la vieja historia mapuche. Una
imagen que convoca a las relaciones que este tejedor establece entre la
urdimbre y la trama y la refinada selección de sus lanzaderas.
El tejedor conoce la urdimbre, sabe de las diferentes calidades de sus
estambres, de los pequeños nudos que puede encontrar en el camino de su
lanzadera, sus dedos son hábiles para reconocer la textura de los hilos que
va a entramar. El tejedor sabe
que el tejido final, - su creación -, depende de su conocimiento, de su
habilidad en el manejo de las herramientas, de su capacidad para manejar las
tensiones entre la urdimbre y la trama. Es decir, su saber relacionar todos
los elementos que se conjugan en una labor acabada. Y
esta mirada metafórica lleva a encontrar en el tejedor al maestro, en
los diversos tipos de lanzaderas a las herramientas que emplea en su
labor pedagógica; en la tela que produce a la finalidad de la
escuela; en la urdimbre del telar a los niños; en el hilo de la trama
a los conocimientos. Y el tejido, su proceso creativo, es uno en su
intencionalidad, colorido, pleno de figuras diversas, pero es uno. Es
la imagen de un ciudadano comprometido con su sociedad, que vive en el
respeto mutuo, que se apropia y produce conocimiento, que sabe de su
historicidad y consolida la democracia. Y esto debe alcanzarse aunque
en el punto de partida los estambres son distintos unos de otros,
aunque parecidos. Los niños que concurren a la escuela provienen de
culturales similares pero no idénticas, son parecidos pero no homogéneos,
aunque todos tengan la misma edad. Las diferencias convocan a los
nudos, a las diferencias de grosor de los estambres que un maestro, al
igual que un idóneo tejedor, conoce y no desecha nunca. Y una vez
armada la urdimbre, porque se ha acercado a ella muchas veces, la ha
puesto en tensión, la ha ordenado, tal como la tarea que el maestro
realiza durante su primeras semanas de trabajo,
comienza la selección de los hilos para entramar. Los hay de
diversos colores, calidades, pesos, como los conocimientos que
provienen de los cuerpos disiciplinarios científicos inscritos en un
currículum y aquellos otros que entrecruzan las prácticas sociales
de vida. El maestro, como el tejedor conoce a sus hilos, debe
apropiarse de los conocimientos que va a enseñar. Si esto no
acontece, se corre el riesgo que los hilos no pasen entre la urdimbre,
que los niños repitan pero no entiendan y comprendan aquellos
contenidos que serán sustantivos para que la escuela cumpla con las
metas que la tradición y la sociedad le han asignado. Pero no basta,
con conocer los hilos. Ahora se enfrenta la selección de las
lanzaderas, puesto que no todos los instrumentos sirven para todo.
Cada hilo, según su calidad, grosor y peso, reclama de una lanzadera
diferente. Igual que cada fragmento del conocimiento, para poder ser
apropiado por todos los alumnos en su diversidad, requiere de la
herramienta intelectual y el apoyo afectivo preciso. Por ello, al
igual que el tejedor, el maestro será preciso y riguroso en la
sabiduría de su oficio. En
este camino metafórico se hace posible develar como el maestro
reconoce la urdimbre, maneja los hilos del entramado, cuáles son sus
herramientas y cómo las adecua a los hilos y la urdimbre, qué
significa el proceso de creación de este tejido. En últimas, qué
sentido tiene el ser maestro. 2. LA
URDIMBRE Y EL TEJEDOR La
tradición iniciada con la Escuela Activa instala al niño en el
centro del proceso educativo. Esto implica que el docente debe poseer
un conocimiento profundo de su proceso evolutivo, tanto intelectual
como emocional, así como también de sus condiciones socio-económico-culturales
de vida. Estos aspectos se incorporan, en diferentes grados de
profundidad a los curriculum de formación profesional, donde las
discursividades remiten a los hallazgos de la Psicología Evolutiva y
General. Los aspectos sociales se entregan en algunos cursos básicos
de Sociología y Antropología. Es decir, el conocimiento que el
docente tiene de sus alumnos ha sido provisto, fundamentalmente, en
sus clases en la escuela de formación docente[i]. Por lo tanto, las discursividades que
proporcionan estos ámbitos disciplinarios estarían marcando las
convicciones que los docentes tienen sobre los niños. Es decir,
tendrían una condición de filtro en la mirada del docente. En
estas discursividades se encuadra el reconocimiento de las
diferencias: tanto aquellas relacionadas con la inteligencia y el
aprendizaje, aportadas por la Psicología; como las que se sostienen
en el origen socio-económico de los niños. Sin embargo, este
reconocimiento mantiene una cierta condición de determinismo y
sacralización, puesto que los niños son como son en razón de su
origen de clase y su herencia genética[ii].
Por otra parte, estos contextos discursivos son el soporte del
carácter de verdad que el docente entrega a los hallazgos de la
investigación educativa, fundamentalmente aquella que da cuenta de
los vínculos entre rendimiento académico, desarrollo intelectual y
estrato social de origen en los niños[iii].
No
obstante la presencia de este tipo de contenidos en la formación de
los docentes, lo que se observa en las aulas escolares más que del
conocimiento psicológico y/o sociológico de los maestros dice de su
mirada sobre los niños. Es decir, dan cuenta del régimen de mirada[iv]
sobre la urdimbre del tejido. Este régimen de mirada se expresa en
las discursividades que se despliegan en el aula de clase, tanto por
parte del docente como de los niños. Por lo tanto, el régimen de
mirada se inscribe y se devela en el lenguaje. Un lenguaje significado
desde el discurso y que "participa en la vida a través de los
enunciados concretos que lo realizan, así como la vida participa del
lenguaje a través de los enunciados[v]"
(Bajtín, 1985:251). La
idea de discursividad adquiere fuerza en razón de la comunicación
que marca la relación que se instaura entre el maestro y sus alumnos
a través del diálogo, enraizado en los orígenes de la práctica
pedagógica[vi],
que "es una forma clásica de la comunicación discursiva debido
a su sencillez y claridad" (Bajtín, 1985:261). La interacción
que se produce en el diálogo está articulada por las relaciones
entre las diferentes modalidades de réplicas, tales como entre
afirmación y objeción, afimración y consentimiento, proposición y
aceptación, orden y cumplimiento, sin dejar por fuera a la pregunta
(Bajtín, 1985: 261-262). En la forma como el docente se hace cargo de
estas réplicas en la sala de clase se manifiesta el contenido del régimen
de mirada hacia los niños. Un
régimen de mirada que puede estar marcado por el reconocimiento de lo
distinto que cada niño trae. Es decir, que en el trabajo del docente
está presente permanentemente, de manera conciente, la diferencia del
otro. Este régimen de mirada en el reconocimiento de lo distinto se
hace evidente en el modo de operar del docente en el aula de clase, en
el transcurso de la lección y en él se encuentra tanto la huella de
sus percepciones sobre la sociedad y la cultura así como también de
la historicidad de la transmisión escolar, pues cuando el docente
inicia su clase, lo que está haciendo es continuar con un modo de
discursividad que se enraiza en dicha historicidad. El
régimen de mirada del docente hacia los alumnos está marcado por la
distinción, por la escucha, que transforma a la clase en un espacio
de dialogicidad entre las diferencias, en tanto "cada réplica,
por más breve e intermitente que sea, posee una conclusión específica,
al expresar cierta posición del hablante, la que puede ser contestada
y con respecto a la cual se puede adoptar otra posición"(Bajtín,
1985:261). Esto se
manifiesta al observar la conversación donde se despliegan aportes de
los niños. En la voz, los enunciados discursivos de los alumnos se
expresa su experiencia vivida, el entorno de su cotidianeidad, el
lugar desde donde hablan, porque todo enunciado, primario o
secundario, en cualquier esfera de la comunicación discursiva es
individual y por lo tanto puede reflejar la individualidad del
hablante" (Bajtín, 1985:261). Y esta individualidad discursiva
expresa la heterogeneidad "natural" de los alumnos, de la
urdimbre, que se hace unidad en la sala de clase, mediada por un
proceso articulador que genera el docente. En sus modos de decir se
evidencia su lugar de origen, sus posibilidades de hablar desde sus imágenes
diferidas. Aquí hay una mirada de reconocimiento a cada uno de los
estambres del tejido, en los decires de los alumnos, desde una dimensión
de la totalidad, que se manifiesta en la búsqueda de significados
consensuales. Las
diferencias que manifiestan los niños cubren la totalidad de su ser.
Remiten tanto a su condición social, cultural, económica, como biológica
y psicológica. Esta diferencia implica
distintas experiencias de vida, de contexto familiar, de formas de
jugar, de modos de entender y ver el mundo que se expresan en sus
enunciados; pero no llevan a la exclusión en el aprendizaje. El
docente articula la diferencia para potenciar las posibilidades de
todos los niños que están a su cargo, a partir de su heterogeneidad. El
régimen de mirada del docente está marcado por una triple
contradicción que surge entre su modo particular de entender la
forma que debe asumir el trabajo pedagógico, los discursos aprendidos
en las escuelas de formación acerca de las diferencias individuales y
la heterogeneidad real de los niños. 2.1 Los
elementos de la contradicción El
significado de la forma del trabajo pedagógico está permeado
por la idea de la dialogicidad socrática, sustentada en la
diferencia, como condición sustantiva que marca y semantiza a la enseñanza,
acompañada del respeto a la unidad temática de la lección, del
mantenimiento de la disciplina, entendida como orden y ausencia de
situaciones perturbadoras. Este
significado asignado al trabajo pedagógico encuentra sus orígenes no
sólo en las discursividades institucionalizadas en las escuelas de
formación docente, sino también en la propia experiencia del maestro
cuando estuvo sentado en los bancos de la escuela.
Por
otra parte, la comprensión de las discursividades que circulan en
las instituciones formadoras sobre las diferencias individuales se
enuncian, en general, desde su carácter psicológico y afirmando la
necesidad de reconocerlas para poder cumplir a acabalidad con los
fines y propósitos del proceso formativo. Puesto que dicho proceso
formativo, se afirma desde la tradición pedagógica, debe estar
centrado en el niño. La influencia de la Psicología en la formación
de los docentes se expresa en la necesidad de conocer los
pre-conceptos (teorías previas) sobre tal o cual acontecimiento que
el niño trae antes de iniciar cualquier tipo de enseñanza. Sin
embargo, estas aproximaciones psicológicas dejan por fuera de la
formación de los docentes la posibilidad de conocer la visión del
mundo del alumno que trasciende a la idea de "teorías
previas" particulares. En tanto la idea de visión del mundo
convoca no sólo a lo cognitivo-intelectual sino también a las prácticas
sociales de convivencia, que imprescindiblemente incluyen el ámbito
de lo valórico y que se expresan en los enunciados de los niños[vii]. Por
último, la heterogeneidad real de los niños que reclama tanto
de sus orígenes socio-económico-culturales como de las
especificidades psicológicas y biológicas de cada sujeto, que son leídas
(literalmente) por los maestros pero no objetivadas. En tanto, esta
heterogeneidad que complejiza y enriquece la urdimbre, para los
docentes tienen su origen en la clase social a la que pertenecen los
niños y se expresa en las dificultades de aprendizaje.
Esto implica un modo de operar con la heterogeneidad de los
alumnos así como también un modo de interpretar y operar en la enseñanza
donde, aunque se reconozca la diversidad a nivel de las
discursividades, se opera desde una aparente homogeneidad[viii]. Sin
embargo, es justamente en estas diferencias donde se encuentra la
mayor riqueza y quizás, la mejor razón, para aceptar la
obligatoriedad de ir a la escuela. Puesto que es aquí donde los niños
inician un proceso de autoreconocimiento en la medida que se
encuentran rodeados y acompañados por otros que son distintos a él.
Estas diferencias no tienen un fundamento genético, como en algunos
casos parecería inferirse de algunos enunciados que circulan tanto en
las escuelas de formación como en las propias conversaciones entre
los maestros. Las conductas culturales son siempre aprendidas y
los caracteres adquiridos a través de un gran variedad de
aprendizajes no se heredan (Mayr, 1978). En consecuencia, el hecho de
que un niño nazca en la pobreza o en los sectores más ricos de la
sociedad no tiene implicaciones biológicas para los procesos de
cambio social. Esto permite afirmar que el docente debe evitar
actitudes deterministas con los alumnos según su origen social. Ni
los niños de los sectores con mejores ingresos están biológicamente
mejor dotados y por lo tanto no hay nada que enseñarles porque todo
lo saben, ni los alumnos que provienen de los sectores de pobreza están
inhabilitados genéticamente para aprender. Tanto en unos como en
otros se encuentran diferencias y éstas están fundamentalmente
marcadas por los aprendizajes iniciales en sus hogares. Tanto unos
como otros aprendizajes pueden ser transformados. Es decir, el docente
debe asumir la diversidad de la urdimbre con la que se realciona
diariamente en su oficio de enseñar y el derecho que todos tienen más
allá de su origen de clase de aprender. En consecuencia, el
reconocimiento de la heterogenidad real de los alumnos y el derecho a
aprender que todos ellos tienen interpela a los modos que asume la
relación que el maestro, en la construcción de su tejido, establece
con los contenidos curriculares, así como también con aquellos
saberes que dan cuenta del significado de las prácticas sociales de
participación y ciudadanía. Unos y otros constituyen la trama del
tejido. 3. LA
TRAMA Y EL TEJEDOR 3.1 Los
hilos de la trama Una vez desplegado el significado al que convoca el elemento urdimbre de esta metáfora, se abre el camino en la búsqueda del significado y el sentido de los hilos a entramar. Los hilos que teje el docente representan los diversos tipos de conocimiento en los cuáles se compromete la formación de los alumnos. En general, en la investigación educativa, se acepta bajo la denominación de conocimiento todo aquello que se relaciona con los contenidos temáticos de los programas que estructuan al currículo. Es decir, los argumentos y teorías productos de la investigación científica que se asumen como objetos válidos de la transmisión cultural. No obstante, este significado de conocimiento articulado a los corpus disciplinarios y considerado como un elemento constitutivo de la enseñanza, no excluye a aquel o a aquellos otros conocimientos, que quizás con un carácter asistemático e inorgánico, remiten a las prácticas sociales, comprometidas en el proceso de socialización de los niños que se institucionaliza en la escuela. En consecuencia, el componente metafórico de la trama convoca tanto a aquel conocimiento que se expresa en los contenidos curriculares como a aquel que significa las conductas sociales Por
otra parte, en el momento actual, el conocimiento es un concepto que
podría afirmarse tiene gran popularidad. Circula asiduamente en las
formas enunciativas de docentes e investigadores de la Educación. A
pesar de ello, su significado parece constituirse desde diversas
miradas. Una que lo hace sinónimo de corpus teórico, otra que lo
entiende como producto de la acción de conocer y, como un derivado de
ésta, un proceso de particularización según el modo de conocer
(conocimiento científico, conocimiento de sentido común). Esta
diversidad de significados se entreteje cotidianamente en el operar
del maestro. Conocimientos (desde el significado de corpus teóricos),
transformados en contenidos curriculares son los que el maestro
transmite. Conocimientos (científicos y de sentido común) están
presentes en el diálogo que el maestro establece con sus alumnos. Por
lo tanto, será lo que acontece en el aula de clase y la percepción
de los maestros[ix],
la que hable acerca del conocimiento, como esos hilos que es necesario
entramar en la urdimbre, para poder comprender el significado y
sentido del ser maestro. 3.2 Una
modalidad de la trama: los contenidos curriculares Al
revisar los programas correspondientes a los diferentes grados de la
escuela se encuentra un ordenamiento particular de temas que provienen
de la producción de conocimiento que se adjetiva como científico.
Estos temas constituyen los contenidos curriculares metafóricamente
connotados como una parte de la trama que el docente teje con sus
alumnos en el aula de clase[x].
Se
podría afirmar que, en general, la forma que asume la transmisión de
contenidos (conocimiento) en la sala de clase es dialogal. Sin
embargo, este diálogo presenta ciertas particularidades, como puede
observarse a continuación...[xi] Mo:
Bueno conmigo mucha geometría no hicieron, y el único, lo único
que hicieron en geometría estuvieron todos enganchados.
Veamos, quién me puede decir...qué es un cuadriláteo...?
/hablan
varios a la vez/ Ao:
Yo... Mo:
(tono irónico) Qué rápidos que son... a ver? S...:
Una figura de
cuatro lados Mo:
Una figura de cuatro lados, acá dijeron otra cosa J...:
un polígono Mo:
Un polígono de cuatro lados... Alguno de ustedes... saben qué
es un polígono? L:
Y un cosa de muchos lados, una figura de muchos lados Aa:
Una figura de más de tres lados Otra Aa:
Tres o más Mo:
Bueno, quiere decir que cuadrilátero es un polígono que tiene
cuántos lados? Aos:
/a coro/ Cuatro Mo:
Ustedes conocen muchos cuadriláteros? Aos
/a coro/ Sí... M:
A ver... por ejemplo... P... andá a la pizarra
y dibujá uno...
dibujá un cuadrilátero /P...
dibuja un cuadrilátero en el pizarrón/ Ao:
Ese cuadrilátero es medio círculo Mo:
/dirigiéndose a P... en el pizarrón/ Bueno tratemos que te
salgan derecho por lo menos... derechos los lados. Bien... eso ¿es un
polígono? Aos:
/a coro/ sí Mo:
Tendrá algun nombre eso? Aos:
/a coro/ sí Mo:
Ni se acuerdan... tendrá algún nombre? Ao:
Trapezoide Otra Aa:
Trapezoide Mo:
Trapezoide?...Hay alguien que todavía se acuerda
algún nombre (tono irónico) A ver..... A ver, A... dibujá
otro /A...
pasa al pizarrón/ Mo:
/señala en el pizarrón las figuras dibujadas por los alumnos/
Alguno de ustedes puede decirme cómo se llama esto y esto? Alg.Aos:
Trapezoide OtrosAos:
Trapecio Mo:
El primero trapecio, eso... J...:
Trapecio, pero trapezoide porque está medio torcido pero si estaría derecho sería un trapecio Mo:
Qué quiere decir derecho J...:
La línea de arriba /
varios alumnos murmuran todos juntos/ Mo:
Hay una palabra que por ahí usaron...¿Qué...qué dijiste? C...:
(en voz baja) Paralelas Mo:
Pero decilo en voz alta C...:
(en un tono más fuerte) Paralelas Otra Aa:
Paralelogramo Mo:
Ah...?!... quiere decir que hay algo que... que... que nos
puede recordar que si hay paralelas puede tener otro nombre...? Ao:
Trapecio Otro Ao:
Paralelogramo Mo:
Trapecio...¡qué bien!... acá hay alguien que se
acuerda de varios nombres, eh...! /se
escucha murmurar a los alumnos, pero no se entiende el contenido/ Mo:
¿Cuántos pares de lados hay acá? Ao:
Dos Mo:
Dos pares de lado y hay algunos que son paralelos? Alg.aos:
/a coro/ Si Mo:
/señala la figura del pizarrón/ ¿Cuánto pares... tiene
paralelos acá?
Alg.Aos:
Dos Ots.Aos:
Uno C...:
Ah...?! Paralelos! Mo:
Un par de lados, cuántos lados son? Alg.Aos:
Uno Ots.Aos:
Dos Mo:
Un par son dos lados... entonces, ¿cuántos pares
de lados tiene paralelos? Aos.:
/a coro/ Uno Mo:
Uno... Bueno /señala la pizarra/... y acá hay lados
paralelos? Als:
/a coro/ Sí, un par Mo:
¿Conocen alguna otra clase de cuadriláteros? Alg.Aos:
Sí... J...:
Cuadrado Mo:
Cuadrado J...:
Rombo Alg.Als:
Romboide Mo:
Pero cuántas cosas...todos se acuerdan bien de éste tema Alg.Als.:
/a coro/ No El
conocimiento originado en el corpus teórico de la geometría que se
hace presente como contenido curricular es el tema de los polígonos.
Sin embargo, éste sólo se hace presente en los nombres de los
mismos. Puesto que, está ausente el proceso de construcción y sus
fundamentos. Cuando un alumno pasa al pizarrón a dibujar un cuadrado,
otro comenta "ese es medio círculo", el docente para
subsanar la situación dice "bueno tratemos que te salgan
derecho por lo menos... derechos los lados". Sin embargo, la
instrucción inicial de dibujar un cuadrado, frente a la ausencia de
los instrumentos pertinentes, termina en Mo: Bien... eso
¿es un polígono? Aos: /a coro/ sí Mo: Tendrá algun nombre eso? Aos: /a coro/ sí Mo: Ni se acuerdan... tendrá algún nombre? Ao: Trapezoide Otra Aa: Trapezoide Esta
dificultad, producto de la ausencia del uso de los instrumentos
adecuados, hace que esta situación vuelva a reiterarse, cuando: Mo:
/señala en el pizarrón las figuras dibujadas por los alumnos/
Alguno de ustedes puede decirme cómo se llama esto y esto? Alg.Aos: Trapezoide OtrosAos: Trapecio Mo:
El primero trapecio, eso... J...:
Trapecio, pero trapezoide porque está medio torcido pero si estaría derecho sería un trapecio Mo:
Qué quiere decir derecho J...:
La línea de arriba Sin
embargo, de la trama del tejido, del contenido de la clase por parte
del maestro, no siempre mantiene esta condición. Surgen intentos de
explicación, de hacer presente un proceso constructivo, cuando Mo: Hay una palabra que por ahí usaron...¿Qué...qué
dijiste? C...: (en voz baja) Paralelas Mo: Pero decilo en voz alta C...: (en un tono más fuerte) Paralelas Otra Aa: Paralelogramo Mo: Ah...?!... quiere decir que hay algo que...
que... que nos puede recordar que si hay paralelas puede tener otro
nombre...? Ao: Trapecio Otro Ao: Paralelogramo Sin
embargo, hay un aspecto que tiene una presencia permanente en el
manejo del conocimiento que hace el docente, es el reclamo que hace a
los alumnos para que digan nombres. Expresiones como "acá hay
alguien que se acuerda de
varios nombres, eh...!" y "Hay alguien que todavía
se acuerda algún
nombre" permitirían afirmar que se evidencia un manejo
nominal del conocimiento. Como una consecuencia inmediata de ello,
surge la pregunte acerca de si es posible desde este manejo nominal
del conocimiento, de esta forma de entretejer entre la urdimbre y la
trama, producir procesos de producción de conocimiento en los
alumnos? Sin dudas, la participación activa de los alumnos es un
elemento clave en el proceso de producción de conocimiento que ellos
generan. Sin embargo, esta participación está marcada por la sóla
activación de la memoria a través del reclamo por el nombre y su
asociación con la representación, no siempre fidedigna de los
diferentes polígonos. Se excluye, de esta manera, no sólo los modos
de construcción y la historicidad de los contenidos del conocimiento
geométrico que se trabajan, sino también un elemento esencial en el
proceso de producción de conocimiento: la resolución de problemas.
Esta resolución de problemas se significa en tanto la situación que
se plantea genera en los alumnos un conflicto de conocimiento que da
inicio a un proceso de búsqueda de respuestas posibles, así como
también a la verficación y contrastación de las mismas. Es decir,
la resolución de problemas en la mirada de la construcción de
conocimiento va más allá de los ejercicios llamados problemas, en la
tradición de la escuela. Cuando el docente introduce un tema nuevo en
su lección, está introduciendo un problema que los alumnos van a ir
resolviendo paso a paso, poniendo a operar las herramientas
fundamentales del conocer. Si
en el manejo del conocimiento geométrico han quedado excluídos tanto
los procesos de construcción, los instrumentos y la perspectiva de la
resolución de problemas, el ejemplo que se presenta a continuación
muestra claramente, como la producción de conocimiento por parte de
los alumnos es absolutamente posible, en un campo de conocimiento que
aparentemente está absolutamente alejado de la resolución de
problemas, como lo es el área curricular de artes plásticas. El
docente[xii]
inicia su trabajo diciendo "vamos a hacer un juego" y
solicitando que los alumnos conformen grupos, que ayuda a organizar.
Luego: Mo:
¿Ven estas hojas de colores? (Muestra las hojas de unas
revistas de unos colores claros y "modernos" o no
tradicionales)... ¿Las ven todos?... Aos:
/a coro/¡Sí! Mo:
¿Qué colores son? Aos:
/a coro/ Marrón (ocre) Mo:
¿Y éste? (Rojo) Aos:
Rojo Mo:
Este,¿ qué color es? (Muestra distintas tonalidades del color
negro)
Aos: Negro oscuro... Negro claro Mo:
¿Y éste? Aos:
Marrón Mo:
Marrón o rosa puede ser... Ahora tienen que buscar colores de
las revistas y ponerles un nombre que no sea el nombre del color...
Miren a este color, ¿qué nombre le pondrían? .................................................. Los
alumnos trabajan grupalmente. Mo. pasa y atiende los diferentes grupos
de niños y luego: ................................................... Ma:
¿Cuántos colores encontraron?
Aos: 15 colores Ma:
(A un Ao) Anotá en el pizarrón. (El Ao anota 15). Bueno ahora
va a pasar este grupo... Se sientan... Va a leer L... L...:
color rana, color cielo, color árbol,color agua, color canela,
color chocolate, color pared..... (La Ma. cuenta 18 y dice al Ao que
anote 18 en el pizarrón) /Pasa
otro grupo/ Ma:
Ahora le toca a este grupo... Ao:
El del profesor Jirafales (Hay risas) Aa:
rojo labio,rosado vestido, marrón caballo, negro noche, café
con leche... Ma:
¡Humm, qué rico! Aa:
(sigue la enumeración de los colores creados) marrón
chocolate, verde agua, celeste día, blanco tiza, crema para cara,
verde hojas, marrón ojos, celeste ojos, rojo pullover.... Ma:
Muy lindos los nombres y muy prolijo este grupo (Cuentan los
colores y son 17. El Ao, anota en el pizarrón)... Ahora va a leer
este grupo... /Se cruzan gritos de afuera y de adentro/ ¡No lo puedo
creer! (Dice la Ma con cara de sorprendida) Voy a leer yo (lee) pollo
duende, sapo, camisa, chocolate blanco, verde mariposa, cielo, corazón... Ao:
¡Corazón de león! /Risas/ Ma:
negro, blanco tiza..... (Cuentan 13. Habrá otro grupo con 13
también) y por último, este grupo: Ao:
celeste cielo, rojo pollera, dorado ventana, blanco tiza, marrón
zapato, negro pantalón... Ma:
¿Por qué habrán hecho poquitos? (Silencio) (Cuentan, son
seis)... Me parece que yo sé por qué hicieron poquitos... Este grupo
se peleó, se separaron porque se pelearon y tan poquitos pudieron
hacer poquito... .............................................. El
docente introduce directamente el problema a resolver, luego de
organizar las formas de trabajo de los alumnos, cuando dice Mo:
Marrón o rosa puede ser... Ahora tienen que buscar colores de
las revistas y ponerles un nombre que no sea el nombre del color...
Miren a este color, ¿qué nombre le pondrían? Y
de esta manera queda formulado el problema: poner nombres distintos a
los colores que ellos ya conocen. Este problema plantea el conflicto
de conocimiento: si yo ya sé como se llaman los colores... pero,
tengo que ir más allá, inventar nuevos. Sin embargo,
el conflicto no se restringe a que tengo que inventar algo que
ya conozco, sino que tengo que ponerme de acuerdo con otros. Es decir,
voy a construir socialmente significados consensuados sobre objetos.
Por lo tanto, durante el desarrollo de la clase se produce un proceso
creativo que transforma el conocimiento anterior en un nuevo
conocimiento. Conocimiento que de todas maneras, permanece
circunscrito a los contenidos curriculares, aunque su espacio de
emergencia se encuentra en la experiencia cotidiana de los niños con
los colores. La resolución de problemas no excluye el pensamiento de
sentido común de los alumnos, ese que surge en la inmediatez de las
relaciones con el entorno. Más aún, la posibilidad de un efectivo
proceso de resolución de problemas radica en poder generar un
distanciamiento de lo cercano, que de esta manera se hace
extraordinario para poder ser comprendido, explicado y apropiado,
contribuyendo así, a la complejización de los modos de operar en el
conocer de los alumnos. 3.3 Dos
hilos de la trama: conocimiento científico y conocimiento de sentido
común Los hilos de la trama en el tejido del
maestro no pertenecen a un solo tipo. Es por ellos que se hace
necesario hacer presente la diferencia entre el conocimiento científico
y el conocimiento de sentido común[xiii].
La distinción fundamental entre estos dos tipos de conocimiento
radica en que el primero tiene un carácter sistemático y orgánico,
en tanto el segundo se inscribe en la casuística que está presente
en las relaciones que el sujeto establece con su entorno de una forma
que puede ser adjetivada como "natural". El conocimiento se sentido
común emerge "espontáneamente", ya sea en condición
de ejemplo o de explicación, en la cotidianeidad de los diálogos que
se producen en la sala de clase, acerca de los contenidos
curriculares. .............................................................. Mo:
Bueno... N...qué es lo que
dice la
fotocopia? Cuál
es el título? Ao:
Reglas que debemos... Ao:
/ paralelamente/ reglas que debemos respetar Mo:
Reglas que debemos respetar, para que entre nosotros entre toda
persona que se comunica con otra,
haya... este...una buena
comunicación... a parte las interferencias que pueden
haber de afuera, hay algunas reglas que si nosotros
respetamos... Ao:
sh,sh[xiv]
Mo:
Hay algunas reglas que si nosotros respetamos eh, va ser... va
a hacer más eficiente la comunicación. Por ejemplo, en la
primera... qué pasaría, qué dice?, en la primera que hay
bla, bla?
/refiere al primer dibujo de la fotocopia/ Ao:
De cantidad y tu contribución que sea la necesaria, sino van a decir que sos charlatana Mo:
O sea que primero, como una especie de regla de cantidad /lee/
que tu contribución sea la necesaria sino van a decir que sos
un charlatán Ao:
Que hablan lo necesario Mo:
A ver a quien alguna vez, sin darse cuenta le pasó que a lo
mejor se pusieron a hablar...hablar...hablar y de pronto se
dieron cuenta que estaban confundiendo al otro, o que se
estaban pasando de charlatanes o que, bueno, como que hubo..., no
cumplían con a lo mejor, con el objetivo de una buena comunicación,
querían decir algo y se fueron medio por... les pasó alguna vez? Ao:
A mí! Ao:
Síí! Ao:
A mí no. Mo:
/dirigiéndose a Ao1/ Cuando fué? Ao:
Vino mi abuela a comer y le empecé a hablar y parecía que se
estaba reaburriendo porque me decía sí, sí /risas/ Ao:
Sí, si entonces parecía que..... Ao:
No, yo me aburro con mi abuela, porque mi abuela ' porque vos sabes que cuando yo fuí de viaje mi hermana...' /con
otro tono/, y yo le contesto ' si abuela, si abuela' /parodiando/,
/risas/ Mo:
Y alguna vez le dijiste algo? Ao:
Sí...abuela pará de hablar. Mo:
A ver alguien más quiere contar alguna otra experiencia?
no...? ......................................................... Mo:
Lía te pasa eso? a ver que te pasa Lía con este tema... que
te preguntan algo y vos te vas por otro lado?... cómo es? Ao:
Sí... empieza a hablar de otra cosa Mo:
Ajá, saben eso también es importante porque a lo mejor uno le
pregunta algo a alguien... y ese alguien... y ese alguien a lo mejor
quiere contestar sobre eso, pero como que
eh... empieza con
otro tema y, y en lugar de contestar, ser claro en eso, se va por las
ramas... y eso también pasa... Saben cuándo? Ao:
Cuándo? Ao:
Cuándo? Mo:
Pasa también, no sólo en lo oral sino en lo escrito, cuando a lo mejor, yo les hago un cuestionario ustedes
responden la pregunta y qué pasa? no son claros ni precisos en la
respuesta... sí? y a lo mejor esteee... tratan de,
y se
van por las ramas,
pasa eso, que a lo mejor lo que yo les estoy preguntando no me lo
responden en forma clara y me responden otra cosa, eso
pasa eso en sociales que yo les hago una pregunta y ustedes tienen los textos para contestarme, sacar las ideas
principales y ahí hay que prestar un poquito de atención, ver a que
apunta la pregunta
no? porque la cosa no es escribir, escribir, escribir como para
dejar contento al maestro, sino tratar que se apunte, que la
respuesta apunte bien a la pregunta, prestar bien atención bien lo
que se quiere , que es lo que se está pidiendo en la pregunta y
tratar de responderlo, eso requiere un poco más de atención, en
lugar de, a lo mejor, hacer un poco apurado la tarea, empiezo
a prestar
más atención a lo que se pide para poder contestar y ser
claro. Pero eso
chicos les digo que es con la práctica, no es
algo que,
que les tenga que salir bien de entrada, uds. estan
aprendiendo, todos estamos aprendiendo, y eso con la práctica se
logra, síí? lo bueno es
que la intención de querer hacerlo
bien, de cumplir con la tarea, eso está bárbaro y después
con la práctica viene lo otro. Bueno, en la tercera, a ver? /vuelve a
la fotocopia/ Ao:
Yo Ao:
Yo, yo. Mo:
Vos ya leiste. Ao:
Yo no leí. Ao:
Yo. Mo:
D..., está ahí... Ao:
Yo no leí. Ao:
/lee/ De relación: que tu contribución sea oportuna. Ao:
Inoportuna. Ao:
Te pueden decir que sos un desubicado. Mo:
Ajá.../lee/ de relación que tu contribución no sea
inoportuna o fuera de lugar, te pueden decir que sos un desubicado. A
ver?... a alguien le pasó que a lo mejor hay dos
chicos conversando
sobre algo y de pronto...o, aparece un tercero que se mete, que no tiene nada que ver... Ao:
Sí Ao:
/tono de burla/ S... Ao:
No, L... siempre hace lo mismo, a nosotros nos pasó. Ao:
S... Mo:
Tratemos de pensar en nosotros, si no nos pasó a nosotros. Ao:
Sí. Ao:
Bueno, pero yo sé...gorda. Mo:
A ver, L...a vos te pasó en algún momento? .............................................................. Mo:
Bueno, y...a ver F...la última. Mo:
Y no digas lo que crees que es falso, no
digas nada
a la ligera, que tu contribución sea veraz, y acá chicos está
diciendo /lee/ en las vacaciones
fuimos a
pescar y
salió una corvina
de 250 kilos. Ao:
Está loco. Mo:
Bueno...sobre esto. Ao:
Mi papá. Mo:
A nadie le pasó que de pronto quiere, este...como quedar
bien?. Ao:
Mi papá. M:
...Frente a alguien o quieren, o
como quedar,
este... y
de pronto exageran un poquito una cosa?. Ao:
Yo. Ao:
Sí.
.................................................................. En
el ejemplo[xv],
el conocimiento científico se hace presente a través de la teoría
que sustenta las reglas de un buena comunicación que el docente va
aclarando en el desarrollo de la conversación con los alumnos. El
docente dice Y no digas lo que crees que es falso, no
digas nada a la ligera, que tu contribución sea veraz. A
continuación lee el ejemplo que sobre esta regla se presenta en el
material que están trabajando en
las vacaciones fuimos a
pescar y
salió una corvina
de 250 kilos. Y aquí
surge desde la inmediatez de la experiencia, en una casuística
relevante para la comprensión del contenido científico, el sentido
común, en la voz de un alumno: Mi papá La
relación que es posible establecer entre conocimiento científico,
representado en la sala de clase en los contenidos curriculares, y el
conocimiento de sentido común, se encuentra en la base de la idea de
producción de conocimiento. No obstante estos dos tipos de
conocimiento comparten el carácter social de su modo de construcción,
no son equiparables en cuanto a los procesos de apropiación y
constitución. Estos dos procesos están articulados puesto que en el
caso del conocimiento científico los aspectos comprometidos en su
producción, que son los que permiten su comprensión e interpretación,
reclaman de modos de operar cognitivos diferentes a los del
conocimiento de sentido común. Si
bien es posible establecer nexos entre uno y otro conocimiento en el
desarrollo de una clase, más aún en toda enseñanza que pretenda
generar aprendizajes significativos, es fundamental reconocer que el
conocimiento de sentido común se afirma en la experiencia, en lo episódico.
Es decir, no necesariamente se establecen conexiones que permiten una
acumulación organizada, que abre el camino al distanciamiento que
lleva a procesos de verificación y articulación sistemática. En la
tradición didáctica siempre se ha considerado relevante, en el
proceso de introducción de los contenidos curriculares, indagar en el
conocimiento de sentido común que aportan los alumnos desde su
cotidianeidad[xvi].
Esta tradición, es recuperada desde el aparato de la psicología, con
la noción de pre-conceptos. Más aún, desde algunas corrientes pedagógicas
se considera a la escuela como el espacio donde se genera el pasaje de
los alumnos del conocimiento de sentido común al conocimiento científico.
En el sentido de la formación de una actitud hacia el mundo, es
decir, hacia el hombre, genéricamente denominado y hacia la
naturaleza. El conocimiento científico, en este contexto, hace
referencia a un modo de operar en el conocer, de preguntarse, de búsqueda
de respuestas sobre inquietudes e interrogantes que, al menos en la
escuela, surgen ligadas a la complejidad de la vida cotidiana.
Es decir, el énfasis está puesto en la razón y en el deseo
de saber. Condición que marca la distinción con el conocimiento de
sentido común, donde el énfasis está en los sentimientos y la
experiencia. Estos dos últimos son el punto de partida del deseo de
saber y es la razón la que lo encamina hacia la transformación en
conocimiento científico Por
otra parte, argumentar acerca del conocimiento en la enseñanza lleva
necesariamente a una diálogo permanente entre conocimiento de sentido
común y conocimiento científico. Puesto que el maestro para poder
operar con el sentido común que aportan los niños, debe estar en
condiciones de operar desde el conocimiento científico, en tanto es sólo
desde aquí desde donde se puede mirar y reflexionar al primero.
Esto implica estar en posesión de un cierto grado de claridad
acerca del significado y sentido del conocimiento y el conocer. Donde
el primero reclama de los modos de constitución de la Ciencia (genéricamente
hablando) y las discursividades fundantes de la Epistemología y el
segundo, en el mundo de la sala de clase, apela a las explicaciones y
hallazgos del aparato científico de la Psicología. No
obstante la relevancia que tiene para la enseñanza el conocimiento
científico, a través de los contenidos curriculares, ésta temática
no siempre surge en las discursividades de los docentes. La preocupación
de los maestros entorno al conocer se centra en
"compartir, no? fundamentalmente juntos, estar en algo,
un proceso que tiene un tiempo, que comienza y bueno... y estar en ese
tiempo al lado de los chicos, compartiendo con ellos lo que yo les
transmito y recibiendo, es una ida y vuelta[xvii]".
El contenido en la acción de transmitir en general se diluye, puesto
que "enseñar es tratar que el otro vaya construyendo, te diría, su pensamiento, sus estructuras, que vaya tratando de conocer
la realidad, lo que lo rodea, su pasado, porque estamos como estamos.
Tratar de que el otro lo pueda ver, lo pueda entender, lo pueda
asimilar y después lo pueda transmitir". El oficio de enseñar
se hace invisible en sus contenidos porque "...
trato de dejarlos que... que vayan armando ellos la experiencia... o
sea, no les digo demasiado, todo lo que tienen que hacer... los pasos
a seguir". Aunque "yo sé que siempre tengo que
empezar... haciendo que al chico le guste, que sea divertido, que no
sea aburrido, que a la vez aprenda. Está todo eso, hacer que el chico
se divierta, que aprenda y que le guste" y este contexto de
la diversión, de lo "no aburrido" es el que interpela a la
condición de tejedor del maestro, en tanto articular de la urdimbre
(sus alumnos) y este hilo de la trama (conocimiento científico). 3.4 Otro
hilo de la trama: las prácticas sociales "Considero
que enseñanza no sólo significa transmitir contenidos curriculares
sino también ver en qué forma se llega a esto. Me refiero a qué
tipo de vínculo establece uno con el grupo". Y el tipo de vínculo
con el grupo interpela a las relaciones sociales que se instauran en
la sala de clase. Relaciones sociales que interrogan a los procesos de
transmisión de las prácticas de convivencia social en la escuela. En
tanto, es a través de ella que la sociedad intenta traspasar aquellas
prácticas sociales, - más allá de los contenidos curriculares que
se expresan en los programas de Instrucción Cívica-, que se
consideran como válidas en la sociedad en que la institución está
inserta. Sin embargo, y a
pesar del reconocimiento explícito sobre el papel socializador que
juega la escuela, los contenidos de las práctica sociales no siempre
aparecen analizados y explicados a cabalidad. Parecería que las práctica
sociales se encuentran incorporadas en el acervo "natural"
que aportan los niños a la escuela. De la misma manera, no siempre
está claro que dichas prácticas sociales son un objeto de
aprendizaje y por lo tanto parte de los hilos con que teje el maestro
su relación con los alumnos, en tanto las "formas de
comportamiento" en un grupo humano pequeño o grande constituyen
los elementos constitutivos fundamentales del proceso de socialización
de la infancia y la adolescencia, que permite a los niños y jóvenes
hacer el pasaje de la vida natural familiar a la vida de la sociedad
civil. Socialización
que, en consecuencia, compromete a la vida pública, a la participación
ciudadana y a comprender el significado de la "aldea
global". En las relaciones que se establecen en el aula de clase tanto entre docente y alumnos como entre ellos se manifiestan ciertas formas conductuales cuyos significados y sentidos, en la mayoría de las situaciones se dan por sobreentendidas.Las formas de dirigirse al maestro, de responder a una de sus preguntas, de sentarse, de pararse, de salir de la clase durante una lección, el trato que los niños tienen entre sí se constituyen en manifestaciones de las prácticas de convivencia social que se inscriben en la escuela. Los
modos como el maestro teja en estas prácticas de convivencia social
interrogan las visiones que tanto los docentes como los niños aportan
desde su origen socio-cultural y de cómo éstas, las visiones, se
concretizan en una relación que por su naturaleza, tiene una
finalidad distinta de aquella que se inscribe en los hogares de los niños ¿Cuáles
son entonces los contenidos que podrían considerarse en un programa
de prácticas de convivencia social? En qué momentos de la clase se
enseña a escuchar al otro, a respetar sus ideas aunque no se esté de
acuerdo con ellas, a entregarle autoridad por su saber? Estos
contenidos tienden a conformar un modo de comprender e interpretar la
convivencia social, más allá de la preocupación que manifiestan los
maestros por la disciplina que, en general, se encuadra en las formas.
Esta forma de mirada la interpela al significado de las prácticas
sociales y al lugar desde donde se inscriben en la creación del
tejedor. Las
prácticas sociales no se hacen explícitas como contenidos
curriculares. En consecuencia, parecerían no ser reconocidas como
conocimientos. Si no tienen este carácter, qué son las prácticas
sociales? Desde
su proceso de constitución, las prácticas sociales se conectan con
la noción de saber. Puesto que su lugar de emergencia está
justamente allí, en la práctica de la vida cotidiana compartida y
son pasibles de un proceso de reflexión que se articula a ámbitos
disciplinarios como la Etica y la Moral. Las práctica sociales son el
horizonte desde donde se habla de los valores, de las normas de
convivencia, de la dialogicidad, del reconocimiento de la diferencia.
Por lo tanto, son el corpus de saber que da cuenta, explica e
interpreta el proceso de socialización, que sin dudas, en la escuela
se manifiesta tanto en la sala de clase como en las relaciones entre
los niños. La
enseñanza de las práctica sociales en la sala de clase presenta
dificultades en su visualización. Sólo en muy pocas ocasiones el
docente hace explícitos los contenidos de dichas prácticas, como
cuando dice "Pará... pará... a ver, A... quiere decir algo",
poniendo de manifiesto en esta expresión la necesidad de aprender a
escuchar al otro, como en el caso de
"E... la quiere cantar sola. J... y A..., cerramos la
boquita y escuchamos...Vamos a escuchar a E...". Y lo
importante que es el trabajo compartido cuando "¿Por qué
habrán hecho poquitos? (Silencio) (Cuentan, son seis)... Me parece
que yo sé por qué hicieron poquitos... Este grupo se peleó, se
separaron porque se pelearon y tan poquitos pudieron hacer poquito...[xviii]".
3.5 La
trama se trabaja así... De
lo dicho hasta aquí parece desprenderse que los hilos que se entraman
convocan metafóricamente al conocimiento científico, a aquél
llamado de sentido común a los que hablan de las prácticas sociales.
Sin embargo, el maestro sólo parece estar interesado en tejer sólo
con aquellos hilos que conforman el conocimiento científico, aquel
que se hace presente en los contenidos curriculares. No obstante, los
modos de exposición de estos contenidos algunas veces son
incompatibles con la rigurosidad y la sistematicidad que le son
propias. Por otra parte, hay una particular visión de los docentes
sobre su relación con los niños, mediada por el conocimiento. En
ella, los alumnos emergen, en las enunciaciones discursivas de los
docentes, casi como en
calidad de depositarios de la decisión sobre cuáles son los
conocimientos válidos que deben impartirse en la escuela. Aunque el
protagonismo de los alumnos se acepta en las discursividades, en la
constitución del tejido dicho protagonismo no presenta un carácter
constructivo[xix].
Otro
hilo que entrama el maestro en su tejido es ese saber que emerge y da
cuenta de las prácticas sociales. Este no es un saber canónico ni
regimentado, aunque sí presenta reglas de construcción. Las formas
de vida cotidiana están en su origen y la reflexión sobre las mismas
lo constituye. Sin embargo, parecería
son los niños los que aportan fundamentalmente a este
conocimiento. De esta manera, el docente estaría considerando que el
aprendizaje y el conocer las formas de convivencia se transmite
naturalmente y que la naturaleza de las conductas sociales se vehicula
en la familia. Esto los lleva a dejar por fuera de sus modos de tejer
tanto la recuperación y el reconocimiento de las formas de
convivencia aportadas por los niños como a su transformación, cuando
se hace necesaria. Parecería que el docente encara el modo de
convivencia social sólo desde una idea de disciplina asociada a un
supuesto orden que estaría enraizado en la tradición de las maneras
de hacer clase y de cómo los niños deben comportarse en un aula.
Nadie pregunta a los niños ni tampoco se les aclara mucho cuáles son
las reglas, el canon normativo de las conductas en el aula y de la
convivencia social. De esta manera, este hilo de la trama que marca el
carácter socializador del tejido que construye el maestro, va
perdiendo su textura, dejando espacios vacíos que aunque parecen
imperceptibles son fundamentales en el proceso formativo de los
sujetos. 4. LA
LANZADERA Y EL TEJEDOR La
herramienta esencial de un bueno tejedor es el conjunto de lanzaderas
que emplea en la ejecución de su labor. Estas lanzaderas son
diferentes y están relacionadas tanto con la urdimbre como con la
trama. La imagen metafórica que reclama aquí de la idea de la
herramienta para ser un buen tejedor, se vincula al conocer. Como toda
acción el conocer convoca a la mediación, es decir a los
instrumentos para alcanzar fines.
En
la tradición pedagógica, se ha considerado al método como la
herramienta fundamental en la labor docente. Es decir, es la lanzadera
del tejedor. Desde 1632 se llevaron a cabo múltiples esfuerzos de
sistematización de los diferentes momentos que articulan una lección,
para poder alcanzar una propuesta canónica que consagrara y asegurara
el éxito de la enseñanza. Comenio, Herbart y Lombardo-Radice son los
nombres que marcan los hitos históricos de esta empresa. Sin embargo,
más allá del reconocimiento del esfuerzo es necesario asumir que el
canon buscado y establecido ha terminado por ser un espacio
sacralizado del cual se ha excluído la reflexión y la crítica. Esto
ha llevado por un lado a la radicalización de los argumentos y por el
otro a excluir el concepto de las proposiciones pedagógicas. Las
discusiones sobre el método y los elementos constitutivos que lo
articulan se han trasladado a la indagación sobre el pensamiento y
las creencias de los maestros, la interpretación del curriculum explícito
y la incidencia del curriculum oculto. Se podría afirmar que se ha
producido un giro socio-antropológico en los estudios sobre el
maestro que ha diluído los argumentos y la posibilidad de poner en
conflicto desde el horizonte pedagógico, al oficio de enseñar.
Haciendo del maestro un tejedor que ha perdido su lanzadera. Casi
en paralelo con la desaparición de escena de la discusión sobre el método
de enseñanza surge la indagación sobre los procesos cognitivos que
operan en los alumnos en el aula de clase, donde ellos devienen y son
considerados productores de conocimiento. La urdimbre se complejiza,
se llena de nudos, calidades y texturas distintas. La trama se cubre
de nuevas ideas, conceptos, tecnologías. Y al confrontarse con ellos,
la herramienta del maestro, el método, se fractura en la inadecuación.
Aún cuando se hace difícil proyectar formas distintas a las
tradicionales al enfrentar el desarrollo de una lección, donde siguen
estando presentes nociones como motivación, actividad del alumno,
actividad del maestro y evaluación, la capacidad creadora del docente
debe ser estimulada. Preguntas de qué sucede en una motivación, o si
podemos pensar a priori en la actividad del alumno y la del maestro,
si existen realmente mecanismos o procedimientos de control que lleven
al alumno a hacer lo que el maestro planificó sin contaminarse para
nada de lo que le sucedió camino de la escuela. A estos se agregan,
otros interrogantes más contemporáneos, como cuál es la relación
del método con los procesos cognitivos, con las discusiones epistemológicas,
con los fundamentos teóricos de las tecnologías que se encuentra en
las escuelas al alcance de alumnos y docentes, con un mundo donde no sólo
las barreras de la comunicación van desapareciendo, sino que se
produce una globalización de la economía
y donde cada vez
es posible estar más cerca de personas cada vez más distintas.
Esta
demanda por cambios que actualicen y proyecten los modos de pensar y
enfrentar el método de enseñanza, reclaman también de la generación
de nuevas herramientas intelectuales por parte del docente que le
permitan generar proposiciones que puedan ser experimentadas en el
aula de clase, consensuadas con sus colegas y comunicadas a la
sociedad. 4.1 La
posibilidad de nuevas lanzaderas En
los hallazgos de la investigación en el campo de la psicología
cognitiva se encuentran los elementos que cuestionan la tradición
pedagógica en lo metódico de la enseñanza. Los despliegues teórico-investigativos
que en la actualidad lleva adelante el constructivismo son sólo un
ejemplo de esta situación. Pero estos hallazgos, hablan desde la
especificidad de un sujeto que conoce, del cual se describe y da
cuenta los procesos comprometidos en ese accionar, cuando el problema
metodológico de la enseñanza reclama de un operar al interior de
relaciones grupales cuya intención es generar procesos de cambio y
transformación en los sujetos que allí interactúan. Cuando el
maestro se enfrenta a un grupo de alumnos pone en acto no sólo los
conocimientos científicos y aquellas reglas que ha aprendido en la
escuela de formación docente, sino también su propia identidad
socio-cultural. Y estos elementos son los que dan sentido y explican
su accionar, es decir, su modo de operar en el método de enseñanza. Los
argumentos en torno al método, vistos históricamente, se constituyen
en el diálogo permanente con diferentes aparatos disciplinarios. Es
así como la Didáctica General habla de una lógica del aprendizaje
que la lleva a considerar a la deducción y a la inducción como
formulaciones propias de lo metódico, particularizándolas, o más aún,
haciéndolas propiedad de ciertas áreas del conocimiento científico.
Por ejemplo, cuando se sostiene que la deducción es el método propio
de la enseñanza de la matemáticas y la inducción de la historia.
Pero no son sólo la deducción y la inducción lógica las que están
presentes, sino también el análisis y la síntesis; y es así como
se habla de métodos de enseñanza de la lecto-escritura de marcha
analítica y de marcha sintética. La
emergencia de la psicología que estudia la cognición y particularmente
los aportes de Piaget y Vigotsky llevan a la didáctica a una
encrucijada, que asume una condición crítica cuando la discusión
epistemológica aparece en escena traída de la mano por la psicología
genética. Es así, como el método de enseñanza se ve interpelado por
el conocer y el conocimiento. La respuesta inicial, ligada fuertemente a
las posturas constructivistas, es la resolución de problemas. Y este
enfoque ha ido adquiriendo una cierta omniprescencia en la discusión
didáctica, con una condición casi omniexplicativa. Sin embargo, las
propuestas para el o un método de enseñanza fundado en el
constructivismo se asemejan bastante en sus formas de concreción en los
cánones de la tradición pedagógica. Es decir, no ha
logrado con su reto a lo metódico generar el conflicto necesario para
su transformación, a partir de un re-pensar críticamente el vínculo
entre método de enseñanza y conocimiento. Es decir, el tejedor continúa
limpiando día día a su antigua lanzadera, llenándola de nuevos
nombres para antiguos y tradicionales modos de tejer. REFERENCIAS Abbagnano, N. Historia
de la Pedagogía, Fondo de Cultura y
Visalberghi, A. Económica,
México, 1979: 47‑84 Bajtin, M. El problema de los géneros discursivos
en LA ESTETICA DE LA CREACION VERBAL, Siglo XXI Editores, Buenos Aires,
1985:248‑293 Foucault, M. El
Nacimiento de la Clínica, Siglo XXI Editores, México, 2982:35ss Jaeger, W. Paideia,
Fondo de Cultura Economica, Mexico, 1987 Levins, R. The
Dialectical Biologist, Harvard University Lewontin,R. Press,
Cambridge, 198 Mayr, E. Evolution
en EVOLUTION, Scientific American Books, W.H.Freeman and Co. San
Francisco, 1978:2‑11 [i].
A este respecto es necesario aclarar que a través
de diversas investigaciones sobre la formación de maestros
realizadas tanto en América Latina como en Estados Unidos, parecería
que la regla general es que estos cursos son un largo listado de
nombres y temas, sin contar con ningún tipo de trabajo práctico. [ii].
Este conocimiento en general parece presentar
un carácter determinista, ya que desde el punto de vista biológico,
los docentes parecen compartir con las propuestas sociobiológicas
de E.O. Wilson donde
"la uniformidad está entre los individuos, pues las
constancias biológicas están dictadas por los genes que determinan
la forma que adoptan las instituciones sociales" (Levins y
Lewontin, 1985:258) Y en el ámbito de lo social, hay un cierto
convencimiento que todas las sociedades tienen ciertas estructuras
subyacentes en común, que sólo presentan algunas variaciones en
sus prácticas, siguiendo de esta manera, quizás no concientemente,
el pensamiento estructuralista de Levi-Strauss. Sin duda hay cierta
similitud entre ambas postura, pero el terreno y el sentido de la
relación entre lo biológico y lo social se diluye en la
ambiguedad. [iii].
Este determinismo se ve confirmado en muchas
ocasiones pro algunos hallazgos de la investigación educativa y
psicológica, en cuyos encuadres está ausente una comprensión dinámica
de la relación entre individuo y contexto antural y social,q ue
trae aparejado un proceso de interacción que genera tanto la
transformación del sujeto como de su entorno. [iv].
Sobre el régimen de mirada ver Foucault, M. El
Nacimiento de la Clínica, Siglo XXI Editores, México,
2982:35ss [v].
El concepto de enunciado está recogido de los
trabajos de Mijail Bajtín, en particular del titulado El
problema de los géneros discursivos, publicado en La Estética
de la Creación Verbal, Siglo XXI Editores, México, 1985:
248-293 [vi].
La formas dialógicas de la enseñanza están
entrañablemente ligadas a la historicidad del oficio docente, desde
la tradición socrática que considera el diálogo "como el único
camino por el que podemos llegar a entendernos con otros"
(Jaeger, 1987: 395). Para profundizar sobre la condición mayeútica
del enseñar ver Jaeger, W. Paideia, Fondo de Cultura Económica,
México, 1987 y Abbagnano, N. y Visalberghi, A. Historia de la
Pedagogía, Fondo de Cultura Económica, México, 1979: 47-84 [vii].
La idea de "constitución de la visión
del mundo", en general, aparece ligada a los adultos,
desconociendo el traspaso cultural que se produce de una manera, que
se puede adjetivar como natural, de los modos de relacionarse con la
naturaleza, con los saberes, con las práctica sociales, con sus
pares y con los adultos en las familias de origen, que viven en un
espacio geográfico determinado, sea rural o urbano. La ausencia de
este re-conocimiento del niño como portador de visiones del mundo
por parte del docente, está en el origen de la construcción de su
régimen de mirada sobre los niños que se manifiesta en el accionar
que se observa y registra en el aula de clase. [viii].
Quizás podría aproximarse que en el origen de
esta situación se encuentra la imagen de una comprensión
distorsionada de la igualdad de oportunidades que marca la
emergencia de la institución escolar. En tanto la búsqueda de esta
igualdad desde la tradición educativa se funda en el reconocimiento
de las diferencias de los individuos. [ix].
Lo que se presenta a continuación es parte del
Informe Final de la investigación "Lenguaje, Marginalidad y
Enseñanza" que llevamos a cabo conjuntamente con Montserrat de
la Cruz en el Centro Universitario Reginal de Bariloche de la
Universidad del Comahue, Republica Argentina. [x].
En tanto el eje de mi argumentación es el maestro, la
discusión acerca del por qué unos contenidos y no otros de las
estructuras curriculares trasciende los límites de este artículo. [xi].
El registro que se presenta a continuación
corresponde a una clase realizada en 7º grado. [xii].
Este ejemplo corresponde a una clase de 3º
grado de artes plásticas [xiii].
La distinción que aquí se presenta es deudora
de los trabajos de Antonio Gramsci [xiv].
Sh es una forma onomatopéyica de solicitar
silencio [xv].
El registro de observación corresponde a una
clase de Lengua Materna en 7º grado. [xvi].
Me atrevo a afirmar que la idea filosófica de
"saber (conocimiento) de sentido común" está en la base
de los argumentos psicológicos sobre las pre-teorías o
pre-conceptualizaciones. [xvii].
Los enunciados en cursiva corresponden
entrevistas a docentes [xviii].
Los enunciados en cursiva corresponden a notas
ampliadas de registros de observaciones en salas de clase. [xix].
Es particularmente interesante el modo como se
pone en acto, se actualiza la idea de resolución de problemas.
Parecería que esta noción, muy enraizada en las discursividades
constructivas, adquiere relevancia en relación con ámbitos
disciplinarios específicos del conocimiento científico, como es el
caso de matemáticas. Sin embargo, la idea de problema trasciende
este horizonte, puesto que en clases de artes plásticas o música o
lengua materna también se trabaja la resolución de problemas sin
hacer una mención explícita al concepto. Puesto que el problema
surge, está articulado, a los modos de interrogación que asume el
docente, más que a los contenidos mismos de la interrogación. Es
decir, se puede hacer una pregunta cuando se enseña matemáticas
sin que ésta constituya un problema a resolver. |
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