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OTRA VUELTA DE TUERCA
Araceli de Tezanos Facultad de Ciencias
Sociales Pontificia Universidad
Católica de Chile
Santiago, primavera de 1995 Trabajo
presentado al III Encuentro Nacional de Pedagogía Constructivista y
Desarrollo Humano, Manizales, Colombia; Septiembre 1995 - La premisa inicial
En las proposiciones iniciales de la Escuela Nueva (Activa), emerge
como uno de sus postulados fundantes el papel que debe jugar el niño en el
proceso formativo[1].
Y este acontecimiento alcanza tal grado de radicalización que se manifiesta
en la actualidad, por la desaparición del tema de la enseñanza. Esta situación
tiene como correlato un proceso de exclusión y
de ausencia de reconocimiento de los elementos sustantivos del oficio
de enseñar que articulan el proceso de constitución del saber pedagógico[2]
y las argumentaciones fundantes de la Teoría de la Enseñanza, que es
reemplazada por las formulaciones enunciativas acerca del aprendizaje,
producidas en el espacio disciplinario de la Psicología. La emergencia del
constructivismo es solo una nueva huella en el camino de la subsunción de lo
pedagógico a lo psicológico. Esta premisa no implica una
acusación a los psicólogos y sus investigaciones, sino más bien pone en
cuestionamiento el compromiso de los maestros como productores de saber pedagógico,
aunque considero que esta situación es mostrativa del significado y sentido
asignado y construído entorno al oficio de enseñar.
En consecuencia, este documento se articula a partir de las siguientes
temáticas:
1
El contexto de la argumentación
2
El discurso psicológico y el oficio de ensenar: una historia compleja
3
El constructivismo: otra huella en la misma historia
4
Breves conclusiones 1 -
El contexto de la argumentación
Cada cierto tiempo aparecen proposiciones e ideas que procuran generar
procesos de cambio tanto en el sistema educativo así como también en el
quehacer docente en las salas de clase. En el momento actual, las razones para
ello se inscriben, en el marco de la necesidad y el interés de promover
procesos de mejoramiento en la calidad de la educación, articulados a las
demandas y los desafíos que le impone el desarrollo socio-económico y los
caminos hacia la modernización en los que se han comprometido los países de
América Latina
Frente a esta interpelación que el sector económico-productivo le
hace al sistema educativo, este reacciona buscando remozar sus modos de operar
y accionar tanto desde lo administrativo como, y fundamentalmente, en el ámbito
concreto de la escuela, en las salas de clase. Sin embargo, parecería que
nuestras sociedades latinoamericanas han tenido una gran capacidad de
reactualizar temas o situaciones como desvinculadas y desarticuladas de su
historicidad y su tradición, olvidándose de enunciados que en cierto momento
de nuestra propia historia latinoamericana fueron asumidas como consignas en
los estandartes de las batallas políticas. Una, sólo con carácter
demostrativo: "la escuela debe enseñar todo a todos", repetida en
el vozarrón de Sarmiento, en los escritos académico-políticos de Varela, o
desde la parsimonia guerrera de Benito Juarez. Esta frase, ya convertida en
sentencia para aquellos que con pasión defendemos los principios esenciales
de la escuela como institución fundacional de la democracia, nos lleva a
plantear, nuevamente, la discusión acerca del papel que juegan las
proposiciones e ideas que se importan permanentemente desde otros contextos,
sin indagar en los significados y sentidos de las mismas, y mucho menos en su
historicidad. Quizás por ello surge una necesidad de emplear nuevos nombres
para ideas viejas.
Y es en este ámbito que se inscribe mi discusión acerca del
constructivismo como una alternativa para el mejoramiento de la educación.
Puesto que muchos de los conceptos vertidos en los diferente artículos y
documentos producidos por los constructivistas, carecen de aclaraciones de
significado y de los necesarios rastreos en la historicidad de las palabras.
Esta situación se manifiesta en el momento que el constructivismo se instala
en el espacio del oficio de enseñar, recorriendo el mismo camino que otras
conceptualizaciones emergidas en el ámbito disciplinario de la Psicología. Considero
que si esta ausencia permanece, continuaremos en un ámbito de ambiguedades en
las discusiones; más aún seguiremos renegando de la tradición de un oficio,
de un saber, que tanto costó construir y que al ser ignorada, se hace
imposible ponerla en acto, actualizarla en la crítica, ponerla en conflicto y
no simplemente hacer un ejercicio de sustitución vocabular.
Los argumentos que se despliegan en los textos constructivistas y las
propuestas para concretizarlos en el espacio de las prácticas pedagógicas
que se constituyen en las salas de clase, cobran sentido en el contexto de
estas aclaraciones que, pomposamente, he llamado ejercicios de filogenia
conceptual (que es mi modo de hacer hermeneútica), pues para mí es en el
rescate crítico de los elementos sustantivos de la tradición donde se
generan los espacios que hacen posible las transformaciones educativas del hoy
que construyen el futuro, porque como dice Gadamer[3],
"incluso cuando la vida sufre transformaciones tumultuosas, como ocurre
en los tiempos revolucionarios, en medio del aparente cambio de todas las
cosas se conserva mucho más legado antiguo de lo que nadie creería, integrándose
con lo nuevo en una nueva forma de validez"(Gadamer, 1993:350) Por ello,
es que en esta discusión, argumento, proposición, voy a dedicarme a poner en
conflicto aquellos términos que surgen en los enunciados constructivistas a
la luz de la tradición pedagógica y desde el horizonte del oficio de enseñar.
2 -
Discurso psicológico y oficio de enseñar: una historia compleja
Al revisar las proposiciones que se encuentran en el origen la Escuela
Nueva (Activa) en los inicios de este siglo, la crítica a la tradición
educativa anterior se sustenta sobre el desconocimiento que ésta manifiesta
sobre las particulares condiciones de los niños, pues "no se piensa de
ninguna manera que el niño es un ser vivo, cuyos resortes son, al final, los
mismos que aquellos que hacen actuar al adulto: la necesidad y el interés. Se
omite crear en él esas circunstancias favorables, como si el escolar fuera
una especie de semidiós que flotara por sobre las contigencias de este bajo
suelo, capaz de hacerlo todo simplemente porque hay que hacerlo, sin que se
encuentren realizadas las condiciones empíricas y psicológicas[4]
que engendran la acción" (Claparède, citado por Bloch, 1949).
De esta manera, el niño se define como el eje central del proceso
educativo. En consecuencia, se hace imprescindible encontrar las
discursividades disciplinarias que pueden dar cuenta, explicar y significar
las condiciones de la infancia. Esta búsqueda abre el camino a la Psicología,
y fundamentalmente a aquel campo disciplinario que discute los procesos y
etapas genético-estructurales del desarrollo del sujeto.
Esto transforma a la Psicología, en la discursividad fundante de los
procesos de transformación propuestos por los pedagogos progresivistas,
quienes interpelan fuertemente a la ética de aquellos que no recurren a sus
hallazgos en relación a la infancia, sosteniendo que "no se irá hasta
el fondo del problema amparándose en las "enseñanzas de la psicología
genética" y comprobando que la pedagogía tradicional no la tiene en
cuenta, sino preguntándose si ésta tiene el derecho o no de
despreciarla"(Bloch, 1949:12). Más aún, se sostiene que los
reformadores deben tomar la realidad de esa psicología "como base y como
guía" (Bloch, 1949:12). Esta afirmación cobra toda su fuerza en los
argumentos que expone Dewey[5],
en un trabajo publicado por primera vez en 1900, revisado en 1915, acerca de
la relación entre los avances de la psicología y el camino que debe seguir
la escuela a la luz de dichos avances; es decir de "las respuestas
educativas que han sido pedidas por las hipótesis psicológicas"
(Dewey,[1900] (1956):105)[6]. Por lo tanto, se propone
como punto de partida una relación permanente entre Psicología y Educación;
donde la segunda debería adscribirse a la "moderna concepción de la
mente como esencialmente un proceso - un proceso de crecimiento, no algo estático"
(Dewey,[1900] (1956):102). En consecuencia, la idea de evolución y desarrollo
emergente en las discursividades psicológicas está en la base de la
significación de lo educativo como proceso. Proceso y evolución del niño, a
quien deben reconocerse sus particulares condiciones, y en consecuencia,
"ir a la escuela no es concurrir a un lugar separado, aparte, sino más
bien que a la escuela [el niño] va a recapitular las fases típicas de su
experiencia externa, para ampliarla, enriquecerla y gradualmente
formularla" (Dewey,[1900] (1956):106). Y para que la escuela cumpla con
esta demanda "yo creo que este proceso educacional tiene dos lados: uno
piscológico y uno sociológico... De estos dos la psicología es el
fundamento. El instinto y el poder del niño proporciona el material y el
punto de partida para toda educación" (Dewey, 1954: 42). Y yo agrego, y
es la Psicología, considerada disciplinariamente, la que habla en nombre de
ese niño.
Por otra parte, para Dewey, las respuestas demandadas por las hipótesis
psicológicas se concretan en consideraciones sobre el método que
"involucra la presentación de una amplia cantidad de detalles, de
entornos minuciosos, de herramientas, de modos de vida cotidiana, de tal
manera que el niño puede reproducir estos materiales como vida, no como mera
información" (Dewey,[1900] (1956):108). El método debe adecuarse a
"los estadios de crecimiento". El primero de los cuales "(que
se encuentra en el niño de los cuatro a los ocho años) está caracterizado
por lo directo de sus intereses personales y sociales, y por lo directo y lo
veloz de la relación entre impresiones, ideas y acción" (Dewey,[1900]
(1956):105). Estas características
del niño, explicadas y descritas por la Psicología, hacen afirmar a Dewey
que "el material no es presentado como lecciones[7],
como algo a ser aprendido, sino más bien como algo que debe ser recogido por
la propia experiencia del niño, a través de sus propias actividades,
tejiendo, cocinando, comprando, modelando, dramatizando, en conversaciones,
discusiones, contando historias, etc..." (Dewey,[1900] (1956):106). Esto
emerge del hecho, como señala Kirpatrick, que "los niños deben aprender
lo esencial del grupo cultural o ellos no podran tener vida grupal. De esta
manera la cultura fija la primer gran tarea de la educación. Sin embargo, debemos decir inmediatamente que si la cultura
establece el fin de la educación, la psicología fija el método"[8]
(Kirpatrick, 1942:62
En esta línea argumental,
la exposición de Dewey ([1900], 1956) prosigue con los estadios siguientes
del desarrollo psicológico del niño dando alternativas educativas para
ellos. Sin embargo, lo relevante para el despliegue de mis argumentos, es dar
cuenta de esta marca psicológica que imprime Dewey al pensamiento de la
Escuela Nueva y a todo el progresivismo en general, que permea propuestas que
surgen en otros contextos. Es así como en un texto de Cousinet (1966) se
manifiesta que "es evidente que el educador ha de tener,
independientemente de todo otro conocimiento teórico, lo que nosotros llamaríamos
calurosamente "el sentido del niño"; más también sabemos todos
que este conocimiento intuitivo, fundamental y necesario ciertamente, no es
suficiente..." En consecuencia, el educador debe poseer algunas nociones
de psicología general y de psicosociología" (Cousinet,
1966:14). Sin embargo, no son sólo estas "algunas nociones" las que
marcan la presencia de la Psicología, sino que se instala en el espacio de lo
metodológico y didáctico, cuando se sostiene que "el análisis más
limitado del aprendizaje de una disciplina escolar constituye la
piscopedagogía especial (lectura, matemática, etc.)" (Cousinet,
1966:14). Y cuando los niños presentan problemas "la psicopatología
del niño se convierte en un elemento esencial" que da origen a la
"pedagogía especial (opuesta aquí a la pedagogía aplicable al niño
normal) y las pedagogías particulares de las diferentes categorías de
niños subnormales constituyen una parte importante de la pedagogía patológica"
(Cousinet, 1966:14)[9]
Aquí el prefijo psico parece resolver los retos a los que se ve
enfrentado el docente en el oficio de enseñar[10].
Y en este contexto, se comprende con mayor claridad y es posible
interpertar rigurosamente, la emergencia de la Tecnología Educativa[11],
entendida como una aplicación en el ámbito educacional de los resultados de
los trabajos y los estudios psicológicos de Skinner. En tanto esta propuesta
surge en un camino allanado por la palabra de Dewey, el maestro progresista y
reformador. 3 -
El constructivismo: otra huella de la misma historia
Los avances y resultados de los estudios iniciados por Piaget sobre el
desarrollo cognitivo en los años 20's tienen un punto primero de inserción
en lo educativo, cuando se publica el texto de Aebli (1958) Una didáctica
fundada en la Psicología de Jean Piaget[12].
Título que adquiere, a la luz de lo expuesto hasta ahora, una particular
fuerza significativa[13]. Dicho texto se instala
en las tradiciones de la Escuela Activa, en lo relacionado al centramiento de
lo educativo en el niño. Un niño que construye sus estructuras
cognitivas durante su pasaje por la escuela, espacio en el cual generará
su proceso de apropiación y re-creación del conocimiento. Diez años
después, se publica la obra de Hans Furth (1969) Las ideas de Piaget en el
aula, donde apelando a un estilo de exposición literaria, como las
cartas, se explicitan los hallazgos fundamentales de la psicología genética
y se despliegan posibles formas de aplicación en la enseñanza[14].
En 1979, y en el mismo contexto de ideas, Louis Not inscribe Les
Pedagogies de la Connaissance, donde se recoge descriptivamente la tradición
del progresivismo en sus diferentes vertientes y a partir de su crítica se
proponen, fundado nuevamente en los hallazgos de la Psicología Genética,
algunas consideraciones para transformar el quehacer pedagógico en la
escuela, asignando una nueva, según Not, finalidad al proceso educativo:
"el despliegue máximo del alumno: una educación fundada en la
interestructuración del sujeto y
del objeto que libera [al alumno] de toda tutela y como consecuencia de la
importancia que se le asigna a la acción, le permite a él [el alumno]
acrecentar simultáneamente su saber y su ser"(Not, 1979:331). Y
aunque estos antecedentes son relevantes a mi argumentación, considero que es
la obra de Ferreiro y Teberosky (1979) sobre El desarrollo de los sistemas
de escritura en el niño, la huella más honda en la conformación del
universo vocabular del constructivismo. En el capítulo introductorio de este
texto se sostiene la diferencia entre un niño que aprende en el contexto de
la enseñanza tradicional y otro en la enseñanza sustentada en la psicología
genética radica en que "en el primer caso tenemos un sujeto
continuamente dependiente de otros que poseen conocimiento, y que pueden
otorgarlo. En el segundo caso tenemos un sujeto independiente, porque ha
comprendido los mecanismos de producción de ese conocimiento[15],
y por ende, se ha convertido en creador de conocimiento" (Ferreiro y
Teberosky, 1979:36). A partir de esta postura, se señala que "un
prograso en el conocimiento no se obtendrá sino a través de un conflicto
cognitivo[16],
es decir, cuando la presencia de un objeto (en el sentido amplio de objeto de
conocimiento) no asimilable fuerce al sujeto a modificar sus esquemas
asimiladores, o sea a realizar un esfuerzo de acomodación tendiente a
incorporar lo que resultaba inasimilable..." (Ferreiro y Teberosky,
1979:36).
Aquí surgen los términos que aparecen como elementos claves en los
discursos constructivistas, emerjan éstos en cualquiera de sus matrices
actuales (piagetiana, vigotskiana o interaccionista social): producción de
conocimiento y conflicto cognitivo. Quizás el único matiz que me
parece necesario considerar es el que interpela al papel del contexto social
en la producción de conocimiento, si es que en realidad, una lectura rigurosa
de los hallazgos y propuestas de la psicología genética permiten admitir que
en ella se niega la relevancia de dicho contexto. Por lo tanto, la discusión
sobre las posturas constructivistas no me parece atingente a este documento,
puesto que en los artículos y documentos donde se discute acerca de la
concreción de las propuestas en la sala de clase, no se evidencian las
distinciones entre las diferentes vertientes. Y es este ámbito de cómo se
responde una vez más a las hipótesis psicológicas desde la educación tanto
en la sala de clase como en el diseño curricular, el eje central de mis
argumentos.
3.1 El
constructivismo en la sala de clase[17]
En el desarrollo histórico de la escuela dos construcciones culturales
aparecen como las más siginificativas y reconocidas socialmente para ser
transmitidas a las nuevas generaciones: la lengua materna y el cálculo (hoy
en día rotulado como matemáticas)[18].
No es extraño, en consecuencia, que sea en el ámbito de la enseñanza
de estas dos construcciones culturales donde en la inmediatez se han buscado
respuestas a las hipótesis psicológicas, aunque se manifiestan algunas
diferencias que me parece importante mostrar.
En el caso de la lecto-escritura[19]
el despliegue de indagaciones sobre las hipótesis y conjeturas que realizan
los niños en diferentes etapas sobre la escritura han llevado a la generación
de modelos de enseñanza de la lengua materna -llamados "métodos psicogéneticos"
o "enfoques psicogenéticos"-, que no siempre responden claramente a
los hallazgos de las indagaciones realizadas[20].
Más aún, estos modelos, en muchos casos tienen un carácter de recetario,
transformándose en trivializaciones de los avances realizados en la
investigación psicológica en este campo, puesto que tergiversan las
conceptualizaciones que los sostienen[21].
Los aportes sustantivos de
los hallazgos de los estudios sobre el desarrollo de la escritura y el
lenguaje que llevan a la constitución de los conceptos de producción,
creación y conflicto de conocimiento son asumidos en la enseñanza de la
matemática, recorriendo el
camino de la resolución de problemas, el razonamiento y la comunicación,
buscando ayudar a los niños a valorar esta disciplina y sentirse confiado en
su habilidad para las matemáticas, en tanto
ellas "se constituyen en una actividad que todos pueden usar para
darle sentido al mundo" (citado de Resnick (ed), 1989)[22].
Así mismo, parecería que el asumir los enunciados constructivistas
como fundamento de la enseñanza de la matemática, ha facilitado el
despliegue de explicaciones sobre el ingreso y uso de los computadores en el
proceso de aprendizaje, tanto en el área de matemáticas como en la de física
y también, en biología.
Sin embargo, un rasgo diferencia a las dos propuestas. En las
investigaciones, estudios y manuales para la enseñanza de la lectura y la
escritura está ausente el término constructivismo para denominar el enfoque
o corriente psicológica en el que se encuadran, reconociendo explícitamente
su origen en las indagaciones piagetinas. Por el contrario, en los avances y
propuestas de transformación en la enseñanza de las Matemáticas, así como
también de las Ciencias Naturales, hay una permanente referencia y
explicitación de su adscripción a las conceptualizaciones constructivistas.
Considero que esta diferencia sólo se manifiesta en la apariencia, ya que,
por lo menos en los enunciados formulados tanto cuando se habla de aprendizaje
de la lecto-escritura como de las matemáticas, las expresiones producción
de conocimiento y conflicto cognitivo son recurrentes en ambas, y
estas expresiones emergen y son propias de las discursividades piagetianas,
aunque los nuevos reformadores de la enseñanza del cáculo y las ciencas
naturales no las asuman como tal, o más bien, las nombren como algo nuevo y
distinto desconociendo su historicidad y espacio de emergencia, como cuando
Fosnot sostiene en un texto donde se discuten y argumentan las aproximaciones
constructivistas a la enseñanza, que "los alumnos necesitan estar
activamente involucrados para reflexionar sobre su apendizaje, hacer
inferencias y experienciar el conflicto cognitivo[23]"(Fosnot,
1989:3).
3.2 El
constructivismo y el diseño curricular
Una relación aclaratoria: el lugar de emergencia del constructivismo
es el espacio académico norteamericano y en él, la tradición pedagógica,
al menos desde los inicios de la Escuela Activa y el pensamiento de Dewey, está
fuertemente enraizada al concepto de curriculum, sus diferentes significados,
formas de operación y diseño[24].
Y esta es la justificación para abordar la relación que titula esta sección
del documento.
Las propuestas para repensar el curriculum desde el constructivismo se
inician con una caracterización del conocimiento
entendido como algo que construyen los sujetos y que no existe fuera de la mente humana (Duffy y Jonassen,
1991:8). Puesto que, "todos concebimos la realidad externa de manera
diferente, basados tanto en nuestro propio conjunto de experencias con el
mundo como en nuestras creencias" (Jonassen, 1991:6). Desde estas
condiciones asignadas al conocimiento parecería perderse lo social. Para
recuperarlo, se sostiene que "los alumnos cuando aprenden deben discutir
sus comprensiones con otros y, de esta manera, se desarrollan comprensiones
compartidas" (Jonassen, 1991: 31). Es decir, el constructivismo asume que
hay múltiples perspectivas a través de las cuales los individuos pueden ver
el mundo, construyendo desde ella modelos mentales. Y esta construcción se
facilita cuando estos modelos pueden ser incorporados a otros ya existentes.
De aquí se desprende el significado que el constructivismo asigna al
aprendizaje como la incorporación, desde la particular perspectiva del
sujeto, de nuevos conocimientos válidos y verdaderos desde sus propias
visiones del mundo (Pope y Gilbert, 1983).
En esta perspectiva, los elementos que se sostiene deben ser
reformulados en un diseño curricular, dicen en relación con[25]:
1
En lo organizacional
Es necesario cambiar el eje de la estructura departamental
disciplinaria a equipos interdisciplinarios de servicio a los alumnos.
2
En lo instruccional
Se hace imprescindible reemplazar el análisis jerarquizado de áreas y
secuencias por la provisión de contextos y asistencia a los alumnos.
3
En lo estructural
Trasladar los recursos desde el desarrollo de sistemas de enseñanza a
la construcción de herramientas de aprendizaje.
4
En la sala de clase
Girar del uso del tiempo de clase para la transmisión de información
a su empleo en el trabajo cooperativo.
5
En lo evaluativo
Cambiar de lo recordatorio y recitativo de la información al aprendizaje independiente y las destrezas para el
pensamiento crítico.
En este diseño curricular también se produce un giro en las
consideraciones acerca de los maestros. Ellos deben iniciar su tarea
desde las experiencias y el conocimiento que los estudiantes traen a la
escuela. Estas experiencias tienen que ser expandidas y refinadas
para que este conocimiento aportado pueda ser conectado con los nuevos
aprendizajes. El contendo y los
procesos de aprendizaje deben ser construídos sobre las experiencias de los
alumnos en relación con su media familiar, comunitario y cultural. Puesto
que, el curriculum diseñado
desde el constructivismo gira de la enseñanza de contenidos predeterminados a
ayudar al estudiante para que maneje su propio aprendizaje, que a menudo
incluye la selección de sus propias metas y contenidos en un dominio
particular (Winn, 1991), entonces "la selección de estrategias, y aún más
el contenido, ya ser decidido previamente por el maestro sino en el momento en
que el alumno está aprendiendo"(Winn, 1991:39)
4.
Breves conclusiones
Frente a esta propuesta, y desde el horizonte de la tradición pedagógica
instaurada por la Escuela Activa en los inicios de este siglo, la pregunta que
surge, quizás con un tono irónico, es: qué hay de nuevo?
Y aquí se hace presente la idea de Gadamer, con la que inicié esta
argumentación, sobre la presencia de la tradición aún en los tiempos más
revolucionarios. Esa tradición que nos permite recoger los ecos de las ideas,
establecer los vínculos entre lo extraño y lo familiar. Puesto que, si se
lleva a cabo un revisión rigurosa de los escritos de la intelectualidad que
generó y promovió las reformas progresivistas en la primeras décadas del
Siglo XX, las ideas presentadas por los constructivistas son una mera
reiteración de algo ya argumentado, defendido y, en muchas oportunidades
llevado a su concreción de una manera más o menos exitosa. Quizás lo único
que podríamos reconocer como nuevo emerge de los avances de la tecnología
computacional que hoy nos permite estar conectados por redes comunicacionales.
Esto abre el camino a la posibilidad de compartir de un modo más inmediato
nuestros propios procesos de conocimiento y sus resultados, así como también
agilizar ciertas rutinas, muchas veces tediosas, como la escritura y
re-escritura de un manuscrito. Sin embargo, en esencia y parafraseando a
Lampedusa, todo se dice de una manera distinta para que quede todo igual. Y
todo queda tan igual, que el constructivismo es solo una discursividad
actualizada de la búsqueda de explicaciones e interpretaciones del quehacer
pedagógico en las hipótesis y hallazgos de la Psicología, cercenando una
vez más la condición histórica y gremial de los maestros como productores
de saber pedagógico. De ese saber que les da identidad, que los diferencia,
que los transforma en intelectuales autónomos, capaces de generar sus propias
búsquedas, de entregar autoridad al otro y de legitimar y validar aquellos
elementos de las conceptualizaciones producidas en las formaciones
disciplinarias que amplían y permiten la transformación de su práctica. Práctica
que es el punto de partida, el fundamento material de una reflexión, que en
la escritura deviene saber. De ese saber que hace de la enseñanza un oficio y
que, históricamente, ha sido transmitido en las instituciones formadoras. Sin
embargo, mi conjetura es que en algún instante de la historicidad del gremio
constituído por los oficiantes de la enseñanza se diluyó, se dejó de
considerar fundacional la relación entre producción de saber e identidad
profesional, abriendo el camino a la ocupación de estos espacios por aparatos
disciplinarios, que si bien relevantes, no tienen la fuerza explicativa
necesaria para dar cuenta cabalmente de la complejidad de la enseñanza. Por
ello, mi reclamo se inscribe en la territorialidad intelectual de las Escuelas
de Formación, porque es allí donde los aprendices aprenden tanto el
significado como el sentido del enseñar. Significado que apela a las formas,
a las prácticas a lo descriptivo de la profesión. Sentido que interpela a la
reflexión, a la sobre las relaciones que constituyen, dan cuenta, es decir a
lo interpretativo que sostiene la producción de saber pedagógico. Y es sólo
en este espacio de la producción de saber pedagógico donde las
contribuciones de diferentes aparatos disciplinarios, no de uno único y
exclusivo como lo ha sido y es la Psicología, cobran relevancia. Puesto que
es allí, en la relación entre práctica y reflexión, eje articulador del
saber, donde los conceptos disciplinarios pertinentes son re-significados. Y
es en esta instancia, en este momento, donde comenzamos a recuperar la
identidad, el significado y el sentido del oficio de enseñar. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS AEBLI, J.
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En este contexto es fundamental una re-lectura crítica de los
trabajos de Dewey, particularmente de las consideraciones que expone en
The Child and the Curriculum, cuya primera edición data de 1902. [2].
En este proyecto se significa el concepto de saber pedagógico
desde los trabajos de Olga Lucía Zuloaga (1987) que se entroncan teóricamente
con las proposiciones enunciadas por Foucault en su texto metodológico
titulado Arqueología del Saber (Siglo XXI, 1987). [3].
El texto de Hans-Georg Gadamer de referencia es Verdad y Método
editado por Sígueme, Salamanca, 1993. [4].
El subrayado es mío. [5].
Dos razones para centrarme en los argumentos de Dewey: la primera
dice en relación con se sustenta la influencia que sus propuestas y
argumentos han tenido en la escuela latinoamericana. La segunda se vincula
con el espacio de emergencia del constructivismo como propuesta psicológica:
la universidad norteamericana. Por otra parte, me siento en la necesidad
de aclarar que esto no implica desconocer la autoridad e influencia de los
pedagogos franceses en lo referente a la Escuela Activa, como es el caso
de Claparède [6].
En las citas se marcan con [ ] la fecha de la primera edición del
texto y entre paréntesis las de la edición a la que recurrí en la
elaboración de este texto. Las páginas corresponden a la última de las
mencionadas. [7].
Este comentario sobre la lección que formula Dewey, se contradice
con lo afirmado por G. Lombardo-Radice en su Lecciones de Didáctica
cuando enuncia que "en la lección está todo el maestro", pues
es ésta la lección el elemento constitutivo fundamental del oficio de
enseñar. Sin embargo, es necesario reconocer que el concepto de lección
ha sido desacreditado y descalificado en el proceso de modernización y
cientifización del proceso educativo. Es decir, se ha trasgredido una de
las tradiciones más relevantes en el proceso de constitución
significativa del oficio de enseñar. [8].
El subrayado es de la autora [9].
Los argumentos acerca de la pedagogía experimental tan propias de la
intelectualidad francesa inscrita en el campo educativo los he dejado
fuera de esta argumentación puesto que considero que no son pertinentes a
la misma [10]. Esta
condición omniexplicativa y omnicomprensiva que adquiere el ámbito de lo
psicológico en la docencia, me lleva a preguntarme si en este contexto
podemos seguir llamando maestro a aquel o aquella que oficia la enseñanza
o siendo consecuentes con los argumentos de Cousinet lo empezamos a llamar
psicopedagogo. Por otra parte, esta idea comienza a cobrar impulso
en el contexto chileno, donde ya se escuchan voces que afirman que el
psicopedagogo es quien debería estar a cargo de la enseñanza en los
primeros años de la escuela primaria. [11]. No
voy a profundizar en los argumentos y proposiciones de la Tecnología
Educativa, en tanto estos son suficientemente conocidos, practicados y
criticados. [12]. El
texto de Aebli fue publicado por primera vez en castellano en 1958, por la
Editorial Kapelusz en Argentina. [13]. Si
bien en este texto nunca se menciona el término constructivismo acuñado
con posterioridad en el ámbito norteamericano, sin duda allí se
encuentran gran parte los argumentos que vuelven a ubicar los fundamentos
de la enseñanza en los resultados de la investigación psicológica, esta
vez desde el marco de lo genético-estructural. [14]. Otro
trabajo en la misma línea, donde se proponen juegos para pensar fundados
en los hallazgos de la psicología genética es La teoría de Piaget en
la práctica de Hans Furth y Simon Wachs, Editorial Kapelusz, 1978.
Una nota que me parece interesante es el título que esta obra tiene en la
versión original en inglés: Thinking goes to schooles decir, el
pensar va a la escuela. Esta expresión el pensar es recurrente
en los argumentos constructivistas a la hora de proponer diseños
curriculares para la escuela. [15]. El
subrayado en el texto original [16]. El
subrayado en el texto original [17]. Los
argumentos que expongo en esta sección se limitan a la relación posible
entre constructivismo y la enseñanza de dos áreas del conocimiento
consideradas como ejes centrales tanto en la tradición escolar como en la
actualidad: la lengua materna y la matemática. Lo que justifica esta
restricción es la diferencia que encontré al revisar los estudios en una
y otra área, en relación con los modos de dar cuenta de sus fundamentos
psicológicos. [18]. A
ellas se agrega, pero con menor énfasis, el conocimiento de la naturaleza
y las artes. Estos ámbitos se encuentran presentes desde el inicio de la
discusión sobre el papel socio-cultural de la escuela, marcado por la
publicación de la Didáctica Magna de Comenio en 1632, y el proceso de
transmisión interpela no solo a los modos que asume la enseñanza como
mediadora entre el niño y los conocimientos a adquirir. Más aún, la
discusión acerca de cuál es el mejor de estos modos en términos de sus
resultados está en el origen de las diferentes corrientes, que se
concretizan en las conceptualizaciones
elaboradas por la Didáctica. [19]. Los
aportes más relevantes en este ámbito son los realizados por el trabajo
de investigación de Emilia Ferreiro y su equipo, para el caso de la
escritura en castellano, y de Kenneth y Yetta Goodman para la escritura en
inglés, así como también en el tema del bilingüismo anglo-castellano. [20]. Un
ejemplo de ello son las innumerables publicaciones para docentes sobre cómo
aplicar la enseñanza de la lecto-escritura por psicogénesis, tales como Un
libro bien bonito de María Elena Cuter, Mirta Torres y Estela Ulrich,
Editorial Aique, Buenos Aires, 1990; Las bici del Sol de María
Rey, Editorial Colihue, Buenos Aires, 1989; El multicuaderno de Copete
de Ana María Kauffman, Editorial Santillana, Buenos Aires, 1991; El trébol
azul de Mirta Goldberg, Editorial Aique, Buenos Aires, 1988. [21]. Ejemplos
de esta trivialización se encuentran en los registros de observaciones
obtenidos durante la ejecución del proyecto de investigación
"Lenguaje, marginalidad y enseñaza", dirigido por Montserrat de
la Cruz y Araceli de Tezanos. Fondo de Proyectos Especiales, Centro
Regional Universitario de Bariloche, Universidad Nacional del Comahue, República
Argentina. [22]. En
este ámbito, el de la enseñaza de la matemática, es posible encontrar
un sinnúmero de trabajos científicos que dan cuenta tanto de los
aspectos teórico-psicológicos así como argumentaciones acerca de cómo
el enseñar debe responder a estas conceptualizaciones. (Arbib, 1990;
Chazan, 1990; Cobb, Yackel y Wood, 1992; Dellarosa, 1988 y 1991; Ernest,
1990; Greeno, 1991; Carey, 1991;, Halford, 1990;, Lampert, 1990; McEvoy y
O'Moore, 1991) [23]. El
subrayado es mío con el fin de evidenciar el empleo de los conceptos acuñados
desde las discursividades piagetianas, asumidas como constructivistas. [24]. Me
atrevo a afirmar que este concepto es el eje fundacional tanto de la
investigación educativa como de las reformar planteadas en diferentes
momentos históricos de la educación en Estados Unidos. Y quizás una de
las evidencias más claras de la influencia norteamericana en los países
latinoamericanos es la incorporación en las escuelas de formación de
maestros de una asignatura llamada así: curriculum. [25]. Lo
que se expone a continuación está recogido de Swan, G. Constructivism:
definition and implications for implementation (research synthesis),
trabajo presentado a la reunión anual del Cognition and Technology
Groupo of Peabody Collefe of Vanderbilt University, 1993
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